Llega el horario de verano: ¿qué pasaría en Extremadura si se mantuviera todo el año?
La comunidad, situada en el extremo oeste, y con un desfase de dos horas respecto al huso natural, notaría más que otras el fin de los cambios de hora: en invierno amanecería rozando las diez de la mañana

El cambio de hora se hará en la madrugada del próximo sábado al domingo 29 de marzo: a las 02:00 serán las 03:00. / Shutterstock
El próximo domingo 29 de marzo llegará de nuevo el horario de verano. A las 02.00 serán las 03.00, un ajuste que cada primavera adelanta una hora el reloj y que, de momento, seguirá vigente a la espera de que la Unión Europea resuelva si mantiene o no los cambios estacionales. Pero detrás de ese gesto automático de perder una hora de sueño sigue abierta una discusión de fondo: qué horario le conviene realmente a España y, sobre todo, qué supondría para una comunidad como Extremadura.
Porque el debate no es igual en todas partes. Extremadura, por su situación en el extremo oeste de la península, se encuentra entre los territorios donde más se notarían las consecuencias de dejar un horario fijo durante todo el año. La discusión no es solo técnica ni política. Afecta a escenas cotidianas muy concretas: llevar a los niños al colegio de noche en invierno, empezar la jornada laboral sin luz o, en el extremo contrario, asumir en verano mañanas larguísimas con sol desde muy temprano y calor acumulado durante más horas.
La cuestión, además, arrastra un matiz histórico. España lleva desde 1940 fuera de su huso horario natural, el que le correspondería por posición geográfica y que comparte con Portugal o el Reino Unido. Eso hace que cualquier decisión sobre el reloj tenga aquí un efecto más visible. Y dentro de España, comunidades como Extremadura o Galicia lo perciben aún más.
¿Qué ocurriría en Extremadura con horario de verano fijo?
Si se mantuviera durante todo el año el horario de verano, la principal consecuencia en Extremadura se vería en los meses fríos. Según la comparativa ya elaborada por este periódico con las horas de salida y puesta de sol en Cáceres como punto intermedio de referencia, en enero no amanecería hasta las 9.45, en diciembre hasta las 9.26 y en febrero hasta las 9.33.

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Eso significaría que durante buena parte del invierno la actividad diaria arrancaría completamente de noche. La entrada al trabajo, al colegio o a cualquier trámite matinal se haría sin luz natural. De hecho, durante siete meses no amanecería antes de las 08.00.
A cambio, ese mismo horario fijo alargaría de forma clara las tardes de invierno. En ese escenario, nunca anochecería antes de las 19.00. En diciembre el sol se pondría hacia las 19.02, en enero sobre las 19.12, en noviembre se alargaría hasta las 19.24 y en febrero ya alcanzaría las 19.45. Es la gran baza de quienes prefieren conservar tardes más largas, más vida exterior y una percepción de mayor aprovechamiento del día tras la jornada laboral.
¿Y si se dejara el horario de invierno todo el año?
La alternativa que plantean algunos sectores es la contraria: dejar fijo el horario de invierno. En ese caso, entre otoño y marzo apenas cambiaría la rutina respecto a la actual, pero el gran vuelco llegaría en verano.
En una región como Extremadura, marcada por las altas temperaturas y por sectores laborales muy expuestos al exterior, ese escenario tendría implicaciones directas. Habría sol desde las 06.00 en junio, desde las 06.01 en julio y desde las 06.24 en agosto. Dicho de otra forma: el día empezaría muchísimo antes, con mañanas muy largas y con el calor instalado durante toda la jornada.

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Eso podría complicar especialmente el trabajo agrícola, la construcción o cualquier empleo al aire libre. La posibilidad de adelantar la entrada para esquivar las horas más duras perdería parte de su efecto si la luz y el calor llegan tan pronto, salvo que se plantearan horarios laborales todavía más tempranos.
También cambiarían las tardes. En lugar de los atardeceres muy tardíos a los que se ha acostumbrado la población en las últimas décadas, en junio anochecería a las 20.46, en julio a las 20.56 y en agosto a las 20.38. Para algunas personas sería un alivio térmico; para otras, una pérdida de ese tramo largo de luz estival que hoy se prolonga hasta las 21.56 en julio.
Un debate reabierto en Europa y en España
Ese es el contexto en el que vuelve a producirse el cambio de este mes de marzo. La discusión sobre eliminarlo no es nueva. La Comisión Europea abrió el debate en 2018, apoyándose en una consulta pública que mostró un amplio respaldo ciudadano a dejar atrás los ajustes bianuales. Sin embargo, la falta de consenso entre los Estados miembros dejó la cuestión aparcada.
El año pasado, el Gobierno español intentó reactivar ese debate en la Unión Europea con el argumento de que el cambio de hora apenas contribuye ya al ahorro energético y puede tener además efectos negativos sobre la salud y el bienestar. Pero para que la medida prospere no basta con una posición nacional: requiere el apoyo del Consejo de la UE y un acuerdo comunitario que, por ahora, no ha llegado.
Así, mientras Europa no decide, sigue vigente el calendario habitual: este 29 de marzo arranca el horario de verano y se mantendrá hasta el 25 de octubre.
Qué dicen los físicos que defienden mantener el cambio
En medio de esa indefinición, varios especialistas han defendido que el sistema actual siga funcionando. El físico José María Martín Olalla, de la Universidad de Sevilla, ha sostenido en declaraciones a Europa Press que el cambio horario "funciona bastante mejor de lo que se suele pensar", aunque ha admitido que resulta incómodo en lo práctico.
Su argumento principal es que este mecanismo ayuda a adaptar la actividad humana a las estaciones. En verano amanece antes, y adelantar la actividad permite, según su planteamiento, conservar tardes más largas para el ocio y acompasar mejor la organización social a la luz disponible.
En una línea similar se ha pronunciado el físico Jorge Mira Pérez, de la Universidad de Santiago de Compostela, que ha recordado que el sistema se revisa periódicamente y siempre se ha acabado prorrogando. A su juicio, además, mantener una pauta común dentro de la Unión Europea tiene sentido desde el punto de vista de la coordinación entre países.
Ambos coinciden, en todo caso, en que la discusión no puede desligarse de una evidencia básica: la duración del día cambia con las estaciones y cualquier sociedad tiene que seguir adaptándose a ello, con o sin cambio oficial de hora.
ARHOE apuesta por el horario de invierno
Frente a esa posición, la Asociación para la Racionalización de los Horarios Españoles (ARHOE) ha vuelto a defender que se suprima el cambio estacional y que España se quede de forma estable en el horario de invierno, al considerar que es el más adecuado, especialmente desde el punto de vista de la salud, en declaraciones a Europa Press.
Su presidente, César Martín, ha valorado positivamente que el Gobierno español intentara reabrir el debate europeo y ha insistido en que la decisión no puede adoptarse de forma unilateral por cada país, sino en el marco comunitario.
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