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ENTREVISTA

Ángel Boceta, nuevo decano del Colegio de Psicología: "Extremadura tiene menos renta pero está entre las regiones más felices"

El psicólogo reflexiona sobre el momento de la salud mental, la situación de los jóvenes y las carencias de la red pública

Retrato de Ángel Boceta, nuevo decano del Colegio Oficial de Psicología de Extremadura.

Retrato de Ángel Boceta, nuevo decano del Colegio Oficial de Psicología de Extremadura. / Cedida

Cáceres

Extremadura aparece a menudo en los últimos puestos en renta, salarios o pensiones. Sin embargo, sus ciudadanos figuran entre los más felices del país. Ángel Boceta, nuevo decano del Colegio Oficial de Psicología de Extremadura, reflexiona sobre esa aparente paradoja, el aumento de la depresión, la situación de los jóvenes, los retos de la red pública en la comunidad y el intrusismo profesional en un momento en el que las redes sociales multiplican el contenido sobre psicología.

Extremadura es la comunidad con menor renta media, con salarios y pensiones entre los más bajos del país. Sin embargo, los extremeños suelen situarse entre los ciudadanos más felices de España. ¿Influye vivir en ciudades más pequeñas o en entornos rurales?

Hay un dicho muy conocido: el dinero no da la felicidad, o al menos no necesariamente. Y los estudios, en buena medida, lo corroboran. Más que un estado objetivo, la felicidad es la percepción que cada persona tiene de su propia vida y, para alcanzarla, influyen factores personales, socioeconómicos y también ambientales. El entorno pesa mucho. Yo mismo soy una persona de origen rural y siempre digo que cuando voy a Madrid mi límite está en dos o tres días. No sabría señalar una sola razón concreta, sino más bien un conjunto de sensaciones: el gentío, las prisas o la forma en que se percibe el tiempo. Tenemos organizada la vida según nuestros ritmos circadianos y nuestro tiempo vital, aunque muchas veces no seamos conscientes. Por eso no resulta tan contradictorio que Extremadura esté a la cola en algunos indicadores socioeconómicos y, al mismo tiempo, registre niveles elevados de percepción de felicidad. En ese tipo de rankings solemos situarnos entre las tres primeras posiciones.

Mencionaba esa idea de felicidad, pero en los últimos años también se habla mucho del aumento de la depresión. ¿Qué lectura hace de la situación actual?

El mayor índice de depresión no tiene por qué estar directamente relacionado con la percepción de felicidad. Una persona puede sentirse satisfecha con determinados aspectos de su vida y, aun así, atravesar un episodio depresivo. Hay multitud de factores que pueden influir en que una persona llegue a desarrollar una depresión. La salud mental es compleja; con un gripazo todos entendemos más o menos de qué hablamos, pero aquí hay tantas variantes como personas, y muchas veces la persona no tiene ni las ganas ni la capacidad de reflexión necesarias para salir de ahí, por eso la intervención profesional resulta fundamental.

Gran parte del debate sobre salud mental se centra hoy en los jóvenes. ¿Qué está pasando con las nuevas generaciones?

Las condiciones sociales en las que viven hoy los jóvenes son muy diferentes a las de generaciones anteriores; los determinantes sociales también cambian con el tiempo. Si hablamos de estado de ánimo, probablemente la situación es más compleja. Esa misma facilidad de comunicación puede tener también efectos negativos. Tampoco debemos caer en los extremos: ni banalizar los problemas de salud mental ni pensar que cualquier dificultad de la vida es un trastorno psicológico. Hay una campaña del Servicio Extremeño de Salud que siempre me ha llamado la atención. Aparecen jóvenes con preocupaciones cotidianas y el mensaje final dice: "No es enfermedad, es la vida". Eso no significa restar importancia al sufrimiento, sino recordar que la vida incluye frustraciones, contratiempos y dificultades que forman parte del aprendizaje personal.

Hoy es cada vez más habitual acudir al psicólogo. ¿Cómo ha evolucionado la percepción social de la psicología?

Ha cambiado muchísimo. Yo ya tengo una edad y en su día tuve consulta psicológica en un pueblo del sur de Extremadura. Recuerdo que algunos pacientes pedían cita a la hora de la siesta o después de las ocho de la tarde para que no les vieran entrar. Existía un estigma social muy fuerte. Hoy es mucho más habitual que alguien recomiende acudir a un psicólogo con total normalidad. También ha crecido la profesión, cuando yo empecé había unos 150 o 200 colegiados en Extremadura, hoy superamos los 1.500. Además, entonces no existía facultad de Psicología en la región y ahora sí la hay.

¿Está preparada la red pública extremeña para atender el aumento de la demanda de atención psicológica?

La realidad es que ni en Extremadura ni en el resto de comunidades autónomas la red pública está plenamente preparada. Se están dando pasos, como la formación de psicólogos internos residentes, un sistema similar al MIR de los médicos, pero el ritmo es lento. Lo ideal sería que hubiese al menos un psicólogo en cada centro de salud. Muchos problemas que llegan a consulta médica tienen un origen psicológico y los propios profesionales sanitarios lo saben. Mientras la importancia social de la psicología está creciendo muy rápido, la implantación institucional avanza a otro ritmo.

Acaba de asumir la presidencia del Colegio Oficial de Psicología de Extremadura. ¿Cuáles son sus prioridades en esta nueva etapa?

Nos presentamos con un programa cuyo lema era "Consolidando logros, construyendo futuro". Somos un equipo de nueve personas y hemos planteado cuatro líneas estratégicas principales. La primera es la modernización del colegio, mejorando la comunicación con los colegiados y potenciando la formación online; la segunda es el apoyo al desarrollo profesional, especialmente para los jóvenes que acaban de terminar sus estudios. La tercera es la defensa de la profesión y su proyección social, prestando especial atención al intrusismo. Y la cuarta es fomentar la participación de los colegiados, para que el colegio sea una institución útil y cercana para los profesionales.

Las redes sociales están llenas de contenido sobre psicología, desde profesionales hasta cuentas de autoayuda. ¿Dónde está el límite entre divulgar y utilizar la salud mental como reclamo?

Todo depende de la capacidad crítica de las personas. Las redes sociales son una herramienta muy potente, pero hay que saber filtrar lo que nos interesa y lo que no; ahí la educación es clave. Lo mismo ocurre con la inteligencia artificial: tiene un potencial enorme, pero necesita control humano. En cuanto a los profesionales que utilizan redes sociales, el colegio tiene una comisión deontológica y un código ético muy claro sobre lo que se puede y no se puede hacer. Si un profesional se extralimita o actúa de forma inadecuada, puede ser denunciado y el colegio puede intervenir. En todos los ámbitos hay profesionales muy rigurosos y también algunas "ovejas negras". Nuestra responsabilidad es intentar detectarlas y actuar cuando sea necesario.

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