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Talento desde la tierra

El pacense Javier Ledesma lleva la despensa extremeña a MasterChef 14: "Sé a lo que saben las cosas gracias a que soy de aquí"

El concursante pacense llegó a la cocina mientras sacaba adelante su estudio de diseño y ahora reivindica en MasterChef 14 la despensa extremeña y el peso del campo en su forma de vivir y cocinar

Cáceres

Javier Ledesma, pacense de 26 años y concursante de MasterChef 14, tenía 18 años cuando dejó Extremadura para estudiar diseño de interiores en Madrid, la vocación que siempre quiso convertir en oficio. A los 23 montó su propio estudio y, para sostenerlo, hizo de todo: desde vender joyas en un mercadillo hasta organizar eventos, decorar mesas repletas de flores y encargarse del catering. Fue ahí donde la cocina, casi por necesidad, se abrió paso en su vida, primero como apoyo para sacar adelante su proyecto y después como una pasión propia. Ahora afronta el concurso dispuesto a darlo todo, "como si tengo que arrancarme las pestañas para adornar un plato".

Ledesma lleva a MasterChef 14 el nombre de Extremadura y el peso de una de las grandes despensas de España. El pacense subraya que es una tierra marcada por la calidad de sus productos. "Creo que uno de los motivos de mi participación en el programa y de mi pasión por la cocina es precisamente haber crecido en un entorno rural, donde comía fruta y verdura recién cogida, y se cocina con aceite de calidad", señala.

Reivindica además el peso de la región en su paladar y en su forma de cocinar. Su padre tiene una explotación de cebo de terneros y Ledesma, a quien en realidad todos conocen como Javi Obama, subraya que ese contacto directo con el campo le ha permitido conocer el sabor real de los alimentos. "Yo sé a lo que saben las cosas gracias a que soy de aquí", resume.

Avanza que durante esta edición ha hecho platos con guiños a la tierra, aunque sin desvelar todavía en qué pruebas ni con qué productos. Lo que sí deja claro es que ha apostado por productos locales siempre que ha podido. "Si veo Extremadura me tiro de cabeza: mejor un chuletón que un rodaballo y un buen vino extremeño que un champán francés", dice con convicción.

De la decoración a los fogones

En un concurso donde el relato personal pesa casi tanto como la técnica, el pacense llega con una historia marcada por el emprendimiento, la creatividad y el arte. La suya no arranca en una cocina, sino en el empeño por abrirse camino como diseñador. Emprender es complicado, y más en una profesión que depende de proyectos. "Tienes una obra y estás fenomenal, pero si terminas y no hay otra, es complicado, porque hay que seguir viviendo y pagando facturas", relata.

En ese contexto empezaron los caterings, donde "montaba mesas ideales". A veces contaba con la ayuda de una amiga formada en Le Cordon Bleu; otras, asumía él mismo esa parte. Aquella solución para mantener a flote el negocio acabó convirtiéndose en una forma de expresión y en una pasión que ahora le ha llevado a la televisión.

Sin embargo, el extremeño cuenta que su entrada en el programa no respondía exactamente a "un gran sueño", aunque sí a un tren que supo coger. "Tengo mucha fe en Dios y creo que nos va llevando hacia donde debemos ir", afirma. Por eso, para él, su paso por el concurso es "un regalo del cielo".

Ese impulso le ha llevado a vivir una experiencia que define como "la mejor oportunidad y escuela" que podía haber elegido. También admite que ha sido un proceso exigente, pero al mismo tiempo muy enriquecedor, divertido y didáctico. "Estoy aprendiendo muchísimo, no solo de cocina sino de vida", asegura.

Un camino que, de hecho, siempre ha estado ligado al arte. Aficionado al flamenco, la hípica, la pintura, la poesía, la tauromaquia y la gastronomía, se presenta como alguien que busca en todas esas disciplinas una forma de libertad.

En el caballo, dice, encuentra una sensación difícil de explicar: una unión que le hace sentirse "más libre, más rápido, más volando". En el flamenco encuentra un lenguaje. Aunque evita definirse ante los puristas como cantaor flamenco, sí reivindica una manera de expresarse "de forma flamenca", desde la emoción y desde las tripas.

Atrio, Bidaia y un vermú en Badajoz

Preguntado por sus referencias gastronómicas en la región, mezcla los grandes templos de la cocina extremeña con lo más cotidiano. Coloca a Atrio por delante de cualquier otra recomendación y cita también Torre de Sande, ambos vinculados a Toño Pérez y José Polo.

Pero su mapa culinario no se limita a la alta cocina. "A mí en Extremadura me gusta todo: un puñado de cerezas del Jerte, un chuletón de Las Merinillas (la finca de mi padre) o un buen Habla".

También menciona dos locales de Badajoz en los que ha estado hace poco: una cena en Bidaia, en la plaza de España, y un vermú en El Gallo con Botas, en la calle Felipe Checa.

Para el concursante, representar a la región en un programa de máxima audiencia implica también cierta responsabilidad a la hora de poner en valor la tierra. "Hoy en día no hay nada más exclusivo que no estar en boca de todos", afirma.

Una experiencia exigente

Como sucede con cualquier concursante televisivo, la visibilidad trae reconocimiento, pero también críticas. Ledesma asegura que siempre ha intentado protegerse de lo que piense la gente más allá de quienes le quieren. Dice que le preocupa lo justo, tanto para no creerse demasiado los elogios como para no dejarse hundir por los comentarios negativos.

Aun así, reconoce que le gustaría que la gente le entendiera, porque, al final, sostiene, eso es lo que busca todo el mundo.

Un nombre propio en el concurso

Con 26 años, Javi Ledesma, u Obama, como se quiera, ha convertido un camino construido desde la vocación y el arte en una carta de presentación dentro de MasterChef 14. Llegó a Madrid para diseñar espacios y ha terminado encontrando en la cocina otra manera de construirlos, esta vez desde el sabor, la memoria y el producto.

En su caso, la televisión no solo pone el foco sobre un concursante, sino también sobre una forma de mirar Extremadura: como territorio de origen, como despensa de primer nivel y como lugar al que siempre se vuelve.

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