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Nueva apuesta agrícola

El pistacho extremeño no da abasto: la producción se exporta al 100% y la demanda exterior supera la oferta

El cultivo del pistacho en Extremadura ha crecido exponencialmente en una década, pasando de menos de 2.000 kilos a 200.000 anuales, con una expansión centrada en la calidad y el mercado gourmet internacional

Vídeo | El cultivo del pistacho en Extremadura ha crecido exponencialmente en una década

Cedido

Cáceres

El pistacho extremeño ya no es una promesa. Es un producto que sale del campo con destino directo a Europa, que se vende rápido y que empieza a jugar en la misma liga que los grandes orígenes internacionales. Todavía con cifras modestas, pero con una señal clara: no da abasto.

En apenas una década, el cultivo ha pasado de ser residual —con menos de 2.000 kilos— a situarse en torno a los 200.000 kilos anuales. Extremadura, que hace unos años ni siquiera figuraba en el mapa del pistacho, encuentra en este nuevo cultivo una vía de crecimiento ligada a la calidad y al mercado exterior.

Inauguración de la planta de procesado en 2023.

Inauguración de la planta de procesado en 2023. / COOPERATIVA EXTREMEÑA DE PISTACHOS

Sabor intenso

Y lo hace desde un nicho muy concreto: el del pistacho de sabor intenso, el que no se vende como aperitivo sino que acaba en obradores, en cremas y en la industria alimentaria. «Se valora la potencia de sabor», explica el gerente de la Cooperativa Extremeña de Pistachos, Daniel Trenado.

Ese posicionamiento es clave para entender el momento actual. Mientras el mercado global se mueve —con tensiones en territorios productores como Irán, país de máxima referencia en calidad—, el pistacho extremeño gana visibilidad en Europa. No porque pueda sustituir esos volúmenes, sino porque compite en ese mismo segmento gourmet, donde la calidad pesa más que la cantidad.

El probable estancamiento del pistacho iraní en el mercado exterior por la situación de guerra, y porque hace años que ya no puede crecer más debido a la falta de agua, puede provocar una revalorización del producto extremeño. «Es esperable que el precio suba debido a la situación internacional», señala Trenado. No obstante, los efectos de los acontecimientos globales en el comercio tardan entre uno y dos meses en trasladarse plenamente, por los tiempos de exportación.

Más gourmet que snack

Sin embargo, ese impacto no resultará homogéneo. Afecta sobre todo al pistacho de calidad, no tanto al que domina en los supermercados, procedente en su mayoría de Estados Unidos y con una política de precios más estable. Realmente, el pistacho americano es «más de snack, de gran consumo», subraya Trenado, pero menos apreciado en la cadena profesional de restauración.

Algunos de  los socios de la cooperativa extremeña.

Algunos de los socios de la cooperativa extremeña. / COOPERATIVA EXTREMEÑA DE PISTACHOS

En la práctica, el consumidor medio apenas notará cambios. Donde sí se percibe es en el segmento premium, y ahí Extremadura ya se posiciona.

La paradoja radica en que el crecimiento no viene acompañado aún de capacidad suficiente. «Estamos en nuestro máximo actual. No conseguimos producir tanto como para cubrir toda la demanda exterior», afirma Trenado. De hecho, el 100% de la producción se exporta. Sale en grandes sacas de hasta mil kilos, sin envasar, y acaba principalmente en países como Alemania e Italia. Su destino es la industria alimentaria, que lo utiliza para cremas, pastas y repostería por su intensidad de sabor.

Un cultivo joven con crecimiento acelerado

El desarrollo del pistacho en Extremadura sigue una evolución vertiginosa. Hace apenas diez años la producción era prácticamente inexistente. Hoy, la Cooperativa Extremeña de Pistachos agrupa en torno a 130 explotaciones de Extremadura, otras comunidades limítrofes y Portugal (unas 110 en la región), y concentra aproximadamente el 50% de la superficie cultivada.

En total, gestiona unas 1.250 hectáreas y una producción que no deja de crecer: el número de socios se ha duplicado en los últimos dos años y la producción se ha multiplicado por cinco en solo un ejercicio.

El cultivo se extiende por toda la región, aunque con tres grandes focos en comarcas de tradición agrícola donde además comenzó el pistacho: Campo Arañuelo, Tierra de Barros y Campiña Sur.

Las sacas de mil kilos se cargan para su viaje a Europa.

Las sacas de mil kilos se cargan para su viaje a Europa. / COOPERATIVA EXTREMEÑA DE PISTACHOS

Uno de los elementos clave en este crecimiento es la apuesta por la transformación industrial. La cooperativa ya cuenta con un centro de procesado propio en Fuente de Cantos que supone su orgullo. Las instalaciones han requerido una inversión inicial de 1,3 millones de euros y cuentan con una nave de 3.600 metros cuadrados, además de oficinas, laboratorio y espacios logísticos sobre una parcela de seis hectáreas.

Desde allí se gestiona la producción de socios y no socios, lo que permite mejorar precios y fijar valor añadido en origen. La planta se convierte en la «piedra angular» del proyecto, que ahora encara una fase de ampliación.

El auge del pistacho extremeño responde también a un contexto global muy concreto. En países tradicionales como Irán, Estados Unidos, Italia o Grecia, la expansión del cultivo está limitada por problemas de agua o falta de superficie. En ese escenario, Extremadura emerge como una alternativa viable gracias a su clima idóneo.

Una plantacion de pistachos.

Una plantacion de pistachos. / COOPERATIVA EXTREMEÑA DE PISTACHOS

Sin embargo, el sector insiste en que todavía no puede responder a toda la demanda. La producción actual se vende con rapidez y no permite, por ahora, ampliar mercados de forma significativa pese a la oportunidad.

Empleo y futuro del sector

A día de hoy, la cooperativa cuenta con tres trabajadores, aunque las previsiones pasan por crecer hasta una horquilla de entre 20 y 30 empleos en los próximos cinco años.

El sector mira al contexto internacional con prudencia. La tensión en el mercado global puede reforzar la posición del pistacho extremeño, pero no cambia a corto plazo su principal limitación: la falta de volumen. Aun así, el avance es claro y los proyectos están ahí con la ilusión de un sector en ciernes. Extremadura entra en el mapa europeo del pistacho de calidad y lo hace en tiempo récord. Ahora, el reto no es tanto vender más, sino producir más sin perder lo que le lleva hasta ahí: la calidad.

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