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Una hazaña histórica

El ‘hombre rana’ que cruzó Extremadura flotando por el Tajo hace 150 años

En 1878, el aventurero irlandés Paul Boyton descendió por el río desde Toledo hasta Lisboa durante 18 días y 700 kilómetros, flotando únicamente con un traje inflable de goma que sorprendió a los pueblos ribereños

Paul Boyton con su traje de goma, por Jeffrey Stanton.

Paul Boyton con su traje de goma, por Jeffrey Stanton. / Cedida

Beatriz García Montalvo

Beatriz García Montalvo

Garganta la Olla

Sin embarcación alguna, simplemente flotando con un traje de goma (precursor del traje de neopreno moderno), Paul Boyton descendió por el río Tajo, desde Toledo hasta Lisboa, atravesando Extremadura. Era el año 1878. El trayecto duró 18 días con sus 18 noches, recorriendo un total de 700 kilómetros por el frío y caudaloso cauce.

El Capitán Paul Boyton (1848-1924) era de origen irlandés, aunque emigró a EEUU. Ya desde su juventud mostraba una fuerte inclinación hacia la aventura. Sirvió en la Marina Mexicana, participó con los francotiradores franceses durante la guerra franco-prusiana y fue contratado como buzo por el gobierno peruano de Nicolás Piérola.

‘Extremeño Estudio’ publicó un libro ilustrado basado en el diario.

‘Extremeño Estudio’ publicó un libro ilustrado basado en el diario. / Cedida

Tras sus múltiples incursiones en otros continentes, finalmente regresó a EEUU, ayudando a organizar el Servicio de Salvavidas, que sería el organismo precursor de la moderna Guardia Costera estadounidense. Posteriormente, fue nombrado capitán del servicio de salvamento de Atlantic. Es en ese momento cuando conoce el invento de Clark S. Merriman, un traje estanco de caucho vulcanizado para el salvamento marítimo. Con ese traje comienza una nueva etapa y aventura en la vida del Capitán Boyton.

Corrientes, remolinos...

«El hombre rana», como llegó a ser renombrado, descendió varios de los ríos más importantes de EEUU y Europa, así como el Canal de la Mancha o el Estrecho de Gibraltar. Fue en 1878 cuando Paul Boyton decidió descender el río Tajo, uno de los episodios más pintorescos de su gira europea. El tramo era complicado: corrientes irregulares, remolinos y zonas rocosas. En aquella época, el Tajo llevaba mayor caudal y no estaba regulado por embalses como hoy. Atravesó pueblos como Talavera la Vieja (desaparecida desde 1963 bajo el embalse de Valdecañas), Navalmoral de la Mata, Almaraz, Monfragüe o Alcántara, entre otros.

En estos pueblos ribereños, los vecinos nunca habían visto nada igual: un hombre flotando río abajo con un traje hinchable oscuro. Algunas crónicas cuentan que muchos campesinos pensaron que era un «pez gigante» o algún tipo de artefacto extraño. En ciertos lugares tocaban las campanas o se santiguaban al verlo aparecer río abajo. Boyton disfrutaba provocando esa sorpresa; formaba parte del espectáculo. En poblaciones como Alcántara, su paso generó bastante expectación. El puente romano constituía un punto estratégico y simbólico: cruzarlo flotando bajo sus arcos era un acto solemne.

Describió a los lugareños como gente hospitalaria, curiosa y expresiva, dados a reunirse en grupo ante cualquier acontecimiento extraordinario. Comentó en sus escritos que, aunque al principio lo miraban con recelo, pronto se mostraban amables y lo invitaban a comer o a descansar.

Dormía sobre el agua

Su traje no era neopreno moderno, sino un traje inflable de goma vulcanizada con compartimentos de aire. Esto le permitía flotar boca arriba como una balsa, acompañado de un remo que, a modo de timón, le ayudaba para evitar chocarse con las rocas. Llevaba consigo provisiones, llegando incluso a dormir sobre el agua cuando se encontraba en lugares recónditos sin población cercana y con peligro de lobos cerca, como podía ser lo que hoy conocemos como el Parque Nacional de Monfragüe.

Antes de comenzar oficialmente su descenso por el Tajo, Boyton llegó a España invitado a una de las fiestas que se organizaron por la boda de Alfonso XII con María de las Mercedes en Madrid. El rey quedó impresionado por este aventurero estadounidense que se planteaba recorrer un río tan desconocido y peligroso. El rey le dio su apoyo oficial y transmitió su interés por que la empresa tuviera éxito.

En la España de finales del siglo XIX, especialmente en regiones rurales como Extremadura, existía un estereotipo entre la alta nobleza y la corte de que los pueblos ribereños y campesinos podían ser «rudos» o poco hospitalarios. Esto se reflejaba en cartas, memorias y crónicas cortesanas: se esperaba que un extranjero, especialmente uno que descendiera un río a la vista de todos, tuviera problemas con la gente local.

Describió a los lugareños de las orillas como gente hospitalaria, curiosa y expresiva

Sin embargo, el relato de Paul Boyton es completamente diferente: Boyton describe a los habitantes de los pueblos ribereños del Tajo como extremadamente curiosos y atentos. Se acercaban para mirar, tocar su traje, preguntar, ofrecer comida o bebidas, pero nunca menciona agresión o violencia. Señala que, incluso en zonas aisladas, la gente se mostró generosa. Él quedó impresionado por la rapidez con la que pasaba de la desconfianza inicial al trato amable.

Boyton destaca en sus escritos cómo la percepción de la nobleza era exagerada: los lugareños estaban más interesados en observar y participar en el espectáculo que en causar problemas. El aventurero muestra que estas ideas eran más prejuicio de la nobleza que realidad. Él incluso aprovecha para enfatizar la simpatía de la población local, lo que añade un matiz positivo y humano a sus memorias. Una aventura digna de las narraciones de Julio Verne, amigo y admirador de este aventurero, de quien además se inspiró para crear un personaje en una de sus novelas.

La editorial extremeña ubicada en Malpartida de Cáceres, Extremeño Estudio, publicó un libro ilustrado en 2023 basado en el diario del Capitán Paul Boyton: ‘La increíble aventura del Capitán Boyton en su travesía por el río Tajo’. Fue un proyecto que contó con el apoyo de la Diputación Provincial de Toledo y la Confederación Hidrográfica del Tajo para su publicación. Esta novela narra, en primera persona y con todo lujo de detalles ilustrados, el recorrido antes nunca realizado por el río Tajo, embutido en un simple traje de caucho hinchable.

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