Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Centenario de su nacimiento

La vida de Florinda Chico: de la pobreza en Don Benito al éxito en cine y teatro español

Figura imprescindible del cine y el teatro español, convirtió una vida marcada por las dificultades en una de las trayectorias más populares y queridas de la escena

Mientras España celebra el centenario del nacimiento de la duquesa de Alba, María del Rosario Cayetana Fitz-James Stuart y Silva, Extremadura conmemora el de una de sus más insignes actrices, abanderada del verde, blanco y negro, y de una tierra que la vio nacer, no morir, pero que siempre estuvo presente en su periplo personal y profesional. No en vano Florinda Chico (Don Benito, 1926 - Madrid, 2011) afirmó en 2003 a el Periódico Extremadura: "Pregoné a Extremadura de corazón por todos los países donde estuve" y con esa risa contagiosa y estruendosa subrayó "lo siento por Badajoz, que es mi tierra, pero me gusta más Cáceres y lo he dicho siempre".

Así, el 24 de abril de 2026 se cumple el centenario del nacimiento de Florinda Chico, una de las grandes actrices españolas del siglo XX, nacida en Don Benito en 1926 y fallecida en Madrid el 20 de febrero de 2011. Su nombre quedó ligado para siempre a la comedia, aunque quienes la conocieron de cerca y quienes repasaron su carrera siempre subrayaron que tenía también una capacidad extraordinaria para el drama.

Hija de Enrique Chico y de Teresa Martín-Mora de Paredes, a quien en Don Benito apodaban la guapa, Florinda fue la mayor de cinco hermanas. La muerte de su padre cambió el rumbo de la familia y la obligó a dejar pronto los estudios. A partir de ahí llegaron años duros, de estrecheces, en los que trabajó como secretaria en la ONCE, como modista arreglando trajes de novia y también como vendedora de helados, mientras su madre sacaba adelante sola a sus cinco hijas.

Aquella adolescencia en Don Benito dejó una huella profunda en la actriz. Ella misma evocó en una entrevista en el Periódico Extremadura sus orígenes en un pueblo de "caciques", el peso de la pobreza y la dureza de una etapa que nunca olvidó. "Era guapa y pobre y esa adolescencia no la olvido", llegó a decir al recordar aquellos años y la situación de su madre, viuda con solo 40 años y sin recursos para mantener a la familia.

Su vida cambió cuando, con 20 años, conoció en Madrid al maestro Guerrero durante el bautizo de un sobrino. Aquello abrió la puerta de su carrera artística. Poco después llegó una prueba en el teatro de La Latina y el debut fue casi inmediato. Llamó entonces a su madre para darle una noticia que marcaría el resto de su vida: "Ya soy artista".

Una carrera inmensa

Desde entonces comenzó una de las trayectorias más prolíficas del mundo del cine y el teatro español. Florinda Chico participó en más de 150 películas y se convirtió en la actriz de reparto por excelencia, uno de esos rostros inseparables del cine popular español. Su vis cómica la hizo enormemente famosa, aunque siempre quedó la sensación de que su talento dramático merecía incluso más reconocimiento del que recibió.

En su carrera hubo de todo. Trabajó en películas comerciales, de las que ella misma decía que había hecho "para mantener a mi familia", pero también estuvo a las órdenes de nombres mayores del cine español como Carlos Saura, que la llamó para Cría cuervos, o Mario Camus, con quien interpretó a la Poncia en La casa de Bernarda Alba. Todo, aseguraba, lo hizo "con el mismo amor".

En el teatro también levantó una carrera formidable. En 1968 fundó su propia compañía y encadenó éxitos de taquilla. Recordaba con orgullo funciones en las que la recaudación era extraordinaria y el público llenaba hasta el último rincón. Aquel éxito convivió con la disciplina de una actriz que atravesó la posguerra, las revistas musicales, la comedia y los escenarios de toda España "también enseñando las piernas, que las tenía buenas", como ella misma ironizaba.

Una vida personal difícil

Su vida íntima no fue fácil. En 1950 se casó con José María Labernié, embarazada ya de su primera hija, Mari Tere. La relación acabó mal: él le fue infiel y la abandonó, dejándola con dos hijas. Años después rehízo su vida junto a Santos Pumar, técnico de iluminación en la compañía de Lina Morgan. Comenzaron su relación en 1977, cuando ella tenía 51 años y él 28, y se casaron en 1989.

Florinda hablaba sin dramatismos impostados de los golpes de la vida. Incluso en los recuerdos más duros conservaba el humor. También en eso se forjó su vínculo con el público: en una mezcla de cercanía, fortaleza y verdad que traspasaba la pantalla y el escenario.

La herida de Don Benito

Pese a haber llevado siempre a Extremadura consigo, su relación con su ciudad natal fue compleja. Solo actuó una vez en Don Benito y aquella experiencia la marcó hasta el punto de negarse a volver a pisar un escenario allí. Contó que, cuando salió a escena, parte del público le gritó que cantara, y aquello le dolió tanto que se prometió no regresar.

Y, sin embargo, nunca dejó de reivindicar su tierra. Cuando recibió la Medalla de Extremadura de manos del presidente Juan Carlos Rodríguez Ibarra, se mostró emocionada y orgullosa "por ser de mi tierra, Extremadura, una tierra donde nacían dioses y siguen naciendo". Aseguró además que la había pregonado "con todo mi corazón por todos los países" en los que había estado, especialmente en México.

Extremadura, siempre presente

La actriz mantuvo siempre una deuda emocional con Extremadura. Una de las cuentas pendientes que más recordaba era su paso por el Teatro Romano de Mérida, donde actuó en 1992 con Las siete de Tebas. Lejos de vivirlo con seguridad, evocaba aquella experiencia con nervios, miedo escénico y una emoción desbordada. Esa confesión retrataba bien a Florinda Chico: una actriz inmensa que nunca perdió el respeto al escenario.

A lo largo de su vida recibió el cariño del público como pocas intérpretes de su generación. Ella misma reconocía sentir que la habían querido mucho. Florinda Chico fue popular sin dejar de ser auténtica. Fue cómica sin renunciar al fondo dramático. Fue secundaria muchas veces en los repartos, pero central en la memoria de varias generaciones.

Cien años después de su nacimiento, su figura sigue ocupando un lugar propio en la historia del cine y del teatro español. Y también en la memoria extremeña. Porque aquella niña de Don Benito que tuvo que dejar los estudios para ponerse a trabajar acabó convertida en una actriz irrepetible, en un rostro familiar para todo un país y en una de las grandes artistas nacidas en Extremadura.

Tracking Pixel Contents