Datos del balance de 2025
Autónomos "desprotegidos": una muerte, 23 accidentes graves y 863 bajas reabren el debate sobre la prevención en Extremadura
La organización UPTA alerta del repunte de la siniestralidad laboral en la región, y reclama planes específicos de prevención, más apoyo técnico y una cobertura reforzada ante accidentes y enfermedades profesionales

Un trabajador autónomo regenta su local de hostelería. / Europa Press
La siniestralidad laboral entre los trabajadores autónomos vuelve a generar inquietud en Extremadura. UPTA denuncia que durante 2025 se registraron en la comunidad 23 accidentes graves, uno mortal y 863 bajas por accidentes de trabajo dentro del colectivo, unas cifras que, a juicio de la organización, reflejan una situación de desprotección estructural en materia de prevención de riesgos laborales.
La organización advierte de que detrás de esos datos hay negocios interrumpidos, trayectorias laborales truncadas y familias afectadas, en un contexto en el que muchos profesionales por cuenta propia siguen desarrollando su actividad sin respaldo suficiente frente a los riesgos de su trabajo diario.
Un sistema pensado para empresas, no para autónomos
UPTA sostiene que el actual modelo de prevención sigue dejando fuera la realidad de una parte importante del trabajo autónomo, especialmente en sectores como el transporte, la construcción, el comercio o el ámbito agrario, donde la exposición al riesgo es elevada.
Según señala la organización, mientras el sistema está diseñado para empresas con estructura y recursos, una parte sustancial de los trabajadores por cuenta propia opera en solitario o con medios limitados, lo que dificulta el acceso a formación preventiva, asistencia técnica y herramientas de protección.
En Extremadura, además, UPTA pone el foco en los más de 67.000 autónomos sin asalariados, que, según remarca, quedan prácticamente fuera del sistema preventivo actual al no contar con un modelo adaptado a sus necesidades reales.
Más control, pero sin recursos
La organización también avisa de que el endurecimiento de controles previsto en la reforma normativa puede acabar teniendo un efecto contraproducente si no viene acompañado de apoyo económico y técnico. A su juicio, más inspecciones, más cargas documentales y más responsabilidades, sin medidas de acompañamiento, pueden traducirse en una presión añadida sobre un colectivo ya muy tensionado.
El presidente de UPTA, Eduardo Abad, resume esa crítica al advertir de que "no se puede exigir más a quien no tiene herramientas para cumplir". En la misma línea, añade que "más control sin apoyo no previene accidentes, solo incrementa la presión sobre el autónomo".
El desgaste invisible: estrés, ansiedad y fatiga
Junto a los accidentes laborales, UPTA llama la atención sobre el crecimiento de los riesgos psicosociales entre los trabajadores por cuenta propia. La organización vincula esta situación a factores como las jornadas prolongadas, la presión por los plazos, los impagos, la incertidumbre económica y la precariedad contractual, que terminan afectando a la salud mental y física del colectivo.
Según advierte, ese desgaste continuado está detrás del aumento de problemas de ansiedad, enfermedades cardiovasculares y accidentes derivados de la fatiga, una realidad que define como una "pandemia silenciosa" que no está siendo afrontada con suficiente intensidad por las administraciones públicas.
Abad incide en esta idea al señalar que "un trabajador por cuenta propia no puede trabajar 12 o 14 horas al día. Eso no es emprendimiento, es precariedad". También defiende que en sectores como el transporte o la construcción resulta necesario fijar límites a los tiempos de trabajo para evitar situaciones que ponen en riesgo la salud y la vida de los profesionales.
Las medidas que reclama UPTA
Ante este escenario, UPTA reclama al Gobierno y a las comunidades autónomas un cambio de enfoque en las políticas públicas de prevención dirigidas al trabajo autónomo. Entre sus propuestas, la organización plantea programas formativos adaptados por sectores, incentivos para invertir en equipos de seguridad, servicios públicos gratuitos de asesoramiento técnico, una mejora de la cobertura en caso de accidente o enfermedad profesional y campañas específicas de concienciación para este colectivo.
También pide que parte de los recursos de las mutuas colaboradoras con la Seguridad Social se destinen a la vigilancia y prevención de los riesgos psicosociales, un ámbito que considera especialmente desatendido.
Para UPTA, la clave no pasa solo por ampliar obligaciones, sino por transformar el modelo preventivo y hacerlo más flexible, cercano y eficaz. La organización defiende que las cifras de 2025 deben servir como punto de inflexión para abordar una realidad que considera enquistada y que afecta a miles de profesionales extremeños.
La organización entiende por tanto que la prevención en el trabajo autónomo no puede seguir tratándose como una cuestión secundaria. UPTA insiste en que reducir la siniestralidad no depende únicamente de endurecer normas, sino de poner en marcha medidas concretas y adaptadas a la realidad de quienes sostienen su actividad sin estructura empresarial y, en muchos casos, en condiciones límite.
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