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Carlos Lobo, promotor del festival

De Quevedo a Sanguijuelas, el giro de Extremúsika: "Hemos vuelto a nuestra esencia con esta edición y se va a notar"

El festival regresa con un cartel más rockero, vuelve al puente de mayo y pone a prueba la capacidad de Extremadura para sostener grandes citas musicales

Video | Entrevista a Carlos Lobo, promotor de Extremúsika

Carlos Gil

Cáceres

Extremúsika regresa al puente de mayo con más de 60 artistas, un cartel más rockero y una edición con la que aspira a reforzar su peso como una de las grandes citas musicales del suroeste peninsular. En esta entrevista, su promotor, Carlos Lobo, explica el cambio de fechas, analiza el momento que vive la música en directo y reivindica la esencia del festival para la región.

Sanguijuelas del Guadiana juegan en casa, hay perfiles de todo tipo y grandes nombres como Fernando Costa. ¿Cómo se presenta esta edición de Extremúsika?

La gran novedad es Sanguijuelas del Guadiana. Es la banda revelación y estamos todos locos con ellos. Además, hay muchísimas bandas extremeñas en el cartel que están emergiendo y les damos la oportunidad de estar en Extremúsika. Más que un nombre concreto, lo que marca esta edición es que hay muchísimos grupos y que el público al que le gusta el rock tiene para disfrutar tres días enteros. Creo que eso es lo que está generando que se vendan tantas entradas. Con la cantidad de nombres de este año y la decisión de adelantarlo, va a ser una de las ediciones con más éxito que hemos tenido.

El festival pasa del otoño a mayo. ¿Por qué se ha tomado esta decisión?

Competíamos mucho con otros festivales y decidimos pasarlo a octubre porque era un buen puente, pero al final, por los números y por la cantidad de gente que venía de fuera, hemos creído conveniente volver, primero por el tiempo y segundo porque ser de los primeros festivales también influye. Hay gente que si ya ha ido a cuatro festivales, aunque tengas un grandísimo cartel en octubre, te dice: "Yo a un quinto no me meto". Hemos vuelto a nuestra esencia, porque Extremúsika se ha hecho siempre en el puente de mayo. Llevamos un 25% más de entradas vendidas que el año pasado y lo estamos notando porque desde que hemos sacado las entradas de día el público se está volcando, ya sea porque no puede ir los tres días o porque quiere comprar una entrada para ver un único concierto.

¿Es este el cartel que quería hacer o el cartel que hoy se puede hacer?

Para mí todos los carteles han sido excelentes. Te hayan metido más gente o menos, te hayas confundido o no. Cuando apuesto, lo hago para bien o para mal. Y si luego no funciona, hay que pensar por qué e intentar arreglarlo para el año siguiente.

Es también el promotor del Stone & Music Festival. Son muy pocos los festivales en España donde una sola persona consigue traer a artistas de la talla de Raphael o Alan Parsons. ¿Cómo se levanta un cartel capaz de llenar un festival?

Estoy contento porque la empresa es extremeña y tenemos festivales en Córdoba o Sevilla. Estamos haciendo la gira de El Último de la Fila, que va a ser brutal porque arranca tras prácticamente tres décadas de ausencia y está totalmente agotada. Hacemos también la gira de Alejandro Sanz. Hemos ido creciendo gracias al trabajo bien hecho, en los buenos momentos y en los malos. Yo siempre digo que soy empresario para ganar y para perder.

Al final, esa cantidad de artistas que vienen al Stone tiene que ver con la marca del festival, una marca que ya se ha creado. A eso se le añade también la creación del Viam Musicorum (paseo de la música) en Mérida, donde artistas de gran trayectoria dejan su sello para toda la vida en la puerta del Teatro Romano, como lo hizo Robe, que creo que es el artista más importante que vamos a tener. Tenemos que estar orgullosos de seguir apostando por la cultura y por artistas internacionales que dan repercusión a Extremadura.

La música en directo vive años dorados. Antes no era habitual pagar más de 20 euros por un concierto y ahora se ha convertido casi en una prioridad para mucha gente. ¿Qué ha cambiado?

Ha cambiado todo. El precio de la entrada va ligado al mercado y si un artista te cobraba 100.000 y ahora te cobra 300.000, lógicamente tienes que incrementar el precio. También hay que decir que no todos los artistas llenan; hay que intentar traer lo mejor. Por otro lado, si te gusta un grupo, ir a verlo en directo es el todo. Vas a ver un montaje, una experiencia con muchísimo público, al artista. Es como al que le gusta el fútbol; no es lo mismo verlo en la tele que ir al estadio.

¿Ese cambio permite apostar por montajes de calidad como los que organiza?

El montaje, sinceramente, se hace siempre, metas público o no. Tú puedes hacer un festival para 30.000 personas y luego meter 10.000, pero la infraestructura es la misma. Lo hemos visto con Fito: hubiera dado igual meter 18.000 que 12.000, había que montar lo mismo. Y además los artistas tienen la calidad muy en cuenta, porque un concierto te puede salir mal, pero no por eso puedes darle menos iluminación, por ejemplo, porque entonces no vuelve a trabajar contigo.

Producir en Extremadura es caro y durante mucho tiempo apenas hubo promotores privados dispuestos a asumir ciertos riesgos. ¿Cómo se amortiguan esas pérdidas?

Es muy complicado. Los conciertos tienen unos riesgos enormes y a nivel extremeño más todavía. Nosotros, por suerte, podemos hacer 300 conciertos al año, entre giras, festivales y demás. Eso hace que si un año te va mal, aguantes y no lo dejes, porque es tu festival, por el cariño que le pones y por la esencia que tiene en Extremadura.

Un festival necesita muchas empresas alrededor. ¿Tiene hoy Extremadura estructura privada suficiente para sostener ese nivel de producción?

Se contrata todo. Nosotros, en un festival como Extremúsika, podemos tener alrededor de 500 o 600 personas trabajando. Intentamos que la gran mayoría sean extremeñas. Yo soy muy extremeño e intento que el montaje, el sonido o la iluminación dependan de empresas de aquí. Hay veces que no se puede y hay que recurrir a fuera, lógicamente.

¿Hasta dónde pueden llegar los festivales extremeños frente a grandes plazas como Madrid, Barcelona o Andalucía?

Extremadura da lo que da. No nos vamos a engañar diciendo que aquí vamos a meter 100.000 personas, porque eso sería una tontería. Puede crecer un poco más, puede repetir gente de un año para otro, puede ayudarte un cabeza de cartel, pero hay un límite. También influye el transporte público y que ahora mismo en España casi cualquier ciudad trae un festival por todo lo alto.

Ahora bien, complejo, ninguno. Extremúsika está dentro de un tipo de festivales de rock de los que ya quedan muy pocos, porque es muy complicado. Y en el caso del Stone tenemos una cosa que no tienen otros: el cabeza de cartel, que es el patrimonio. Puede venir Bruce Springsteen, que el cabeza de cartel seguirá siendo el Teatro Romano. Con esa idea se formó el festival y con esa idea lleva diez años creciendo. Así que yo creo que el complejo lo pueden tener ellos de nosotros, no nosotros de ellos.

Durante años se dijo que los 2000 fueron una mala etapa para la música. ¿Ha vuelto la calidad?

Más que la calidad, ha vuelto la ilusión. Yo creo que cada etapa ha tenido lo suyo y tampoco diría que ha habido una etapa mala para la música. Lo que sí se ha potenciado mucho es el turismo de festivales y el turismo cultural. Muchas veces la gente aprovecha para ir a un festival y, de paso, visitar la ciudad. Y eso es lo que ha ayudado a aumentar las cifras.

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