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Campaña de incendios

Un año después del verano de las 50.089 hectáreas quemadas: qué ha cambiado en Extremadura y qué sigue pendiente

La Junta ha reforzado plantilla, prevención e infraestructuras tras la crisis de 2025, pero varias medidas siguen en trámite y el riesgo vuelve a quedar condicionado por la meteorología extrema

Cáceres

El 12 de agosto de 2025 quedó grabado como el día en que el mapa forestal de Extremadura empezó a arder a una escala desconocida en la última década. La Península llevaba 10 días sumida en una ola de calor inédita y tras una alerta por tormentas secas, más de 700 rayos decargaron sobre la comunidad entre ese día y la madrugada, registrando una cascada de focos simultáneos. Fue tal la emergencia que la Junta activó el nivel 2 de alerta en todo el territorio. Algunos fuegos se controlaron con relativa rapidez, pero hubo uno, el de Jarilla, que escapó a cualquier previsión.

Durante once días, las llamas arrasaron 17.355 hectáreas en un perímetro de 170 kilómetros entre la comarca de Trasierra, el Valle del Ambroz y el Valle del Jerte. La situación obligó a desalojar a más de 1.200 vecinos de cinco localidades y a confinar otras cinco. Fue, por superficie y comportamiento, el mayor incendio en la historia reciente extremeña, aunque no el único. La campaña cerró con 766 siniestros forestales, 50.089 hectáreas afectadas, 17 grandes incendios y 110 fuegos de nivel 1. La jornada más crítica fue la del 15 de agosto, con hasta seis grandes focos ardiendo a la vez en distintos puntos de la comunidad.

Unas causas propicias

La explicación no cabe en una sola causa, pero la meteorología extrema fue el detonante. Tras una primavera excepcionalmente húmeda, el monte afrontó al verano con una elevada carga de combustible. Luego llegaron las olas de calor continuadas, las tormentas secas y una simultaneidad de fuegos que puso el sistema al límite. A eso se sumó un dato incómodo: el propio balance del Infoex reflejó después que el 90% de los incendios había tenido origen humano, ya fuera por intencionalidad o por negligencias.

El verano de 2025 también devolvió al primer plano problemas de fondo. Los expertos llevaban tiempo alertando del aumento de episodios extremos ligados al calentamiento global, a las olas de calor cada vez más frecuentes y a la acumulación de combustible vegetal en montes marcados por el abandono de usos tradicionales. La Fiscalía de Medio Ambiente señaló entonces la ausencia o mala aplicación de planes de prevención en parte del territorio. A finales de agosto, 60 municipios extremeños seguían sin plan periurbano de prevención, pese a que corresponde a los ayuntamientos elaborarlos por ley. En muchos casos, la falta de recursos económicos y la complejidad del procedimiento habían dificultado el inicio de su redacción.

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Carlos Gil

La Consejería de Gestión Forestal sostiene ahora que la Junta ha venido auxiliando a los consistorios en esta tarea y que en la provincia de Badajoz todos los casos se han resuelto en colaboración con la institución provincial. En Cáceres, los planes se están elaborando con apoyo de la Diputación .

Tampoco hubo una lectura única sobre el operativo. Los sindicatos pusieron el foco en la plantilla y la planificación. La Junta desmintió entonces falta de personal y defendió que el problema había sido, sobre todo, la excepcionalidad meteorológica.

Del shock al decreto

Con el monte todavía humeando, el Ejecutivo extremeño reunió el 29 de agosto un Consejo de Gobierno extraordinario en Hervás y anunció una batería de medidas para combinar ayudas urgentes, cambios legales, prevención y refuerzo del dispositivo. Aquellas promesas se articularon después a través de un decreto-ley que entró en vigor en septiembre y siguió luego su tramitación parlamentaria.

Ese paso marcó la regulación que ha permitido que las medidas anunciadas salieran adelante, algunas con recorrido parcial, teniendo en cuenta que ese proceso ha coincidido con meses de actividad política ralentizada desde la convocatoria electoral en la comunidad.

Las medidas ejecutadas

El cambio más visible ha estado en el personal. La Junta ha transformado 138 plazas de bomberos forestales para que trabajen todo el año en lugar de seis meses. Esos efectivos se han incorporado ya y han permitido que el Plan Infoex cuente por primera vez con el mismo personal para prevención que para extinción en estas fechas. A eso se añade la convocatoria de 195 plazas de bombero forestal conductor y 29 de agente del Medio Natural, cuyo proceso de oposición ya ha comenzado.

También se han anunciado nuevos retenes en 2026 y 2027 dentro del Plan de Ordenación de los Recursos Humanos del Plan Infoex, aprobado en junio de 2025 con el respaldo de los sindicatos presentes en la mesa negociadora y pendiente desde 2018.

Por otro lado, se ha puesto en marcha la reestructuración interna de la consejería para integrar en una misma dirección general la prevención y la extinción de incendios junto a la gestión forestal. Otras medidas que se activaron a raíz del decreto tienen que ver con las modificaciones legales para flexibilizar la Ley de Conservación de la Naturaleza, la Ley de Protección Ambiental y la Ley Agraria de Extremadura con la idea de facilitar iniciativas preventivas, usos tradicionales compatibles y los llamados cortafuegos productivos.

En paralelo se han impulsado inversiones de prevención e infraestructuras, con actuaciones de emergencia para reparar caminos, proteger abastecimientos de agua y frenar el arrastre de cenizas a través del helimulching, que se aplicó sobre 1.120 hectáreas. Con la vista puesta en la siguiente campaña, la Junta ha autorizado nuevas dotaciones en montes públicos y ha ejecutado en Las Hurdes obras para mejorar puntos de agua y accesos estratégicos para los medios de extinción.

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Carlos Gil

Ese refuerzo inmediato ha ido acompañado de la aprobación del primer Plan Forestal de Extremadura. El documento, pendiente desde hace más de una década, moviliza 364,2 millones de euros para los próximos diez años y reserva un 55% de esos fondos a reducir el riesgo de incendios. La hoja de ruta incluye gestión del combustible mediante áreas cortafuegos estratégicas, fajas auxiliares en caminos y carreteras, tratamientos selvícolas, restauración de áreas degradadas y diversificación de masas forestales ante sequías y olas de calor.

La Consejería de Gestión Forestal sostiene además que desde noviembre se han seguido ejecutando actuaciones de prevención "habituales", como podas, clareos o quemas prescritas. También ha afirmado que los municipios sin planes de prevención han ido resolviéndose con apoyo de las diputaciones, al menos en Badajoz y en parte de Cáceres.

Medidas encaminadas

El balance, sin embargo, no es lineal. Varias de las medidas anunciadas el pasado agosto aún no están cerradas. El proyecto Mosaico en La Vera se activó tras la firma del convenio con la Universidad de Extremadura, pero el de Gata-Hurdes sigue en conversaciones para su formalización. El pastoreo preventivo tampoco aparece como una actuación ya desplegada, sino en tramitación, mientras que la brigada de investigación de causas de incendios forestales no está formulada como una unidad nueva ya operativa, sino como un servicio de apoyo en contratación para reforzar una labor que ya desarrollan los agentes del Medio Natural dentro de sus competencias.

También los grupos de voluntariado han avanzado, pero aún no forman parte del paisaje operativo. La Junta encara la última fase de tramitación del decreto que permitirá a ayuntamientos y mancomunidades constituirlos, con la idea de canalizar con seguridad una ayuda vecinal que se repite en muchos pueblos cuando el fuego se acerca al casco urbano. Su función, según ha explicado la dirección general, será auxiliar y preventiva, no sustitutiva del operativo profesional.

Mejor preparados, no blindados

Extremadura afronta la próxima campaña con más medios humanos, mejor estructura y más actuaciones preventivas que hace un año. Y hay indicios objetivos para sostenerlo: más plantilla fija en estas fechas, más inversiones en montes públicos, nuevos puntos de agua, mejoras de accesos, ajustes normativos y una estrategia forestal más definida.

La pregunta de fondo es si todo eso basta para llegar mejor al verano, puesto que muchas de las medidas necesitan tiempo para traducirse en efectos reales sobre el paisaje, los usos del monte y la reducción del combustible. La consejería insiste en que el comportamiento del verano dependerá sobre todo de lo que dicte la meteorología en mayo, junio, julio y agosto.

Ahí está, probablemente, el retrato más exacto del momento actual. Extremadura llega al nuevo verano con parte de las lecciones del último incendio convertidas en norma, contrato o infraestructura. Pero también con una evidencia de fondo: cuando el monte acumula combustible y el calor aprieta durante días, el riesgo ya no se parece al de hace una década.

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