Mercado laboral por cuenta propia
Autónomas extremeñas: "La gente piensa que tenemos la obligación de estar las 24 horas trabajando"
Las mujeres firmaron nueve de cada diez nuevas altas en el RETA el pasado año

Una emprendedora autónoma en su negocio de hostelería. / EL PERIÓDICO
El empleo autónomo crece en Extremadura con nombre de mujer. De las 625 nuevas altas registradas en 2025 en la comunidad, 548 fueron de mujeres y solo 77 de hombres, lo que confirma que el empuje femenino sostiene un año más la evolución del Régimen Especial de Trabajadores Autónomos (RETA) en la región. El dato, recogido en un informe de la Asociación de Trabajadores Autónomos (ATA), consolida una tendencia que viene repitiéndose en la última década.
Extremadura cerró el año con 81.254 afiliados al RETA y buena parte de ese crecimiento vuelve a explicarse gracias al tirón femenino, que fue siete veces superior al masculino. En términos porcentuales, las mujeres autónomas crecieron un 2% en la comunidad extremeña por encima de la media nacional, aunque todavía representan solo un 34,3% del total, situándose por debajo del peso que tienen en el conjunto del país.
La presidenta de ATA Extremadura, Candelaria Carrera, asegura que las mujeres «llevan creciendo exponencialmente en la última década» y son las que mantienen en positivo la evolución del régimen de autónomos. A su juicio, detrás de ese comportamiento hay negocios «sólidos, competitivos y capaces de adaptarse con cierta flexibilidad a los cambios que opera el mercado», además de una capacidad de liderazgo «transformacional e inclusivo» que considera cada vez más determinante.

La presidenta de ATA Extremadura, Candelaria Carrera. / S. GARCÍA
La perspectiva de los últimos diez años refuerza esa idea. Desde 2015, Extremadura ha ganado 2.727 autónomas, mientras ha perdido 1.421 hombres. El saldo global en ese periodo es de 1.306 trabajadores por cuenta propia más, pero el dato relevante es que el crecimiento del colectivo se sostiene casi exclusivamente sobre el emprendimiento femenino. El ejercicio de 2025, de hecho, marca el mayor número de mujeres afiliadas al RETA de la serie histórica.
Ese avance cobra más relevancia si cabe teniendo en consideración que la tasa de actividad femenina continúa claramente por debajo de la masculina y el desempleo también se mantiene más alto entre ellas. En ese contexto, el autoempleo sigue siendo para muchas una puerta de entrada al mercado laboral. Carrera admite que esa realidad no ha cambiado del todo, aunque añade que «cada día son más las que emprenden por oportunidad y se deciden a ser agentes activas en la economía» con una presencia creciente en actividades profesionales, científicas y técnicas, sanitarias o educativas, más allá del comercio, que sigue concentrando buena parte del trabajo autónomo femenino.
Pese a la fortaleza de los datos, ATA insiste en que emprender sigue siendo más difícil para una mujer. La organización señala en primer lugar la falta de cultura emprendedora y un entorno que, en muchos casos, sigue empujando a las mujeres hacia el trabajo por cuenta ajena como supuesta garantía de estabilidad. A eso se suma el acceso a la financiación, pues Carrera denuncia que "persisten todavía inercias y estereotipos de género cuando una mujer solicita un préstamo para poder poner en marcha su negocio".
Sin embargo, la conciliación se mantiene como el mayor obstáculo. La presidenta regional de ATA sostiene que muchas autónomas se ven obligadas a compatibilizar la gestión de su actividad con el cuidado de menores o personas dependientes, asumiendo una sobrecarga que termina repercutiendo en su bienestar y en la competitividad de sus proyectos. «La corresponsabilidad sigue siendo un sueño para muchas mujeres», lamenta. Esa falta de tiempo, añade, también limita la posibilidad de formarse y adquirir nuevas competencias, un factor clave para que sus negocios puedan ganar tamaño y adaptarse mejor a las exigencias del mercado.
El informe también destaca el crecimiento del emprendimiento extranjero, con una dimensión femenina cada vez más visible. Extremadura contaba al cierre del pasado año con 3.272 autónomos extranjeros, de los que 1.468 eran mujeres. Las autónomas foráneas crecieron un 10,1% en 2025, un dato que ATA interpreta como la prueba de que el autoempleo se ha convertido también en una vía real y estable de integración económica. Carrera destaca además que casi el 45% de este colectivo son mujeres, lo que confirma el peso creciente del emprendimiento inmigrante femenino en el tejido productivo extremeño.
De cara al futuro, ATA ayudas para cubrir los costes laborales de las personas que sustituyen a las autónomas durante los periodos de descanso por nacimiento y cuidado del menor, incluso desde el último trimestre del embarazo; la ampliación en 15 días del permiso por nacimiento en atención a la lactancia natural, y medidas que faciliten y abaraten la contratación de personal cuidador. La organización entiende que, si el empleo autónomo ha vuelto a crecer en Extremadura, no ha sido por una inercia general del sector, sino por el impulso sostenido de las mujeres.
Fátima Sánchez
Fátima Sánchez lleva tres décadas como autónoma. Al frente de la clínica veterinaria Los Monteros, en Coria (Cáceres), ha compaginado durante buena parte de su vida profesional el régimen general con el trabajo por cuenta propia. Su relato no pone el foco en las dificultades añadidas por ser mujer, sino en la dureza de tener que sostener un negocio durante años sin apenas margen para enfermar, conciliar o contratar a más personal.
«Por ser mujer no he tenido ningún problema», asegura la profesional. Ni en el acceso a subvenciones ni en su etapa dentro del régimen general, donde trabajó durante unos 20 años en un departamento de informática. Su caso fue más bien fruto de las circunstancias. Tras la muerte de su suegro, la familia se quedó con la clínica veterinaria y ella decidió darse de alta como autónoma y hacerse cargo del negocio.

Fátima Sánchez, en su clínica veterinaria, en Coria. / EL PERIÓDICO
La parte más dura, afirma Sánchez, llegó con la falta de protección real. Recuerda una baja por depresión en 2007, cuando estuvo cuatro años en tratamiento y los primeros seis meses prácticamente sin poder levantarse de la cama. «Por ser autónoma no tuve derecho a nada», lamenta.
La conciliación familiar tampoco fue nada sencilla. Madre de tres hijos, dice que durante años salía de casa a las siete de la mañana para trabajar en Plasencia y regresaba a Coria a las siete de la tarde para continuar en la clínica hasta medianoche o incluso más tarde. «Ayudas, cero», resume.
Desde el año 2011 o 2012, cuando se incorporó de forma exclusiva a la clínica como gerente, asegura que no se ha dado «un solo día de baja». Ni siquiera durante situaciones extremas como la pandemia, cuando su actividad fue considerada esencial. «La gente se cree que porque somos autónomos tenemos obligación de estar las 24 horas trabajando para todo el mundo», lamenta.
Entre las medidas que considera urgentes para incentivar el trabajo autónomo, apunta directamente a la fiscalidad, los costes de contratación y la carga administrativa. Actualmente cuenta con dos empleadas y un autónomo dependiente, pero asegura que contratar más personal resulta «inviable». También critica la acumulación de trámites y cursos obligatorios que, a su juicio, muchas veces no responden a una utilidad real. «No me pida un papel por tener un papel», reclama.
Francisca Menea
Francisca Menea lleva desde 1991 trabajando entre libros, cuadernos y mostradores. Primero lo hizo como empleada y, desde 2022, como autónoma al frente de la Librería Papelería Rosa Mari, en Don Benito. Asumió el relevo cuando su anterior propietaria se jubiló y en un momento vital que considera clave, pues tenía 50 años, sus tres hijas ya eran mayores y sentía que no podía quedarse en casa después de toda una vida trabajando.
«Me encanta este negocio», reconoce. Esa vocación fue una de las razones que la empujaron a dar el paso. También el hecho de conocer bien el oficio y de hacerse cargo de un establecimiento que ya funcionaba. «Era el momento justo», resume. Sin embargo, no idealiza lo que supone ser autónoma ni esconde la dureza del día a día.

Francisca Menea, en su librería papelería Rosa Mari, en Don Benito. / EL PERIÓDICO
«Ser autónoma es realmente muy complicado», sostiene, aunque enseguida matiza que cada persona tendrá su propia experiencia. En su caso, habla de muchas horas de trabajo, de una responsabilidad constante y de una carga fiscal que pesa especialmente sobre los pequeños comercios. «Te comen los impuestos», señala, antes de recordar que en su sector soportan un IVA del 21% más el recargo de equivalencia.
La supuesta libertad horaria es, para ella, uno de los grandes mitos del trabajo por cuenta propia. «La ventaja que se dice siempre es que tienes el horario que tú quieres. Mentira», asegura. «A mí lo que me falta es poner un colchón aquí en la tienda», bromea en esta frase en la que resume su rutina.
Conciliar, admite, es difícil. Si pudo asumir el negocio fue porque sus hijas ya eran relativamente mayores, pero aun así necesita ayuda en casa y el apoyo de su familia. En este sentido, también destaca el papel de sus dos compañeras en la tienda, a las que define como fundamentales. «Lo defienden como si fuese suyo», dice. Aun así, sabe que la responsabilidad última recae sobre ella.
La empresaria no considera que ser mujer le haya supuesto más obstáculos en su trayectoria como autónoma. Al contrario, asegura que ha tenido las mismas condiciones que cualquier otra persona, además de destacar las ayudas que recibió para reformar la tienda y arrancar esta nueva etapa, entre ellas una subvención específica para mujeres empresarias con una cuantía a fondo perdido. «Hay que decir lo bueno y lo malo», apunta.
Donde sí cree que hacen falta cambios es en la protección social de los autónomos. Reclama mejoras en jubilación, bajas laborales y desempleo. «Nos jubilamos con una pensión de 800 o 900 euros», lamenta. A su juicio, quienes trabajan por cuenta propia deberían tener derechos equiparables a los de cualquier trabajador. «No dejamos de ser trabajadores», insiste.
Pese al cansancio y las dificultades, también desde la satisfacción. Ver que el negocio funciona, que la clientela responde y que la librería mantiene su vida compensa parte del esfuerzo: «Cuando ves que la gente está contigo, eso te llena. Al final es un logro tuyo y de tus compañeras. De nadie más».
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