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Agroalimentación

El campo extremeño ante el dilema fitosanitario: "Son los medicamentos que protegen las cosechas»

El sector se enfrenta al desafío de producir más con menos herramientas, y alerta de los riesgos de reducir el uso de estos productos sin alternativas. Cooperativas Agro-alimentarias Extremadura se adelanta a la implantación obligatoria del cuaderno digital de explotación

Aplicación de fitosanitarios

Aplicación de fitosanitarios / Agencias

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David Martín

David Martín

Badajoz

El uso de productos fitosanitarios vuelve a situarse en el centro del debate agrario en Extremadura, en un contexto marcado por la digitalización del campo, el endurecimiento de la normativa europea y una creciente presión social sobre el modelo productivo. En este escenario, el sector agrícola reivindica el papel esencial de estos productos, a los que define como herramientas de sanidad vegetal imprescindibles para garantizar la producción y la seguridad alimentaria.

“Son los medicamentos que protegen las cosechas frente a plagas y enfermedades”, explica Juan Francisco Blanco, presidente de la Sectorial de Suministros de Cooperativas Agro-alimentarias Extremadura. Sin ellos, advierte, las explotaciones quedarían expuestas a pérdidas que comprometerían tanto la viabilidad del campo como la disponibilidad de alimentos, especialmente en un contexto de incertidumbre climática y cambios constantes en las condiciones de producción.

Esta visión convive con una tendencia normativa orientada a reducir su uso, lo que abre un debate complejo sobre el equilibrio entre sostenibilidad ambiental y rentabilidad agraria. Desde el sector se insiste en que el compromiso medioambiental es firme, pero se advierte de los riesgos de aplicar recortes sin disponer previamente de alternativas eficaces. “Una reducción drástica sin nuevas herramientas conllevaría una caída de rendimientos y un encarecimiento de los alimentos”, sostiene Juan Francisco Blanco, que vincula esta cuestión con la soberanía alimentaria y la estabilidad del sistema productivo.

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“Una reducción drástica sin nuevas herramientas conllevaría una caída de rendimientos y un encarecimiento de los alimentos”

Juan Francisco Blanco

— Presidente de la Sectorial de Suministros de Cooperativas Agro-alimentarias Extremadura

Digitalización y control

La digitalización se presenta como una de las principales respuestas del sector a este nuevo escenario. Cooperativas Agro-alimentarias Extremadura ha decidido adelantarse a la implantación obligatoria del cuaderno digital de explotación, prevista para 2027, con el desarrollo del Cuaderno Digital Cooperativo (C3), una herramienta que va más allá del registro administrativo tradicional.

Este sistema integra datos en tiempo real y se apoya en tecnologías como los sistemas de información geográfica, lo que permite una gestión más precisa de las explotaciones. Al cruzar información agronómica con datos climáticos, sensores y alertas de plagas, facilita la toma de decisiones y optimiza recursos, reduciendo costes y mejorando la eficiencia productiva de las cooperativas y sus socios.

Sin embargo, a corto plazo, esta transformación se percibe como una carga añadida. “El agricultor dedica casi tanto tiempo rellanando papeles como en el campo”, lamenta Juan Francisco Blanco, que reclama que la digitalización sirva para simplificar procesos y no para aumentar la presión administrativa sobre el productor ni generar más complejidad en el día a día.

Restricciones y falta de alternativas

A ello se suma el impacto de las restricciones europeas, que han reducido la disponibilidad de determinadas materias activas sin que existan sustitutos igual de eficaces. Esto deja a los cultivos en una situación de mayor vulnerabilidad frente a plagas y enfermedades. Aunque se avanza en alternativas como el control biológico, el sector considera que aún no son suficientes ni viables económicamente en todos los casos.

Aunque se avanza en alternativas como el control biológico, el sector considera que aún no son suficientes ni viables económicamente en todos los casos.

De hecho, desde el ámbito cooperativo se insiste en la necesidad de autorizar de forma excepcional determinados productos que han demostrado eficacia, al menos mientras no existan soluciones equivalentes. Esta situación genera incertidumbre en las explotaciones, que deben planificar sus campañas sin contar siempre con herramientas suficientes para hacer frente a los riesgos sanitarios.

Percepción social y competencia global

El debate también trasciende lo técnico y alcanza a la percepción social. Parte del sector agrario considera que se ha instalado una narrativa que responsabiliza al agricultor, pese a ser el primer interesado en cuidar el entorno del que depende su actividad. “Existe una sensación de que se está demonizando al agricultor”, afirma Juan Francisco Blanco, quien recuerda que la agricultura europea está sometida a controles estrictos en todas las fases del proceso productivo.

En este sentido, el sector subraya que el uso de fitosanitarios está regulado por un sistema de control exhaustivo que incluye formación obligatoria, registros oficiales, inspecciones de maquinaria y controles sobre los productos finales para garantizar que se cumplen los límites de seguridad establecidos por la normativa vigente.

“No tiene sentido exigir aquí los estándares más altos y permitir productos de fuera tratados con sustancias prohibidas en la UE”

A esta situación se suma la competencia internacional, uno de los principales focos de preocupación. Los productores denuncian la entrada de alimentos procedentes de países con normativas más laxas, lo que genera una clara desventaja competitiva. “No tiene sentido exigir aquí los estándares más altos y permitir productos de fuera tratados con sustancias prohibidas en la UE”, subraya el representante cooperativo.

Mientras tanto, el proceso de modernización del campo continúa avanzando entre tensiones. El reto, coinciden los profesionales, será lograr un equilibrio que permita avanzar hacia modelos más sostenibles sin comprometer la viabilidad de las explotaciones ni la seguridad alimentaria, dos pilares fundamentales para el futuro del medio rural extremeño.

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