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Tecnología hortícola

Controlar los cultivos en remoto: el proyecto internacional que digitaliza el campo extremeño 

La tecnología irrumpe en la agricultura con redes de sensores, datos, sistemas de riego inteligentes y proyectos como Agritech, que buscan hacer más rentables y sostenibles las explotaciones agrarias de la región

Digitalización en parcelas.

Digitalización en parcelas. / Cedida

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David Martín

David Martín

Badajoz

Durante generaciones, el trabajo agrícola se ha apoyado en la experiencia, la observación directa del terreno y la intuición que da conocer cada parcela. Hoy, sin embargo, esa sabiduría empieza a convivir con un nuevo aliado: los datos.

Sensores instalados en las parcelas, dispositivos capaces de medir temperatura o humedad, redes inalámbricas que envían información en tiempo real o sistemas que activan automáticamente el riego forman parte de una transformación tecnológica que comienza a extenderse por el campo extremeño.

Se trata de un cambio gradual, pero con un potencial enorme para mejorar la gestión de las explotaciones agrarias, optimizar el uso del agua y facilitar el trabajo de agricultores y técnicos. Centros de investigación como el Centro de Investigaciones Científicas y Tecnológicas de Extremadura (CICYTEX) llevan años trabajando precisamente en esa transición hacia una agricultura más digitalizada.

“La tecnología puede ayudar a que los cultivos sean más rentables y a que el agricultor tenga más información para tomar decisiones”, explica Carlos Campillo Torres, responsable de Tecnologías dentro del área científica de Agronomía de los Cultivos Leñosos y Hortícolas.

Según señala el investigador, el objetivo no es sustituir el conocimiento tradicional del agricultor, sino complementarlo con herramientas que permitan interpretar mejor lo que ocurre en el campo.

Sensores que hablan con el agricultor

Una de las aplicaciones más claras de esta digitalización es el uso de sensores en el campo. Estos dispositivos permiten conocer en tiempo real variables clave para los cultivos: la humedad del suelo, la temperatura ambiental, el estado del agua disponible o incluso el desarrollo del propio cultivo.

Toda esa información se envía a través de redes inalámbricas y puede consultarse desde un ordenador o un teléfono móvil. “Un agricultor puede saber desde su casa qué está pasando en la parcela”, explica Campillo. “Incluso puede automatizar ciertas decisiones, como abrir o cerrar el riego en función de las necesidades reales del cultivo”.

Esto permite ajustar con mayor precisión el uso del agua, uno de los recursos más sensibles en la agricultura actual, especialmente en regiones mediterráneas donde la disponibilidad hídrica es cada vez más variable. El objetivo es sencillo: sustituir decisiones basadas únicamente en la intuición por decisiones basadas en datos.

Carlos Campillo habla sobre los sensores mientras el resto escucha.

Carlos Campillo habla sobre los sensores mientras el resto escucha. / Cedida

Tecnología accesible para el campo

Aunque muchas de estas herramientas existen desde hace años, su implantación en el sector agrícola ha sido desigual. Uno de los principales obstáculos es el coste de algunos sistemas tecnológicos, además de la necesidad de formación para utilizarlos correctamente.

“La tecnología tiene que ser rentable para el agricultor”, señala Carlos Campillo. “Si no ve claro el beneficio, difícilmente va a invertir en ella”.

Por eso parte del trabajo de los centros de investigación consiste en desarrollar soluciones más asequibles y adaptadas a explotaciones de menor tamaño. La intención es que estas tecnologías no queden limitadas a grandes empresas agrícolas, sino que puedan utilizarse también en explotaciones familiares o cooperativas.

Además del desarrollo tecnológico, los investigadores trabajan en labores de transferencia de conocimiento, colaborando con empresas agrarias, cooperativas, comunidades de regantes y agricultores para facilitar la adopción de estas herramientas.

El proyecto Agritech

En ese contexto se enmarca el proyecto Agritech, una iniciativa internacional que busca acelerar la transformación digital de pequeñas y medianas explotaciones agrícolas y que durará hasta 2027. El proyecto reúne a diferentes regiones de España, Portugal y Francia con un objetivo común: identificar las barreras que frenan la adopción de tecnología en el sector agrario y diseñar soluciones que faciliten su implantación.

Dentro de esta iniciativa, Extremadura actúa como uno de los territorios piloto para probar herramientas digitales en explotaciones reales. “La idea es instalar sensores y sistemas de monitorización en parcelas agrícolas para comprobar cómo pueden ayudar a mejorar la gestión del cultivo”, explica Marina Corchado Sánchez, especialista en sistemas de sensores.

Los resultados obtenidos servirán para evaluar el impacto real de estas tecnologías en el rendimiento de los cultivos, el ahorro de agua o la eficiencia en el uso de recursos.

Redes que conectan parcelas

Una de las claves de estas nuevas herramientas es el uso de redes de sensores inalámbricos de largo alcance. Este tipo de tecnología permite que los dispositivos instalados en el campo se comuniquen con una antena central situada a varios kilómetros de distancia. Desde allí, la información se envía a internet.

En muchos casos, estas redes permiten cubrir superficies agrícolas amplias sin necesidad de infraestructuras complejas ni de conexiones eléctricas permanentes. Además, el coste de los dispositivos se ha reducido notablemente en los últimos años, lo que facilita su implantación.

“Hoy existen sensores relativamente baratos que permiten empezar a trabajar con datos sin realizar grandes inversiones”, explica Marina Corchado. Estas redes permiten recoger información constante del estado del cultivo y generar historiales de datos que ayudan a comprender mejor el comportamiento de cada parcela a lo largo del tiempo.

Carlos Campillo

Carlos Campillo / Cedida

«La tecnología puede facilitar muchas tareas»

Carlos Campillo

— Responsable de Tecnologías

Experimentos en cultivos reales

Para comprobar el potencial de estas tecnologías, el proyecto Agritech prevé instalar sensores en diferentes explotaciones agrícolas de Extremadura. Entre los cultivos seleccionados se encuentran explotaciones de cerezo en el Valle del Jerte, parcelas hortícolas de regadío o frutales de hueso.

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En estos espacios se estudiará cómo la información generada por los sensores puede ayudar a optimizar el riego, mejorar la planificación del cultivo o anticipar momentos clave del desarrollo de la planta. El objetivo es que los agricultores puedan ver estas herramientas funcionando en situaciones reales.

“Queremos que los agricultores comprueben por sí mismos qué utilidad tiene la tecnología”, explica Marina Corchado. La experiencia práctica es clave para que el sector agrario adopte nuevas herramientas con confianza.

Digitalización para el relevo generacional

Más allá de la eficiencia productiva, la digitalización también puede jugar un papel importante en el futuro del sector agrario. La falta de relevo generacional es uno de los grandes retos del campo extremeño. La edad media de los agricultores continúa aumentando y cada vez menos jóvenes se incorporan a la actividad.

La incorporación de tecnología puede contribuir a cambiar esa percepción. “Muchas veces se asocia el trabajo agrícola con un trabajo duro y poco atractivo”, señala Carlos Campillo. “Pero la tecnología puede facilitar muchas tareas y hacer que la gestión de una explotación sea más eficiente”.

Para los investigadores, un campo más digitalizado también puede resultar más atractivo para nuevas generaciones acostumbradas a trabajar con herramientas tecnológicas.

Marina Corchado

Marina Corchado / Cedida

«Lo importante es que los agricultores pierdan el miedo a probar estas tecnologías»

Marina Corchado

— Especialista en sistemas de sensores

Una agricultura basada en datos

La digitalización del campo no es un proceso inmediato, pero cada vez aparecen más herramientas capaces de transformar la forma en que se gestionan los cultivos.

Sistemas de riego automáticos, sensores conectados a internet, plataformas que analizan datos agrícolas o aplicaciones móviles que permiten controlar una explotación a distancia forman parte de un nuevo modelo productivo que ya se está implantando en distintas regiones agrícolas del mundo.

Todas ellas forman parte de una nueva forma de entender la agricultura: una agricultura basada en información. “Lo importante es que los agricultores pierdan el miedo a probar estas tecnologías”, concluye Marina Corchado. “A veces basta con empezar con algo sencillo y comprobar todo lo que se puede aprender del propio cultivo”.

Porque, aunque muchas veces pase desapercibida, la revolución tecnológica del campo ya ha empezado. Y también se está gestando en Extremadura.

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