Una alternativa agroindustrial para el campo extremeño
Cáñamo, la fibra del futuro que viene del pasado
Un proyecto transfronterizo, coordinado desde Extremadura por el Cicytex, plantea recuperar el cultivo del cáñamo industrial, abandonado hace décadas, abordando toda la cadena de producción. El objetivo: elaborar desde materiales de construcción a alimentos y biocombustibles

Una parcela sembrada de cáñamo industrial en la Finca La Orden, del Cicytex. / Cicytex
Durante siglos, las fibras del cáñamo, largas, resistentes al desgaste y a la humedad, sirvieron para fabricar muchos productos de uso cotidiano: cuerdas y sogas, velas de barco, sacos y costales, ropa de trabajo o alpargatas. Eso sucedió hasta que, bien entrado el siglo XX, los materiales sintéticos se empezaron a generalizar y estas aplicaciones tradicionales del cáñamo fueron retrocediendo. Conforme esto sucedía, también fue menguando la superficie dedicada a este cultivo en España, hasta convertirla, como es hoy, en prácticamente residual.

Luis Royano, coordinador del proyecto, en una finca de cáñamo industrial en la comarca de La Vera. / Cicytex
Ahora un proyecto transfronterizo en el que toman parte varios centros de investigación de España y Portugal y que lidera el Centro de Investigaciones Científicas y Tecnológicas de Extremadura (Cicytex) plantea recorrer el camino inverso: recuperar el cultivo abordando toda la cadena de producción del cáñamo industrial. Desde el campo hasta su transformación en biomateriales y alimentos, productos a menudo muy distintos a los que se manufacturaron hace décadas con esta planta.

Investigadores de los centros y universidades que toman parte en el proyecto, en las instalaciones de la finca La Orden, de Cicytex. / Cicytex
Se trata de relanzar el cáñamo industrial «casi como si su fuera algo nuevo, porque hace muchos años que no se cultiva, y hacerlo con las directrices de una economía circular», resume Luis Royano, coordinador del proyecto e investigador del Cicytex.
Apenas unos cientos de hectáreas quedan actualmente en todo el país sembradas con este vegetal de la familia de las cannabáceas. En otros, en cambio, sí que está más extendido. Es lo que sucede en Francia, que es el principal productor de cáñamo industrial del mundo, gracias a que hay una industria transformadora que lo respalda para usos como fibra industrial, materiales de construcción, papel, biocomposites o alimentación. Y ese es precisamente el objetivo con el que se plantea este proyecto: dar un aprovechamiento integral a este cultivo que sea aplicable en Extremadura y en las regiones portuguesas del Alentejo y Centro. Aborda cuatro pilares de investigación aplicada: agronomía, industria, energía y nutrición.
Ventajas del cultivo
Dentro del primero de ellos, su puesta en campo, Royano destaca que es un cultivo que, entre otras ventajas, ofrece la de requerir un consumo de agua inferior a otros como el maíz o el tomate. También que, al menos «en estos primeros años de uso del cultivo [los que el Cicytex lleva estudiándolo] la incidencia de plagas y enfermedades está siendo mínima», por lo que no ha necesitado de herbicidas.

Plantas de cáñamo, que pueden llegar a alcanzar varios metros de altura. / Cicytex
Asimismo, añade Royano, esta planta se caracteriza por ser una opción idónea para la rotación de cultivos en zonas de regadío en intensivo. Lo es, por un lado, porque evita enfermedades y plagas que repercuten en la productividad y que aparecen en situaciones de monocultivo; por otro, porque regenera la salud del suelo. «En la comarca de La Vera, por ejemplo, puede ser muy interesante como alternativa o para la rotación con el tabaco», apunta.

Tamizado de fibra de cáñamo molido. / Cicytex
A juicio de este experto, «Extremadura, tiene las mejores condiciones climáticas en cuanto a temperatura e intensidad lumínica para que el cáñamo se desarrolle». En general, todo lo que es la zona mediterránea de Europa (España, Portugal, Italia o Grecia) reúne estas características.
No obstante, también habrá que evaluar y seleccionar las variedades de cáñamo industrial óptimas para que se amolden a ellas. «La normativa del cáñamo te exige, para poder cultivarlo, que utilices las variedades que se encuentran dentro del registro europeo, que están adaptadas la mayoría a las condiciones del norte de Europa, que es donde está mucho más desarrollado el cultivo», precisa este investigador.

Preparación en laboratorio de muestras de fibra larga de cáñamo. / Cicytex
Ya se están haciendo pruebas para ver cuáles se comportan mejor en las condiciones del sur de España. «Lo ideal sería tener una variedad adaptada a las condiciones climáticas nuestras, que las había en tiempos pasados cuando el cultivo se desarrolló, pero que con el paso de los años y, al no usarse, han ido desapareciendo», aclara.
Además, el contexto del cáñamo industrial tiene una particularidad: las variedades autorizadas en la UE deben estar por debajo de un límite legal de THC (tetrahidrocannabinol), que es el principal compuesto psicoactivo del cannabis, lo que también restringe el abanico de variedades que puede emplearse. Así que habrá que controlar que no se superen los límites normativos (por debajo del 0,3% de THC).
Otros tres pilares
Más allá de los estudios de campo, hay otros tres ejes de investigación aplicada dentro de este proyecto: industria, energía y nutrición. Aquí entran el desarrollo de bioplásticos, envases para embalaje (combinados en distintos porcentajes con cartón), filamentos para impresión 3D o materiales de construcción (mezclas asfálticas); pero también el de biocombustibles a partir de subproductos y residuos sólidos (pellets o biogás); y la elaboración de alimentos y piensos.

Viales con fibra de cáñamo. / El Periódico
Esta última línea de trabajo está encaminada a la formulación de nuevos ingredientes, derivados de las semillas del cáñamo, que destacan por sus proteínas, ácidos grasos esenciales y nutrientes. Y uniendo a ellas los tallos, también contempla la fabricación de piensos animales, lo que daría la posibilidad de sustituir otros ingredientes que no son de origen local.
El proyecto, denominado Hempvalue, tiene un periodo de ejecución de 36 meses (hasta 2028). Además de la coordinación del Cicytex, cuenta con la participación de varias entidades del sistema extremeño de ciencia, tecnología e innovación, como el Instituto Tecnológico de Rocas Ornamentales y Materiales de Construcción (Intromac), el Centro Tecnológico Nacional Agroalimentario Extremadura (Ctaex); así como con los Institutos Politécnicos de las localidades portuguesas de Portalegre y Leiria; el Instituto de Investigación y Desarrollo Tecnológico en Construcción, Energía, Medio Ambiente y Sostenibilidad (Itecons); y el Centro Tecnológico para la Industria de Moldes, Herramientas Especiales y Plásticos (Centimfe). Las dos últimas entidades están ubicadas también en Portugal: Coimbra y Marinha Grande.
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