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Formación sobre terreno

Guinea-Bissau se empapa en las huertas extremeñas del riego por goteo: "No es lo mismo sacar el agua a cubos"

Cuatro técnicos formados por la ONG Soguiba salen por primera vez de su país para formarse con los hortelanos de la Ribera de Cáceres antes de volver a las aldeas donde impulsan escuelas, pozos y agricultura comunitaria

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Cáceres

Soguiba lleva 25 años trabajando en cooperación al desarrollo en Guinea-Bissau. Allí no solo se ha dedicado a la promoción de la educación, la construcción de escuelas o la apertura de pozos para el abastecimiento de agua, sino que ha formado a personal local para que sean ellos quienes impulsen los cambios sobre el terreno. Ahora hay una red de horticultoras en 57 comunidades, con huertas levantadas en buena medida gracias al apoyo extremeño

Ese trabajo ha permitido que alrededor de 30 guineanos estén contratados allí como técnicos sobre el terreno. Cuatro de ellos han salido del país por primera vez para visitar Cáceres, en un viaje de 15 días que les servirá tanto para explicar su realidad como para formarse y seguir generando cambios y desarrollo en sus aldeas. Entre las visitas de estos días ha estado la Ribera del Marco, donde han podido conocer técnicas agrícolas y valorar si algunas de ellas pueden adaptarse después a su país.

Antonio Leal, hortelano cacereño y presidente de la Comunidad de Regantes La Concordia, les enseñó junto a otro compañero cómo funcionan los sistemas de riego, los cultivos y las semillas. Les dieron calabaza, melón, perejil, puerro, sandía autóctona, huesos de albaricoque y una variedad de melocotón rojo. También probaron tomates. "Venían con muchas ganas de aprender", relata Leal.

El agua

En Guinea-Bissau, explica la coordinadora de Soguiba, Pilar Milanés, las mujeres son quienes se dedican principalmente a la horticultura y su trabajo es eminentemente agrícola. Recogen mango y anacardo, labran arroz, transforman hojas de palmera en escobas para barrer o elaboran carbón. "Con las huertas, una de las cosas que se ha conseguido es diversificar la dieta y estamos cambiando un poco el modelo de autoconsumo con la venta de excedentes para que puedan mejorar económicamente", señala Milanés.

Por eso, durante la visita a la Ribera de Cáceres, una de las cosas que más les llamó la atención fue el riego por goteo. Sin embargo, no siempre es fácil encontrar en su país materiales. "Nos contaron que utilizan instalaciones antiguas a base de boquillas, pero como el agua tiene mucha caliza, se atascan con frecuencia. Necesitan un tipo de goteo que no les dé esos problemas, por eso se fueron tan contentos", explica el hortelano.

Otra de las principales trabas es el agua, que condiciona la vida de las huertas durante medio año, con seis meses de temporada seca y seis meses de lluvia. Los técnicos explicaron a Leal que ahora están construyendo pozos de sondeo, aunque muchos de los que tienen hoy son tradicionales y obligan a extraerla a mano. "No es lo mismo disponer de un depósito de 1.000 litros y regar mediante goteo una pequeña parcela familiar que tener que sacar el agua a mano con regaderas".

Albaricoques y cera de miel

Milanés cuenta que los cuatro se sorprenden con muchos de los aprendizajes porque en Guinea-Bissau no tienen acceso habitual a buena parte de las experiencias que están conociendo estos días en Extremadura. Uno de los ejemplos está en la transformación de la miel. Allí la aprovechan para el consumo, pero no suelen dar uso a la cera, que durante esta visita han descubierto que puede servir para elaborar velas, cremas faciales, protectores labiales o elementos decorativos.

La coordinadora de Soguiba cree que ese contacto directo con proyectos extremeños les permite imaginar nuevas posibilidades para su tierra. "Me transmiten que pueden ver lo que significa tener desarrollo, es como si estuvieran presenciando el futuro de su país", señala.

La visita a la Ribera también dejó alguna anécdota. Antonio Leal recuerda que les dieron a probar albaricoques, una fruta que no conocían. Uno de ellos preguntó qué era y la conversación derivó en que en España muchas de estas variedades pueden encontrarse en supermercados como Mercadona. El técnico respondió convencido que, cuando volviera, iba a "plantar Mercadona". A Leal la escena le hizo gracia, pero también le sirvió para comprobar la curiosidad con la que habían llegado. "Estaban muy interesados y preguntaban muchísimo. Yo les dije que no se fueran con ninguna duda", cuenta.

Para el hortelano la experiencia ha dejado huella. "La verdad es que casi se me saltan las lágrimas al despedirnos", reconoce. "Nosotros también somos gente muy abierta y la experiencia ha sido fabulosa. Da pena que no estén más cerca y que no se les pueda ayudar más, porque realmente lo merecen".

Técnicos, no visitantes

El grupo forma parte del equipo local de Soguiba y se dedica profesionalmente a la gestión de los proyectos, la contratación de servicios de construcción, el control económico y las formaciones en las aldeas. En las huertas, por ejemplo, son ellos quienes forman a las mujeres en horticultura y quienes hacen después el seguimiento para que las actuaciones no dependan siempre de técnicos desplazados desde Extremadura.

Los cuatro llegaron el viernes y además de la Ribera de Cáceres, han pasado por JATO, han conocido experiencias agroecológicas, han participado en formaciones sobre cohesión y trabajo en equipo, han visitado Extremadura Entiende y tienen previstos encuentros con cooperativas del Geoparque Villuercas-Ibores-Jara, Mujeres en Zona de Conflicto, el Punto de Activación Empresarial y el espacio solidario Numbara.

Cooperar en origen

Esa idea conecta con el debate abierto sobre la cooperación internacional. Para Milanés, el trabajo que Soguiba desarrolla en Guinea-Bissau demuestra precisamente lo contrario de lo que a veces se plantea desde la política: cooperar en los países de origen no favorece la salida de la población, sino que puede ayudar a que muchas personas tengan allí oportunidades para construir una vida.

La coordinadora de la ONG extremeña defiende que los proyectos de educación, abastecimiento de agua, agricultura y formación profesional no son una ayuda abstracta, sino herramientas concretas para que las aldeas puedan sostenerse. La visita de estos cuatro técnicos a Cáceres, insiste, tiene sentido porque después volverán a su país para aplicar lo aprendido con su propia gente.

"Todo esto es posible, en parte, gracias a la cooperación extremeña", reivindica Milanés. A su juicio, también es una forma de mostrar "en positivo" lo que supone este trabajo y de recordar que Extremadura "es una tierra de acogida, una tierra solidaria y una tierra que tiene mucho que ofrecer a otros pueblos y a otros países".

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