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Peregrinación extremeña

El Camino Romano a Guadalupe se organiza para impulsar una ruta de 155 kilómetros desde Mérida

La constitución de un comité territorial busca reforzar el recorrido histórico con más coordinación entre pueblos, asociaciones y empresas vinculadas al itinerario

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Cáceres

El Camino Romano a Guadalupe tiene 155 kilómetros, arranca en el origen romano de Mérida, atraviesa la huella medieval extremeña bajo la silueta del castillo de Medellín y el paisaje del Guadiana. Roza el corazón de las Vegas Altas por Don Benito y Villanueva de la Serena hasta entrar en Madrigalejo con la memoria de Fernando el Católico. Avanza después hacia Logrosán, entre antiguos caminos mineros, hasta llegar a Cañamero, que abre la entrada a Las Villuercas. El recorrido termina ante el Real Monasterio de Santa María de Guadalupe, uno de los grandes santuarios de la Península y Patrimonio Mundial de la Unesco desde 1993.

Durante siglos, este trazado fue vía de paso para comerciantes, arrieros, ganado, caballerías y desplazamientos militares. La red de caminos hacia el monasterio movió durante siglos a reyes, religiosos, viajeros y peregrinos anónimos. Con la intención de fortalecer ese recorrido, este jueves se constituirá en la Casa Señorial de los Guillén de Don Benito el Comité Territorial del Camino Romano. Su objetivo es reunir a los agentes que viven o trabajan junto al itinerario para mejorar el camino de cara a los visitantes.

La vieja calzada hacia Guadalupe

La ruta es heredera de la antigua calzada que unía Mérida con Toledo, aunque pudo levantarse sobre caminos más antiguos relacionados con el tránsito hacia las zonas de estaño y oro de la Lusitania.

Durante siglos, el recorrido mantuvo su papel como vía de comunicación. Por él circularon mercancías y viajeros hasta que Guadalupe empezó a consolidarse como centro de peregrinación al final de la Baja Edad Media. El esplendor llegó entre los siglos XV y XVI, cuando el monasterio alcanzó una importancia que desbordaba lo religioso. Por esta vía pasaron los Reyes Católicos, Cristóbal Colón, Hernán Cortés, Miguel de Cervantes o Íñigo López de Mendoza.

Madrigalejo y la memoria de Fernando el Católico

Uno de los enclaves más reconocibles del recorrido está en Madrigalejo. Allí murió Fernando el Católico el 23 de enero de 1516, en la casa que los jerónimos de Guadalupe tenían en la villa, cuando se dirigía al monasterio para presidir el capítulo de la Orden de Calatrava.

Isabel y Fernando visitaron en varias ocasiones el monasterio y contribuyeron a reforzar el prestigio que ya tenía como centro religioso de referencia. Ese movimiento constante de viajeros hizo que los caminos guadalupenses funcionaran también como arterias políticas, comerciales y administrativas. El Camino Romano sirvió durante siglos para comunicar territorios, facilitar intercambios y canalizar el flujo de peregrinos que tenían a Guadalupe como destino.

Un trazado para hacer a pie, en bicicleta o a caballo

El atractivo actual del Camino Romano está en la continuidad de su trazado. La ruta puede realizarse a pie, en bicicleta o a caballo, lo que amplía el perfil de sus posibles usuarios. Hay peregrinos que buscan llegar al santuario, senderistas que se acercan por etapas, cicloturistas interesados en los caminos naturales y viajeros que encuentran en el recorrido una forma distinta de enlazar patrimonio, pueblos y paisaje.

El acto de este jueves en Don Benito pretende abrir una nueva fase para el Camino Romano. La constitución del comité territorial tiene como objetivo que la ruta no dependa solo de iniciativas aisladas en cada municipio, sino coordinar mejor a los agentes del territorio y trabajar de forma conjunta en la recuperación, promoción y mantenimiento del itinerario.

Don Benito reúne a los agentes del itinerario

El programa incluye la presentación de las líneas estratégicas y los objetivos de la Red de Cooperación de los Caminos Históricos de Peregrinación a Guadalupe, la proyección del nuevo vídeo promocional del Camino Romano y la constitución formal del comité mediante la firma institucional.

La convocatoria está dirigida a quienes pueden tener un papel directo en la experiencia del visitante. No solo a las administraciones, sino también a alojamientos, restaurantes, empresas de turismo activo, asociaciones de senderismo, colectivos cicloturistas, caballistas, parroquias y hermandades. Son quienes pueden ayudar a que el camino tenga servicios, información y continuidad más allá de la señalización.

Los pueblos que sostienen la ruta

El recorrido tiene una dimensión patrimonial evidente, pero también una lectura económica para los municipios por los que pasa. Un camino de peregrinación funciona cuando quien lo recorre encuentra dónde dormir, dónde comer, qué visitar, cómo orientarse y qué servicios tiene disponibles en cada etapa.

Para los pueblos del trazado, el Camino Romano puede suponer una vía para diversificar la llegada de viajeros, reforzar negocios locales y vincular su patrimonio a una red más amplia. Mérida y Guadalupe tienen por sí solas una enorme capacidad de atracción, pero el valor del itinerario está también en los lugares intermedios. Ahí aparecen Medellín, Don Benito, Villanueva de la Serena, Madrigalejo, Logrosán o Cañamero.

Guadalupe fue durante siglos mucho más que un destino religioso. Su monasterio convirtió a la puebla cacereña en una de las grandes metas de peregrinación de la Península, con una red de caminos que llegaban desde distintos puntos de España y Portugal. La recuperación de esos itinerarios permite mirar de nuevo a un patrimonio que reside también en los trayectos que los hicieron posibles.

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