Tragedia en Venezuela
Laura, venezolana en Extremadura, pierde a tres familiares en el terremoto: "Mis tías han tenido que sacar los cuerpos escarbando con las manos"
Esta joven residente en Mérida denuncia que sus familiares tuvieron que trasladar los cadáveres en coches particulares hasta la morgue y lamenta la falta de medios públicos tras el temblor

Laura Hernández, venezolana en Extremadura, pierde a tres familiares en el terremoto: "Mis tías han tenido que sacar los cuerpos escarbando con las manos" / JAVIER CINTAS
La noticia llegó a Mérida de madrugada, a través del teléfono. "Un contacto mío de Venezuela puso por WhatsApp: temblor durísimo", recuerda Laura Hernández. Eran alrededor de las doce de la noche en España y en Venezuela apenas pasaban de las seis de la tarde. Empezó a escribir "como loca" en los grupos familiares para comprobar que todos estaban bien: casi todos respondieron, ellos no.
Al otro lado de la pantalla, en ese país del que salió buscando oportunidades y al que no ha podido regresar desde que emigró en 2019, tres miembros de su familia han muerto bajo los escombros de un edificio derrumbado por el terremoto. Su tío, de 45 años, y dos primos. Una niña de 15 años y un joven de 26, la misma edad que ella.

Gerardo José Méndez, Geraldine y Gerardo, familares de Laura fallecidos en el terremoto de Venezuela. / El Periódico
"Mi caso personal ha sido muy fuerte", resume esta joven venezolana, residente en la barriada emeritense de María Auxiliadora. Lo dice con una serenidad rota, como quien intenta poner orden a una tragedia que todavía no cabe en ninguna frase. Sus familiares estaban en La Guaira, en un complejo residencial formado por dos torres. Primero cayó una. Después, esa misma estructura tumbó la otra. Ellos quedaron atrapados en el piso 11.
Horas pegada al móvil
A partir de ahí comenzó una espera desesperada. Fotos compartidas en redes sociales, mensajes cruzados, llamadas, preguntas sin respuesta. Laura sabía que sus familiares estaban justo en la zona donde el seísmo había golpeado con más fuerza. Desde Mérida, lo único que podía hacer era mirar el móvil.
"No he podido dejarlo. Ayer, hasta que me enteré, no pude soltar el móvil", cuenta. Laura está en paro y pasó esas horas en casa. Sufre ansiedad y asegura que llegó a desvanecerse dos veces. Su pareja, también venezolana, tuvo que abandonar el trabajo porque su jefe le dijo que se marchara al verla tan afectada.
La confirmación llegó por WhatsApp. Un primo escribió el mensaje que nadie quería leer: ya los habían encontrado. "Nos dio la noticia así, a pelo: ya los hemos encontrado y los hemos encontrado muertos", relata Laura. Para entonces habían pasado casi 16 horas desde el derrumbe.
En la zona había presencia de Protección Civil, pero no suficientes bomberos: fueron sus propias tías, la madre y esposa de los fallecidos, y sus hermanas, quienes removieron los escombros. En el momento del terremoto estaban en Caracas, a unos 20 kilómetros de La Guaira. "Ellas fueron quienes con sus manos encontraron los cuerpos, escarbando", cuenta. La familia cree que la muerte pudo ser instantánea, aunque Laura reconoce que siempre quedará la duda más cruel: qué hubiera pasado si hubieran llegado antes.
El dolor se mezcla con una sensación de injusticia. "El terremoto no se pudo evitar, pero la manera en la que accionaron los entes públicos fue de pena", denuncia. Para Laura, lo ocurrido no puede contarse solo como una catástrofe natural. "No es solo un terremoto. Mi país va a ser muy difícil que vuelva a estar bien. Muy, muy, muy difícil", lamenta.
Cuerpos trasladados en coches particulares
Después de encontrar los cuerpos, la familia tuvo que afrontar otra escena difícil de asumir. Según relata Laura, sus tías recorrieron hospitales de La Guaira buscando a alguien que pudiera firmar los certificados de defunción, pero la situación estaba desbordada y nadie pudo resolverlo. Entonces tomaron una decisión extrema: trasladar los cadáveres en sus propios vehículos. "En sus coches particulares han tenido que llevar los tres cuerpos de mis familiares hacia la morgue de Bello Monte", explica. Fueron, según su testimonio, entre 30 y 40 kilómetros hasta Caracas para poder entregarlos en la morgue pública.
Laura habla desde Mérida mientras en Venezuela sus familiares intentan organizar el velorio y el entierro. Aún no sabe dónde será. Tampoco puede estar allí. Esa distancia, dice, es una de las heridas más profundas de la emigración.

Lucía Feijoo Viera
El dolor de estar lejos
Laura llegó a España en 2019 y se instaló definitivamente en Mérida en 2022. Vino, como tantos venezolanos, porque la situación en su país se había vuelto "insostenible". Aquí vive con su pareja, aunque su madre también reside en la ciudad. Desde que salió de Venezuela no ha podido volver.
La familia, cuenta, sigue unida a través de un grupo de WhatsApp en el que hablan todos los días. "Estamos cerca por teléfono", dice. Pero el teléfono, en una tragedia así, también se convierte en una frontera insoportable. "Lo difícil realmente es estar fuera de tu casa, porque estas situaciones pasan sin avisar", reflexiona.
Laura insiste en que el dolor de los venezolanos que viven lejos tiene mucho que ver con esa impotencia: no poder ayudar, no poder aportar, no poder acompañar a los suyos en el momento más duro. En el grupo de venezolanos en Mérida, ella compartió las fotos de sus familiares cuando todavía estaban desaparecidos. Lo hizo por necesidad, por sentir que podía hacer algo desde aquí. Después, otras personas empezaron a difundir imágenes de familiares a los que tampoco encontraban. "Creo que todos han vuelto a aparecer. Yo creo que he sido la única que no he tenido la suerte de encontrarlos con vida", dice.
Laura no quiere que su testimonio sea solo una historia de dolor íntimo. Quiere que sirva para mirar hacia Venezuela y entender la magnitud de lo ocurrido. Para que se sepa que hubo familias buscando con las manos. Que hubo cuerpos trasladados en coches particulares. Que hubo personas atrapadas durante horas y familiares al otro lado del océano sin poder hacer nada. "Lo que me queda por transmitir es el dolor que podemos sentir todos los venezolanos al no tener maneras de ayudar y de estar con nuestros seres queridos", resume.
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