Catástrofe sísmica
El presidente de la Asociación de Venezolanos en Extremadura: "Hay gente que aún lucha por su vida bajo los escombros"
Alessandro Testa, presidente de Asovenex, relata la angustia por seis familias de su ciudad desaparecidas en La Guaira, mientras Rafael Colmenares, residente en Cáceres, advierte de que en Venezuela "no hay maquinaria pesada ni medicamentos"

Personas caminan sobre escombros de edificios derrumbados por los terremotos este jueves, en el sector San Bernardino, en Caracas (Venezuela). / Carlos Seijas - Efe
Alessandro Testa habla desde Mérida, pero tiene la voz en Venezuela. En los vídeos que le llegan al móvil. En las llamadas que no terminan de entrar. En los nombres de quienes estaban celebrando junto al mar y este jueves seguían sin aparecer. "Hay gente que aún lucha por su vida bajo los escombros", dice el presidente fundador de Asovenex, la Asociación de Venezolanos en Extremadura, mientras intenta poner palabras a una catástrofe que la comunidad venezolana en la región vive con el teléfono en la mano y el corazón encogido.
El terremoto que ha sacudido Venezuela ha golpeado especialmente zonas como La Guaira, en la costa caribeña, donde estos días se celebraban los Tambores de San Juan y donde la ocupación hotelera era elevada. Entre quienes habían viajado hasta allí, según ha contado Testa, había seis familias de Charallave, su ciudad natal, de las que este jueves no se sabía nada. El temor es que pudieran estar alojadas en uno de los hoteles que se ha venido abajo.
"Las conocía, somos de una zona donde nos habíamos criado juntos en la ciudad de Charallave. Es muy duro ver los vídeos de esas familias del día anterior, no sabemos cómo están, se nos amarga el corazón", explica.

Alessandro Testa, presidente de la Asociación de Venezolanos en Extremadura. / Cedida
Es muy duro ver los vídeos de esas familias del día anterior, no sabemos cómo están, se nos amarga el corazón
Día de fiesta, una tragedia mayor
Alessandro Testa ha relatado que La Guaira se encontraba estos días especialmente concurrida por las fiestas. "Se celebraban los Tambores de San Juan", señala. Esa concentración de personas ha hecho que la tragedia golpee con más dureza emocional a muchas familias que ahora buscan información desde dentro y fuera del país.
"La ocupación hotelera estaba bastante elevada y la ocupación de viviendas de alquiler también", añade el presidente de Asovenex, que afirma que la incertidumbre se ha extendido entre los venezolanos que viven en Extremadura. Hay llamadas cruzadas, grupos de WhatsApp, vídeos compartidos y listados de desaparecidos. Y, sobre todo, una espera que se alarga.
En Charallave, su ciudad de origen, el terremoto también se ha sentido con fuerza. Testa describe que hay infraestructuras con daños severos y edificios desalojados por riesgo, aunque sin derrumbes generalizados. "En Charallave como tal no hubo ningún derribo, simplemente los daños psicológicos que puedes tener y los daños materiales".
"Venezuela no está preparada"
El presidente de Asovenex reconoce y a la vez lamenta que "Venezuela no está preparada para tragedias naturales". El país no está acostumbrado a responder a emergencias de semejante magnitud y eso complica la reacción en las primeras horas.
"No es muy normal ver tragedias naturales en Venezuela. La última fue por el año 2000, cuando hubo una vaguada casualmente en La Guaira. Y 26 años después nos pasa otra tragedia", recuerda. Para Alessandro Testa, la falta de preparación se nota ahora en la dificultad para coordinar rescates, atender a los afectados y responder con rapidez. "Nos cuesta mucho reaccionar a ellas. Es la realidad", ha señalado.
"No hay maquinaria pesada ni medicamentos"
Esa misma preocupación la comparte Rafael Colmenares, venezolano residente en Cáceres desde hace casi siete años. Vive en la ciudad con su esposa, se ha hecho autónomo y ha abierto un bar café. Su familia directa está a salvo, pero desde la madrugada del terremoto no ha dejado de mirar a Venezuela.
"Mi esposa estaba hablando con sus hermanas y ellas sintieron que se movían las paredes", relata. Al principio pensaron que era un temblor leve, pero con el paso de la noche se confirmó la magnitud de la tragedia. "Ya cuando avanzaba la noche, porque aquí era la una de la mañana, se certificó que fue un terremoto", explica.

Rafael Colmenares, venezolano residente en Cáceres desde hace siete años. / Cedida
Mi esposa estaba hablando con sus hermanas y ellas sintieron que se movían las paredes"
Sus familiares viven en la zona de los Llanos y no han sufrido daños, pero Colmenares no puede separar ese alivio del dolor por sus compatriotas. "Lamento por los demás hermanos venezolanos lo que están viviendo, porque muchos se quedaron sin hogar, sin empleo, muchas industrias se acabaron".
El diagnóstico que le llega desde allí es de emergencia absoluta. "En estos momentos en Venezuela no hay agua, no hay luz, no hay servicios eléctricos, no hay maquinaria pesada para mover escombros". También asegura que escasean los recursos sanitarios. "No hay medicamentos, los hospitales están en el suelo".
Ayuda desde Extremadura
Asovenex está estudiando cómo canalizar la ayuda desde Extremadura de la forma más eficaz posible. Testa ha explicado que enviar materiales desde España puede resultar complicado por los costes, los problemas logísticos y las dificultades de transporte, por lo que la asociación valora fórmulas que permitan disponer de recursos directamente en las zonas próximas a la tragedia. "A lo mejor, en vez de comprar 20 euros en medicamentos o 10 en ropa, vale la pena crear una cuenta para que ese dinero sea automáticamente disponible y usado allí", indica.
Colmenares también plantea organizarse desde Cáceres junto a Cáritas para reunir ayuda: "Hacer una operación pote, una operación ropa, una operación medicina...". "En estos desastres todo el mundo queda en la calle", resume.
Una comunidad pendiente de Venezuela
Asovenex nació hace un año para organizar y acompañar a una comunidad venezolana cada vez más numerosa en Extremadura. Testa cifra en más de 4.000 los venezolanos residentes en la región y en más de 1.200 los que viven solo en Mérida. La asociación trabaja en la orientación de los recién llegados, la inserción laboral y la integración social.
Pero este jueves todo eso ha quedado en segundo plano. La prioridad ha sido saber quién está bien, quién falta y cómo se puede ayudar. "Nos sentimos acogidos porque nos sentimos en casa", ha dicho Testa sobre Extremadura. Ahora, sin embargo, esa casa mira hacia Venezuela.
La asociación también ha organizado una misa este domingo en la iglesia del Calvario de Mérida, con una ofrenda floral por las víctimas y por las personas desaparecidas. Testa habla de ellas con esperanza, pero también con miedo. "Confiamos plenamente en que muchas puedan ser rescatadas", ha afirmado. Colmenares, desde Cáceres, intenta sostener el mismo mensaje entre la angustia. "Yo sé que de estas también vamos a salir", ha dicho.
En Extremadura, la comunidad venezolana sigue pendiente de cada llamada, cada vídeo y cada mensaje. Porque para muchos el terremoto no ha ocurrido lejos: ha ocurrido allí donde todavía queda parte de su vida.
Fuente: El Periódico de Extremadura
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