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Alianzas políticas

Moreno Bonilla cierra lo que abrió Guardiola: el nuevo mapa autonómico PP-Vox pivota sobre la prioridad nacional, el campo y la migración

El acuerdo que permitió investir en abril a la presidenta extremeña marcó el inicio de un ciclo que después se ha repetido en Aragón, Castilla y León y Andalucía, con Vox dentro de los gobiernos y una agenda común en inmigración, desregulación y sector primario

Los acuerdos sellados entre abril y julio por PP y Vox en Extremadura, Aragón, Castilla y León, y Andalucía.

Los acuerdos sellados entre abril y julio por PP y Vox en Extremadura, Aragón, Castilla y León, y Andalucía. / El Periódico

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Cáceres

La secuencia empezó en Extremadura y se cierra ahora en Andalucía. El pacto que permitió en abril la investidura de María Guardiola y la entrada de Vox en la Junta se ha convertido, apenas tres meses después, en la primera pincelada de un nuevo mapa autonómico PP-Vox que se ha extendido después a Aragón, Castilla y León y Andalucía, donde este mismo jueves ha sido investido Juanma Moreno Bonilla. Lo que en Extremadura costó casi cuatro meses de bloqueo, reproches cruzados y negociación al límite ha terminado consolidándose como una fórmula repetida allí donde el PP necesita a Vox para gobernar.

El acuerdo andaluz tiene una carga política especial. Moreno Bonilla había defendido durante semanas su intención de gobernar en solitario, pero finalmente ha aceptado la entrada de Vox en su Ejecutivo con una vicepresidencia y una macroconsejería de Turismo, Desregulación, Justicia y Administración Local. El documento programático incluye 150 medidas y reproduce buena parte de los ejes que ya habían aparecido en los pactos anteriores: la "prioridad nacional", la migración, la defensa del campo, la desregulación administrativa, las rebajas fiscales y la crítica a determinadas políticas climáticas y ambientales.

Así se cierra el intenso ciclo de elecciones que recorre España desde diciembre. Primero fue Extremadura, después Aragón, más tarde Castilla y León y ahora Andalucía. En todos los casos, Vox ha exigido no solo apoyar desde fuera, sino entrar en los gobiernos autonómicos y dejar por escrito parte de su agenda. El PP, con distinto tono según el territorio, ha tratado de encajar esos acuerdos con conceptos suaves como estabilidad, arraigo, legalidad o eficiencia administrativa, para poder llegar realmente a coaliciones con compromisos presupuestarios y cesiones programáticas.

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Javier Cintas

Extremadura, punto de partida

El punto de partida de este ciclo estuvo en Extremadura. El acuerdo entre PP y Vox se selló el 16 de abril, tres meses y 26 días después de las elecciones autonómicas. Permitió desbloquear la investidura de María Guardiola y otorgó a Vox una vicepresidencia, además de dos áreas de peso político: Servicios Sociales, Familia y Desregulación, por un lado, y Agricultura, Ganadería y Medio Natural, por otro.

El documento extremeño incluyó 74 medidas recogidas en 61 puntos y el compromiso de aprobar cuatro presupuestos durante la legislatura. Pero su importancia política fue más allá de los números. En el texto quedaron fijados varios de los elementos que después han protagonizado otros pactos autonómicos: la "prioridad nacional", la oposición al reparto de menores migrantes, la reducción de trabas burocráticas, el peso del sector primario, la crítica a la Agenda 2030 y la revisión del gasto público.

La "prioridad nacional" fue el concepto más polémico. Vox lo defendió como una forma de dar preferencia en el acceso a ayudas y recursos públicos a quienes acrediten arraigo en el territorio. El PP lo asumió con la condición de encajarlo dentro de la legalidad vigente. Desde entonces, esa fórmula ha pasado de ser uno de los puntos más discutidos del pacto extremeño (la polémica impregnó las instituciones política de norte a sur) a convertirse en una cláusula común en los acuerdos autonómicos posteriores.

También fue relevante el reparto de áreas. Vox asumió en Extremadura competencias prioritarias para su discurso político, como familia, infancia, servicios sociales, cooperación internacional, desregulación y agricultura. Ese esquema, con la formación de Santiago Abascal dentro de los gobiernos y con capacidad para condicionar políticas sociales, rurales o administrativas, se ha repetido después con distintas fórmulas.

Aragón y Castilla y León consolidan el patrón

Aragón fue el siguiente paso. Jorge Azcón y Vox cerraron un acuerdo de gobierno con trece grandes bloques programáticos y casi cuarenta páginas. De nuevo aparecieron la "prioridad nacional", el rechazo a la llegada de más menores extranjeros no acompañados, la rebaja fiscal, la eliminación de impuestos medioambientales, la defensa del sector primario y la crítica al Pacto Verde Europeo.

El acuerdo aragonés reforzó otra de las claves del ciclo: Vox no se conforma con exigir desde fuera. La formación obtuvo tres consejerías y una vicepresidencia, con áreas vinculadas a desregulación, servicios sociales, familia, agricultura, medio ambiente y turismo. Un esquema en paralelo con el extremeño: presencia institucional y un documento programático con compromisos para cuatro años.

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Castilla y León completó después el tercer pacto. Alfonso Fernández Mañueco volvió a sellar una alianza con Vox tras las elecciones autonómicas de marzo y recuperó también la "prioridad nacional" como una de las banderas del acuerdo. La comunidad ya había sido en 2022 el primer territorio autonómico en el que Vox entró en un Ejecutivo regional de la mano del PP, pero el nuevo pacto de 2026 recupera el gobierno compartido entre ambas formaciones.

Andalucía cierra el círculo

La investidura de Moreno Bonilla cierra ahora el círculo autonómico. Andalucía era la pieza más relevante por peso demográfico y por el perfil que el propio Moreno había construido durante años: un liderazgo basado en la moderación, la mayoría amplia y la voluntad de gobernar sin depender de Vox.

El acuerdo final rompe esa aspiración. Vox entra por primera vez en el Gobierno andaluz y lo hace con una vicepresidencia y una consejería de amplio alcance. A cambio, el PP logra retener áreas estratégicas como Agricultura, pero acepta un documento con medidas similares a las que Vox ha ido imponiendo en el resto de comunidades. Así, en Andalucía vuelve a aparecer la "prioridad nacional" para orientar el acceso a ayudas, subvenciones y prestaciones públicas. También se recoge el rechazo a la acogida de menores migrantes no acompañados, la supresión de ayudas a organizaciones que favorezcan la inmigración ilegal, rebajas fiscales, revisión del gasto público, desregulación y una posición crítica con las agendas ambientales.

El campo vuelve a ocupar un lugar central. En Extremadura, Vox asumió Agricultura, Ganadería y Medio Natural. En Aragón, el pacto incluyó medidas contra el Pacto Verde y a favor del sector primario. En Andalucía, aunque el PP conserva Agricultura, el acuerdo incorpora también menos carga administrativa, crítica a las políticas climáticas europeas y defensa del mundo rural.

Por tanto, en Extremadura, Génova interpretó el acuerdo como una fórmula útil para aplicar en otros territorios donde las mayorías absolutas ya son prácticamente inalcanzables. Y Vox aprovecha para meter su programa. Todo por la estabilidad institucional y presupuestaria de cuatro comunidades, que el tiempo permitirá comprobar si efectivamente se cumple.

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