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Cooperación internacional

Unas vacaciones en Extremadura para escapar del desierto de Argelia: "Queremos que tengan la infancia que cualquier niño merece"

Durante casi dos meses, 207 niños saharauis convivirán con familias de acogida de toda la región, donde recibirán revisiones médicas, una alimentación equilibrada y un respiro de las condiciones extremas que soportan en Tinduf

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Cáceres

"Vienen con una alegría y un ímpetu impresionantes". Los últimos 72 niños y niñas saharauis del programa Vacaciones en Paz han aterrizado esta mañana en el aeropuerto de Madrid-Barajas. Tras un ligero retraso en el vuelo, les esperaban los autobuses que ahora los llevan hasta decenas de familias de toda Extremadura, donde pasarán cerca de dos meses lejos del calor extremo de los campamentos de refugiados de Tinduf (Argelia).

"Les están esperando con mucha inquietud. Tienen muchas ganas de darles un abrazo y de empezar el verano con ellos", cuenta sin apartar la vista de los pequeños Eva María Escobar, tesorera de la Federación Sáhara Extremadura (Fedesaex). Antes de abandonar el aeropuerto, han recibido una camiseta de la organización para que ninguno se despiste entre el bullicio. Desde allí han puesto rumbo a Mérida, Zafra y Don Benito, donde las familias los recogerán para llevarlos a sus hogares, repartidos por toda la comunidad.

Con ellos se completa la llegada de 207 niños y niñas saharauis a Extremadura dentro de una nueva edición de Vacaciones en Paz. Los otros 135, acogidos por la asociación Nur Saharaui Extremadura, aterrizaron el pasado viernes y ya conviven con sus familias.

Su presidente, Juan Eusebio Solís, acoge en esta ocasión a dos niños que ahora mismo están en su casa en Valverde de Mérida. Cuenta que el vínculo que se crea es muy poderoso: "Yo los quiero enormemente a todos. Si empiezo a decir nombres, acabamos con todos los nombres saharauis de Nur".

Dos meses lejos del calor de Tinduf

En total, la asociación ha distribuido a los niños entre hogares de 59 municipios, mientras que Fedesaex ha hecho lo propio con otras decenas de familias repartidas por toda la región. Los menores tienen entre 9 y 12 años y durante casi dos meses dejarán atrás un entorno donde las temperaturas superan habitualmente los 50 grados para disfrutar de una alimentación equilibrada, revisiones médicas y actividades de ocio.

El objetivo, además, es que "tengan la infancia que cualquier niño merece", enfatiza Escobar. Para muchos de ellos, el verano transcurre en unos campamentos donde escasean el agua potable y los alimentos, las viviendas son muy precarias y las condiciones de vida se han agravado en los últimos años. "Extremadura les ofrece la oportunidad de jugar, alimentarse bien, ir al médico, conocer otra cultura y aprender otro idioma", resume.

Revisiones médicas

Nada más llegar, los niños pasan por las consultas de Pediatría y se someten a distintas revisiones médicas. Nur mantiene convenios para realizar controles auditivos y oftalmológicos, mientras que el Servicio Extremeño de Salud coordina la atención sanitaria de todos los niños.

El programa deja huella en quienes abren las puertas de su casa. En Fedesaex, entre el 75 y el 80% de las familias vuelve a repetir la experiencia cada verano. En Nur, aproximadamente la mitad también lo hace.

"El vínculo es impresionante. Empieza con el niño, continúa con su familia allí y acaba durando décadas", asegura Escobar. En ambas entidades, el contacto se mantiene durante décadas. Siguen llamándose y conservando la relación con chicos que llegaron hace años a Vacaciones en Paz.

"Algunos son ya bastante mayores, tienen veintitantos años, pero siguen siendo mis niños. El que era travieso sigue siendo travieso y el que era más tranquilo sigue siendo más tranquilo", cuenta Solís.

La realidad de los campamentos

Durante julio y agosto, las asociaciones han preparado convivencias, actividades deportivas, jornadas en piscinas municipales y encuentros entre familias repartidos por distintos puntos de Extremadura. Los pequeños también participarán en campamentos urbanos y en recepciones institucionales organizadas por ayuntamientos y otras administraciones.

Detrás de cada verano hay, sin embargo, una realidad inalterable desde hace casi cinco décadas. Los campamentos de refugiados de Tinduf siguen acogiendo a miles de personas que continúan viviendo lejos de su tierra.

"Nosotros soñamos con poder ir allí de vacaciones, no que ellos tengan que venir aquí para soportar el verano", lamenta Escobar.

Mientras tanto, Extremadura vuelve a abrir las puertas de cientos de hogares cada año para que, al menos durante unas semanas, estos niños puedan vivir una infancia que cualquier menor se merece.

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