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SOS del campo

Las temperaturas extremas asfixian al tomate extremeño: hasta un 40% menos de cosecha y pérdidas de 3.000 euros por hectárea

APAG Extremadura Asaja y UPA-UCE alertan de que la caída de la producción, unida a contratos de 107 euros por tonelada que no cubren los costes, provocará pérdidas entre los agricultores

Óscar Llanos, presidente de UPA-UCE Extremadura, en una plantación de tomate.

Óscar Llanos, presidente de UPA-UCE Extremadura, en una plantación de tomate. / El Periódico Extremadura

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Mérida

La campaña del tomate de industria se encamina hacia un resultado "desastroso" en Extremadura. Las organizaciones agrarias calculan ya una merma superior al 30% y advierten de que puede alcanzar el 40% en las explotaciones más castigadas por las sucesivas olas de calor. A la pérdida de cosecha se unen unos contratos firmados a precios inferiores a los costes de producción, una combinación que podría provocar pérdidas de entre 2.000 y 3.000 euros por hectárea.

El presidente de APAG Extremadura Asaja, Juan Metidieri, sostiene que los daños se extienden prácticamente por toda la comunidad autónoma. "Esto no entiende de comarcas o localizaciones, como puede ocurrir con una nube. Las dos olas de calor que hemos tenido y la tercera que también hemos pasado, han afectado a toda Extremadura", explica.

Aunque considera necesario esperar a que avance la recolección para cerrar una estimación definitiva, Metidieri tiene claro que las pérdidas de producción superarán el 30%. "Todavía puede ser pronto para aproximarnos con exactitud, pero está claro que hay unas pérdidas por encima de ese porcentaje. Habrá que esperar a que entren las cosechadoras en el campo", señala.

El presidente de UPA-UCE Extremadura, Óscar Llanos, eleva la merma hasta una horquilla de entre el 30% y el 40%, especialmente en las Vegas Altas y Bajas del Guadiana, donde se concentra buena parte de la producción regional. Las peritaciones comienzan coincidiendo con el inicio de la recolección de las variedades tempranas, aunque los efectos de las altas temperaturas ya son claramente visibles en las plantaciones.

Juan Metidieri, presidente de APAG Extremadura Asaja, durante una comparecencia.

Juan Metidieri, presidente de APAG Extremadura Asaja, durante una comparecencia. / El Periódico Extremadura

"El fruto se ha quedado bastante más pequeño de lo que sería normal en una campaña ordinaria", indica Llanos. A ello se suma la aparición de podredumbre apical, una alteración que provoca manchas, frena el crecimiento del tomate y puede terminar dejando el fruto reducido prácticamente a la piel. "Es un tomate que al final no va a subir a las cubas", resume.

La planta se olvida del fruto

El principal problema no está únicamente en que los termómetros alcancen o superen los 40 grados durante el día. Las organizaciones agrarias coinciden en señalar las elevadas temperaturas nocturnas como uno de los factores más perjudiciales para la planta.

"Cuando hemos tenido 40 grados, y por la noche la temperatura no bajaba de 26 o 28 grados, la planta ha tenido bastante con mantenerse viva y se ha olvidado del fruto", explica Metidieri. El resultado son tomates que no terminan de desarrollarse o madurar, pese a que las explotaciones dispongan de agua y mantengan el riego.

Llanos coincide en que la clave está en la falta de descanso nocturno de la planta. "El tomate es un cultivo de verano y los 40 grados durante el día no tienen por qué generar problemas, pero la dificultad llega cuando por la noche la temperatura no baja de los 22 o 23 grados", señala.

Una explotación de tomate de industria en plena campaña.

Una explotación de tomate de industria en plena campaña. / El Periódico Extremadura

Esa sucesión de noches cálidas impide que la planta se recupere del estrés acumulado durante el día y repercute directamente en el crecimiento del fruto. En las variedades tardías, además, las altas temperaturas coincidieron con la floración y provocaron abortos de floraciones completas, por lo que numerosas plantas ni siquiera llegaron a producir tomate.

Pese a ello, las organizaciones agrarias no prevén un deterioro generalizado de la calidad del producto que llegue a las industrias. "La calidad no se va a ver alterada. Lo que se está produciendo es una pérdida muy importante de producción, con frutos que no maduran", afirma Metidieri.

Llanos también asegura que el tomate que consiga completar su desarrollo presentará buenas condiciones. "El fruto que está bien tiene buena calidad e incluso estamos viendo algo más de peso específico que en otras campañas", explica. El verdadero problema estará en la falta de kilos necesarios para cubrir los costes de producción.

Contratos por debajo de los costes

El golpe de las temperaturas extremas llega en una campaña que ya comenzó con serias dudas sobre su rentabilidad. Los contratos se cerraron en torno a los 107 euros por tonelada, una cantidad insuficiente, según las organizaciones agrarias, para compensar los gastos que soportan los productores.

APAG Extremadura Asaja calcula que el precio mínimo orientativo para cubrir costes debería situarse alrededor de los 134 euros por tonelada. "Arrancando con contratos a 107 euros, las producciones deberían ser de las mejores para evitar pérdidas. Con la merma que tenemos, está claro que este año la rentabilidad va a ser totalmente negativa", advierte Metidieri.

Tomates recién recolectados durante la campaña extremeña.

Tomates recién recolectados durante la campaña extremeña. / El Periódico Extremadura

El presidente de APAG califica la campaña como "desastrosa" e incluso "catastrófica". "Es un año muy delicado y el tomate se suma a la crisis profunda que atraviesan otros cultivos de regadío, como el arroz", añade.

UPA-UCE estima que los agricultores necesitaban alcanzar una media de entre 90.000 y 92.000 kilos por hectárea para cubrir los gastos. Con una reducción de la cosecha de entre el 30% y el 40%, muchas explotaciones quedarán considerablemente por debajo de ese umbral.

"Podemos estar hablando de pérdidas de entre 2.000 y 3.000 euros por hectárea", calcula Llanos. Los gastos medios de una plantación de tomate rondaban inicialmente los 10.000 u 11.000 euros por hectárea, pero el encarecimiento del combustible y de los fertilizantes ha elevado todavía más la factura.

Buena parte de las parcelas de las Vegas del Guadiana se riegan mediante sistemas de goteo alimentados por motores de gasóleo que funcionan durante numerosas horas. A ello se suma el elevado consumo de fertilizantes, especialmente nitrógeno y potasio, y las importantes inversiones en maquinaria que exige un cultivo altamente profesionalizado.

"Es una producción en la que se hacen inversiones muy grandes para poder ser competitivos y mantener la maquinaria al día. Por mucha calidad que tenga el tomate, no va a compensar una pérdida de kilos del 30% o del 40%", sostiene el presidente de UPA-UCE.

Una cosechadora trabaja en la recolección del tomate de industria.

Una cosechadora trabaja en la recolección del tomate de industria. / El Periódico Extremadura

Los seguros, en el punto de mira

Las dos organizaciones agrarias reclaman una revisión profunda de los seguros agrarios. Metidieri critica que las indemnizaciones no comiencen a aplicarse hasta que las pérdidas superan determinados umbrales, generalmente próximos al 30% de la producción.

"Los seguros se cubren mucho. Para que puedan indemnizarte tienes que superar una pérdida de producción del 30% y es a partir de ahí cuando empiezan a pagar", indica. APAG estará pendiente de las peritaciones, aunque su presidente advierte de que el agricultor no puede depender exclusivamente de una posible indemnización. "Los seguros van más a lo suyo, que es llenarse de dinero de los agricultores", censura Metidieri.

Por su parte, Llanos reclama cambios en las coberturas y una reducción de la franquicia del 20% que se aplica a los daños provocados por el calor. Esto supone que, si una explotación pierde el 30% de su cosecha, el productor debe asumir el primer 20% y solo recibe una indemnización por el 10% restante. El presidente de UPA-UCE recuerda que más del 90% del cultivo está asegurado, pero considera imprescindible adaptar las pólizas a unos episodios de temperaturas extremas cada vez más frecuentes y aplicar franquicias menores, como sucede con los daños causados por el granizo. "La pérdida de ese primer 20% es muy importante. Los seguros agrarios tienen que cambiar", sentencia.

Riesgo de abandono

La sucesión de campañas con precios ajustados, costes elevados y daños climáticos puede acabar provocando una reducción de la superficie dedicada al tomate de industria en Extremadura.

Metidieri reconoce que abandonar una explotación no es sencillo debido a las inversiones realizadas, pero advierte de que la tendencia conduce a una progresiva desaparición de productores. "Cada vez se pierden más explotaciones. Si la Administración no pone freno a esta situación, el tomate irá disminuyendo", alerta.

Detalle de los frutos en una parcela de tomate de industria.

Detalle de los frutos en una parcela de tomate de industria. / El Periódico Extremadura

UPA-UCE comparte la preocupación por el futuro de un cultivo clave para el regadío y para la industria agroalimentaria regional. Llanos insiste en que las explotaciones necesitan conseguir elevados rendimientos para compensar unos costes crecientes y unos precios contratados con márgenes mínimos.

La campaña comenzará a ofrecer cifras más precisas a medida que avance la recolección y concluyan las peritaciones. No obstante, las organizaciones agrarias coinciden en que la combinación de temperaturas extremas, falta de producción y precios insuficientes dejará a numerosos agricultores con resultados negativos incluso antes de completar la cosecha.

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