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Memoria del fuego

"Cada noche me asomo tres veces para ver la sierra": un año después del incendio de Jarilla

Los alcaldes de Jarilla, Cabezabellosa, Hervás y Jerte reconstruyen los once días del mayor incendio de la historia reciente de la región y explican cómo han cambiado sus pueblos un año después

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Cáceres

Los incendios de este verano han devuelto a Extremadura a agosto de 2025. Las imágenes de pueblos evacuados y las columnas de humo han reabierto el recuerdo de la mayor emergencia forestal que recuerda la región. Hace un año, una tormenta seca y una ola de calor extrema desencadenaron una catástrofe sin precedentes cuyo símbolo fue Jarilla. Durante once días, las llamas avanzaron sin tregua entre Trasierra, el Valle del Ambroz y el Valle del Jerte, obligaron a evacuar cinco localidades y arrasaron más de 17.000 hectáreas. Ahora, mientras los montes vuelven poco a poco a teñirse de verde, los alcaldes de los municipios afectados reconocen que el miedo sigue ahí cada vez que el calor aprieta o un nuevo incendio ocupa los informativos.

A las 21.30 horas del 12 de agosto y con hasta 18 fuegos simultáneos, la Junta decretaba la situación operativa 2 del plan Infocaex por el riesgo a la población, pedía la intervención de la Unidad Militar de Emergencias (UME) y de medios estatales. Una virulenta llamarada en el término municipal de Jarilla ascendía en dirección a Villar de Plasencia y Cabezabellosa, las tres localidades fueron evacuados durante aquella primera noche.

"Es la imagen que siempre recuerdo. Ver cómo las llamas y el humo se estaban apoderando del pueblo y tener que avisar a la gente de que nos teníamos que ir porque no sabíamos hasta dónde podía llegar ese fuego", cuenta María Ángeles Talaván, la alcaldesa de Cabezabellosa.

Vídeo | Noveno día de 'infierno' por el incendio de Jarilla

Carlos Gil

Cientos de vecinos abandonaron sus casas y se desplazaron hasta los espacios habilitados en Plasencia sin saber qué encontrarían al regresar. La mayor dificultad, recuerda Talaván, fue intentar ofrecer respuestas a los vecinos cuando ni siquiera quienes estaban al frente del Ayuntamiento conocían la verdadera dimensión de la emergencia.

Era ya miércoles 13 de agosto y el incendio volvía a descontrolarse por las fuertes rachas de viento en dirección a Cabezabellosa. El vicepresidente y consejero de Presidencia, Abel Bautista, informaba entonces de que una veintena de vecinos se había negado a abandonar el pueblo y permanecía incomunicada tras el corte del suministro eléctrico. Finalmente, un convoy de emergencia consiguió acceder al municipio y rescatar a las personas que habían quedado atrapadas.

El vicepresidente Abel Bautista visitó el viernes la zona de Hervás.

El vicepresidente Abel Bautista visitó el viernes la zona de Hervás. / E. P.

"Te preguntaban por qué tenían que irse, qué iba a pasar o hasta dónde llegaría el fuego, pero tú eras la primera que no lo sabía", recuerda la alcaldesa.

Durante esas primeras jornadas, el incendio creció a una velocidad que desbordó cualquier previsión. El jueves 14 de agosto ya había cruzado la autovía A-66. Más de un centenar de militares de la UME trabajaban en la zona y el Palacio de Congresos de Plasencia se convirtía en uno de los puntos de apoyo del dispositivo.

El alcalde de Jarilla, Ángel Peña, recuerda especialmente la impotencia de observar cómo el fuego avanzaba sin que los medios desplegados pudieran detenerlo: "Veías que el fuego lo devoraba todo. La gente decía que no estaban haciendo nada, pero sí se hacía".

El sistema, al límite

El incendio no respondía a una única causa. Tras una primavera excepcionalmente húmeda, el monte afrontó el verano con una elevada carga de combustible. Luego llegaron las olas de calor continuadas, las tormentas secas y una simultaneidad de fuegos que pusieron el sistema al límite. El balance posterior del Infoex reflejaría, además, que nueve de cada diez incendios registrados aquel año tuvieron origen humano, ya fuera por negligencias o por acciones intencionadas.

"Eran tan feroces que no puedes con ellos. Había mucha maleza y unas temperaturas que estaban totalmente a favor del fuego", resume Peña.

Imagen de los montes del Ambroz en agosto de 2026. La huella del fuego permanece sobre todo en las zonas más altas.

Imagen de los montes del Ambroz en agosto de 2026. La huella del fuego permanece sobre todo en las zonas más altas. / Carlos Gil

El viernes 15 la situación llegó a calificarse de "extrema gravedad". Aunque durante la mañana se había permitido el regreso de los vecinos de Jarilla, Villar de Plasencia y Cabezabellosa, el fuego volvió a cambiar de dirección. La comunidad combatía varios grandes incendios al mismo tiempo y el Ejecutivo autonómico pidió más medios al Gobierno central.

Fue entonces cuando llegó uno de los peores momentos. La población que regresó a sus pueblos se encontró con una fotografía irreconocible. Viviendas, naves, olivares, cerezales, pastos y conducciones de agua habían quedado rodeados de ceniza.

El incendio cambia de dirección

El sábado 16 de agosto el fuego seguía sin control. La emergencia se extendía por toda la región y hasta ocho incendios permanecían activos. En el de Jarilla, las llamas viraron hacia el Valle del Jerte y obligaron a evacuar Rebollar y Gargantilla. Un día después, la atención se desplazó a Hervás. El municipio fue confinado y se ordenó la evacuación de viviendas situadas en la zona periurbana.

Desde el balcón del Ayuntamiento, la alcaldesa, Gloria Vizcaíno, observaba cómo las llamas descendían por la ladera de la sierra. "Aquellos días prácticamente vivíamos en el Ayuntamiento y por las noches nos turnábamos para ir a dormir un rato".

El fuego sigue avanzando hacia Hervás sin control

Paco Castañares vía X

Vizcaíno recuerda también la tensión de las reuniones del Cecopi y la preocupación de quienes dirigían las labores de extinción. "Veías la angustia de aquellos profesionales cuando decían: 'Como se nos meta la noche…'. Los veías realmente angustiados, preguntándose si podrían o no podrían con ello".

El fuego amenazaba especialmente el castañar histórico, pero el trabajo de los medios de extinción consiguió evitar que avanzaran por el interior. "Si se hubiera metido en el castañar, se habría metido en el pueblo", advierte la alcaldesa.

Aquellos días también dejaron una imagen, la de la unión del pueblo, que Vizcaíno recuerda con especial emoción. Empresas, particulares, alojamientos y establecimientos se ofrecieron para aportar comida, bebida y todo lo que necesitara el dispositivo. "Nosotros les decíamos que luego nos pasaran la factura y nos contestaban: 'Esto corre por nuestra cuenta'. Frente a todo lo malo, la unión de la gente fue espectacular".

El fuego entra en el Jerte

El lunes 18 de agosto, el incendio ya había superado las 15.000 hectáreas y había entrado en la provincia de Salamanca. El descenso de las temperaturas abrió una ventana a los equipos de extinción, pero la preocupación se trasladó entonces al Valle del Jerte.

En Jerte, el Ayuntamiento permanecía en comunicación constante con el puesto de mando y con los servicios de emergencia. La alcaldesa, María Felisa Cepeda, recuerda jornadas sin descanso, pendientes de la evolución del incendio y de las necesidades de los vecinos.

"Estábamos a pie de cañón las 24 horas del día. Por la mañana acudíamos al centro de operaciones para que nos explicaran cómo evolucionaba el fuego y cómo se organizaban las labores de extinción", relata.

El resto de la jornada se dedicaba a coordinar el avituallamiento, facilitar agua y comida a quienes trabajaban contra las llamas y permitir que los ganaderos pudieran atender a sus animales. "El principal objetivo era que no hubiera pérdidas humanas y que el fuego no llegara a la población", señala Cepeda. Fueron horas de "mucha angustia y mucha tensión", aunque finalmente las llamas pudieron contenerse antes de llegar al pueblo.

Once días sin tregua ni descanso

Al día siguiente, el 19 de agosto, Pedro Sánchez visitó el puesto de mando instalado entre La Granja y Aldeanueva del Camino y anunció la declaración de las zonas afectadas como área gravemente afectada por una emergencia de protección civil. El fuego seguía activo, aunque ya no quedaban localidades completamente evacuadas. Durante las jornadas siguientes, el viento dificultó las labores de extinción y reavivó algunos frentes.

No fue hasta el viernes 22 de agosto cuando el consejero Abel Bautista confirmó la estabilización del incendio tras once días de lucha. El balance fue histórico. Más de 17.000 hectáreas arrasadas dentro de un perímetro cercano a los 170 kilómetros convirtieron al incendio de Jarilla en el mayor registrado en la historia reciente de Extremadura. La campaña de 2025 concluyó con 766 siniestros forestales y 50.089 hectáreas quemadas.

Una recuperación desigual

Doce meses después, la vegetación ha rebrotado con rapidez en buena parte del territorio quemado, aunque la recuperación no es igual en todas las zonas. Los matorrales y algunos robles han comenzado a regenerarse, mientras que pinares, cerezales y árboles de mayor porte necesitarán mucho más tiempo. En Cabezabellosa, las cicatrices siguen apreciándose en las zonas altas de la sierra. "Si miras hacia arriba, todavía se aprecia ese color marrón negruzco", señala Talaván.

Los días después de Jarilla: "Las gargantas y las gomas que llegaban a los desagües de las casas se han perdido, está todo quemado"

Jorge Valiente

En Jarilla, además de las laderas y los olivares, se quemaron pastos, dehesas, naves y reservas de heno destinadas a alimentar al ganado durante el invierno. Hervás sufrió cancelaciones y salidas anticipadas durante los días del incendio. "El mes de agosto se resintió, pero después el turismo volvió a recuperarse enseguida", asegura Vizcaíno.

En Jerte también se ha normalizado la llegada de visitantes. El municipio mantiene abiertas sus piscinas naturales, sus gargantas y su oferta de turismo activo.

El verano reabre el recuerdo

Las imágenes de los incendios que este verano afectan a distintos puntos de España han devuelto a los alcaldes a aquellos días de agosto de 2025. Talaván reconoce que los nuevos desalojos le hacen recordar la angustia de los vecinos que abandonaban sus casas sin saber qué se encontrarían al regresar.

En Jarilla, cualquier olor a humo vuelve a activar las alarmas. "Enseguida piensas: ‘¿Qué está pasando?’. Es una sensación que te devuelve a los momentos complicados que vivimos", señala Peña.

En Hervás, Gloria Vizcaíno admite que hay gestos que no ha perdido desde aquel verano. "Cada noche me asomo tres veces para ver la sierra".

Fuente: El Periódico de Extremadura

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