Por tierras veratas
Las cabras salvan el monte: la historia de un pastor contra el abandono rural
Jesús Barcenilla se hizo cargo de 160 cabras veratas en la Sierra de Tormantos para mantener vivo un oficio casi sin relevo generacional. Su rebaño abre caminos, limpia el matorral y ayuda a conservar un monte cada vez más marcado por la falta de actividad agropecuaria

EL PERIÓDICO

Dice un refrán que la cabra siempre tira para el monte. Montes cada vez más cerrados por la retama, la jara partera, el matorral y el abandono humano. Caminos ausentes de animales que, antiguamente, desbrozaban la mata baja. Cabras cada vez más escasas por un oficio en peligro de extinción: el pastoreo.
A comienzos del siglo XXI, la Sierra de Tormantos (Cáceres), habitada por pueblos típicamente ganaderos, acogía a decenas de majadas, principalmente de ganado caprino. El pastoreo mantenía limpios los parajes altos y caminos. La evolución del sector caprino en Extremadura casi tres décadas después refleja una clara tendencia de pérdida de censo y de explotaciones, fenómeno que afecta a numerosas comarcas tradicionales de ganadería extensiva como La Vera. El relevo generacional es, poco más o menos, inexistente.
Iniciativas como la de Jesús Barcenilla (Palencia, 1988) se convierten en un halo de esperanza para recuperar este oficio y seguir permitiendo la existencia de un ganado autóctono. Jesu, como así le gusta que le llamen, vino hace una década a la comarca de la Vera, en busca de un tipo de vida más acorde a sus valores y preferencias. Hace medio año, supo que un joven de la zona, con larga tradición familiar en el pastoreo, dejaba el oficio. Sin apenas conocimiento previo sobre este trabajo, Barcenilla dio un paso al frente, recibiendo apoyo y colaboración de otros pastores de la zona.

Jesús, con una de sus cabras. / Beatriz García Montalvo
160 cabras y un oficio casi sin relevo
«Comencé en noviembre de 2025, estuve un par de meses en Piornal con los antiguos dueños de estas cabras. El pastor es un chico joven que ya no deseaba seguir en este oficio, provenía de varias generaciones de pastores, dividió en dos el rebaño y me quedé con unas 160 cabras veratas. Si no las hubiera cogido yo, su destino final habría sido el matadero», relata.
El principio fue muy duro, «no me daban ni los pastos siquiera para llevar a las cabras. Estoy pagando el uso de monte público con el fin de llevar a mis animales, esto me cuesta unos 1.600 euros al año, pago para que coman, o sea, que desbrocen el monte y lo dejen limpio. ¿Veis este camino abierto aquí? Porque lo han hecho ellas, si te llevo diez metros en otra dirección ni puedes asomarte», cuenta Barcenilla.
Pagar para que las cabras limpien el monte
Los ganaderos señalan que las dificultades para acceder a pastos públicos, el coste de las cuotas por estos aprovechamientos, unido al incremento de los gastos de alimentación, combustible y sanidad animal, dificulta la rentabilidad de muchas explotaciones. El sector reclama que las tasas se adapten a la realidad económica actual y que tengan en cuenta el servicio ambiental que presta la ganadería extensiva. El debate sobre las cuotas de pastos queda abierto.
«Esto te tiene que gustar, te tiene que llamar. Te metes aquí y es que no sales ni al pueblo de al lado», confiesa. Además, no puede fallar, «si te pones malo tienes que venir. Estoy por y para las cabras». Quizá la peor parte sean las cuotas del pasto y toda la burocracia: «Yo que no controlo hacerlo por internet tengo que desplazarme a otro municipio». Eso sí, el pastor que llevaba antes las cabras le ha ayudado mucho: «En paridera estuvo conmigo en los días más gordos. Yo no sabía nada de qué hacer en los partos y por eso tuve mucho desmadre, palabra que proviene precisamente de este oficio, del ganado. Fui al norte de Palencia a hacer un curso de pastoreo, pero de saber lo que es una cabra, poca cosa. Para aprender de verdad, hay que ir con un pastor», explica el joven palentino.

El pastor, junto a las cántaras de leche de sus animales. / Beatriz García Montalvo
Una jornada sin horarios
Desde antes del amanecer comienza la jornada. El primer ordeño suele realizarse a primera hora de la mañana. Después llega la salida al monte, donde el pastor guía al rebaño durante varias horas buscando los mejores pastos, vigilando que ningún animal se extravíe y protegiéndolo frente a accidentes. Al regresar, toca revisar el estado sanitario de las cabras, atender partos, limpiar instalaciones, preparar alimentación suplementaria y, en muchas explotaciones, realizar un segundo ordeño por la tarde.
«Llego muy temprano, las ordeño, bajo la leche, antes venía un camión a recogerla aquí, ahora ni eso. Luego vuelvo a subir, las suelto y estoy unas cuatro horas para ir por la sierra y otras cuatro horas para volver. Por la noche, las suelo guardar a última hora de la tarde, no hay horario fijo. Me dejan casa aquí arriba y me quedo a dormir muchas noches, tardo unos veinte minutos en llegar al pueblo», cuenta.
Y sin embargo, «es difícil deprimirse aquí estando todo el día ocupado y en mitad de la naturaleza atendiendo tantos animales. Hay que tener mucho ojo, a la mínima que te despistas, algo pasa, se puede quedar algún chivín atrás o separarse en grupos». Empezó ordeñando a mano, pero llegó un día que no tenía capacidad, «así que lo hago a máquina, aun así, subirlas a la ordeñadora es muy trabajoso. Espero recibir ayuda, en septiembre, deseo empezar un proyecto colaborativo donde no esté yo solo. Compartir el trabajo», subraya.
El futuro pasa por compartir el trabajo
En municipios como Garganta la Olla, Cuacos de Yuste, Jaraíz de la Vera o Losar de la Vera, los pastores siguen siendo guardianes silenciosos de la montaña. Su trabajo va mucho más allá de producir leche o carne: conservan caminos tradicionales, mantienen vivo un conocimiento transmitido durante generaciones y sostienen un modo de vida ligado al territorio. El futuro del pastor de cabras dependerá, en gran medida, de que la sociedad reconozca ese valor. No basta con proteger el monte; también es necesario proteger a quienes lo cuidan cada día. Facilitar el acceso a los pastos, revisar las tasas cuando sea necesario, impulsar ayudas ligadas a los servicios ambientales, fomentar la transformación artesanal de los productos y favorecer la incorporación de jóvenes son algunas de las medidas que el sector considera fundamentales.
Que la cabra siga tirando para el monte y el pastor con ellas es vital.
Fuente: El Periódico de Extremadura
- Badajoz se llena de humo y un fuerte olor: los bomberos aclaran el origen
- El varón rescatado del incendio de su vivienda en Badajoz se encuentra en estado grave con importantes quemaduras
- La Alcazaba de Badajoz se llena de leyendas esta noche con una ruta nocturna de Amigos de Badajoz
- Exclusiva | En casa de los asesinos de Francisca Cadenas: la fosa donde escondieron el cadáver
- Preocupación por la planta de biogás en Badajoz: vecinos y empresas cercanas se oponen a su ubicación
- Extremadura convoca 35 plazas de Policía Local: estos son los municipios, requisitos y pruebas
- Qué ver en la Noche en Blanco de Badajoz: guía para no perderse entre más de 180 actividades
- Las primarias del PSOE en Badajoz se animan: hay tres precandidatos