Incendios forestales
Los vecinos de Nuñomoral miran al humo de Las Hurdes "con el corazón encogido"
Los residentes siguen con preocupación la evolución del incendio y reclaman más medios y vías de evacuación para algunas alquerías

Jesús Martín, vecino de Nuñomoral y natural de Rubiaco, uno de los desalojados tras el incendio. / Toni Gudiel
Desde Nuñomoral, la cortina de humo del incendio de Las Hurdes domina el paisaje y mantiene en vilo a los vecinos. La noche ha sido larga y ajetreada, con personas durmiendo en coches y miradores ante la falta de espacio en los puntos habilitados para los evacuados, aunque durante la mañana la situación se percibe algo más tranquila.
Jesús Martín, vecino de Nuñomoral y natural de Rubiaco, explica que la preocupación continúa mientras los medios aéreos y terrestres trabajan en la zona de Cerezal. Desde algunos puntos elevados de la localidad pueden observarse los helicópteros e hidroaviones actuando sobre el frente.
Uno de los principales temores entre los vecinos es que las llamas alcancen el valle de los Tejos, una de las zonas de mayor valor paisajístico de la comarca. «Esperemos que no se meta ahí el fuego», reclama Martín, que considera que sería una pérdida especialmente grave para Las Hurdes.
La situación también ha obligado a algunos vecinos y familiares a abandonar temporalmente la zona. Martín cuenta que un hermano suyo, residente en Barcelona y que se encontraba en La Fragosa y Martilandrán, ha tenido que marcharse a primera hora de la mañana porque ya no había espacio para acoger a más personas. «La gente está durmiendo en los coches y en los miradores», explica.
La incertidumbre se mezcla con el alivio de que, por el momento, no se hayan registrado daños materiales en el entorno de Nuñomoral. Martín recuerda, sin embargo, que la situación es diferente en Pinofranqueado, donde el incendio ha destruido viviendas y otras construcciones.
"Tengo el corazón encogido"
Irene Crespo, vecina de la zona que regresa cada verano a su pueblo, reconoce que el incendio le ha hecho vivir estas horas con miedo. «Tengo el corazón encogido», resume, después de haber llegado con su sobrina y su pareja, que se encontraba por primera vez en la comarca.
Su preocupación se centra especialmente en algunas alquerías con dificultades para salir en caso de que las llamas se aproximen. Pone como ejemplo una zona que, según explica, tiene una única vía de salida y considera necesario mejorar los accesos para disponer de una alternativa en caso de emergencia.
Irene también lamenta que este tipo de incendios sean cada vez más difíciles de afrontar y recuerda cómo, cuando era pequeña, los propios vecinos intervenían directamente para intentar contenerlos. Ahora, reconoce, la magnitud y virulencia de los fuegos es muy diferente.
Pese a todo, espera que el incendio pueda quedar controlado pronto para poder terminar sus vacaciones en Las Hurdes. «Si no, me tendré que ir», admite.
La preocupación va más allá de las viviendas. Aunque en Nuñomoral no se han registrado daños materiales, Irene advierte de que el monte es también parte del sustento de la comarca: «Si quema el monte, ¿con qué vivimos?».
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