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María Pilar Burgos: «En El Palancar no solo se viene a comer bien: se viene a desconectar»
Chef del restaurante El Palancar

María del Pilar Burgos, chef de El Palancar. / Carlos Gil
Desde la cocina de El Palancar, María Pilar Burgos da forma a una propuesta basada en la tradición extremeña, el producto local y un entorno natural único junto al histórico convento. Junto a Getulio Nacarino, con quien comparte el proyecto desde hace 25 años, ha convertido este restaurante en un lugar donde desconectar es parte esencial de la experiencia.
- ¿Cómo nació El Palancar y cómo ha evolucionado en estos 25 años?
Empezamos hace 25 años sin tener relación previa con la hostelería. Fue una decisión arriesgada, pero nos metimos de lleno y, con el tiempo, hemos ido aprendiendo y creciendo. Después de tantos años, sentimos que estamos en un buen sitio, con una trayectoria que nos hace sentir orgullosos.
- ¿Cómo definiría la esencia del restaurante?
Somos un restaurante de cocina tradicional, muy vinculada a Extremadura, pero con esos toques que nos distinguen. El producto es primordial; es la base de todo lo que hacemos.
- En su web hablan de ‘un toque de distinción’. ¿Qué significa para ustedes?
Aunque trabajamos platos típicos extremeños, siempre buscamos ese detalle especial. Incorporamos pequeños guiños a la cocina moderna o creativa, sin perder la esencia del plato. Me considero una persona muy detallista, y eso se refleja en cada elaboración.
- ¿Qué productos locales consideran imprescindibles en su carta?
Sobre todo, los productos de temporada y los que forman parte de nuestra tierra: cerdo ibérico, cordero extremeño, cabrito verato y una gran variedad de verduras y hortalizas de la zona. Esos ingredientes tienen que estar sí o sí.

Carrilleras de ibéricos con salsa de miel y romero sobre gofre de patata asada / Carlos Gil
- ¿Qué aporta el entorno natural a la experiencia del cliente?
Aporta mucho. Quien viene aquí no solo busca comer bien; busca tranquilidad, relajarse. Nuestro entorno ayuda a que la experiencia sea completa. Es un disfrute para todos los sentidos, no solo por la comida, sino por el ambiente de calma que se respira.
- ¿Diría que cada vez más gente busca restaurantes alejados de la ciudad?
Sí, muchísimo. Sobre todo después de la pandemia. La gente quiere sitios naturales, espacios fuera del casco urbano donde sentirse más libres. Lo hemos notado mucho.
- ¿Cuáles son, a su juicio, las ventajas y desventajas de no estar en un entorno urbano?
La desventaja es que entre semana hay menos movimiento; dependemos más de festivos y vacaciones. Pero la ventaja es muy grande: estamos en un lugar único, sin tanta competencia y junto a un monumento emblemático como el Convento del Palancar. Muchas personas aprovechan para visitarlo cuando vienen al restaurante.
- ¿Cómo se organizan ustedes dentro del restaurante?
Somos un equipo familiar. Yo estoy al frente de la cocina y Getulio se encarga de la sala y la gestión diaria. Trabajamos de manera conjunta y complementaria para que todo funcione.
- ¿Qué plato han elegido para la revista y por qué?
Unas carrilleras de cerdo ibérico estofadas con salsa de miel y romero. Es un plato muy representativo de nuestra cocina: producto de la tierra, técnica tradicional y un toque personal.
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