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Conflicto

Tailandia y Camboya pactan un alto el fuego inmediato tras tres semanas de feroces enfrentamientos

Las partes se comprometen a frenar movimientos militares, proteger a los civiles y combatir la desinformación para reducir tensiones

Tailandia y Camboya pactan un alto el fuego inmediato tras tres semanas de feroces enfrentamientos

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Adrián Foncillas

Adrián Foncillas

Tailandia y Camboya han firmado hoy un alto el fuego, el segundo en pocos meses, para acabar con las luchas más encarnizadas en décadas. Una cincuentena de muertos en tres semanas y un millón de desplazados han causado los ataques de cazas, intercambios de misiles y variada artillería entre los vecinos del sudeste asiático. Los acuerdos, que entraban en vigor este mediodía (hora local), se consolidarán si el alto el fuego aguanta 72 horas, una cláusula comprensible tras la vida efímera de recientes compromisos.

Ambas partes cesarán sus movimientos castrenses en la frontera y respetarán el espacio aéreo ajeno, señala el documento firmado por el ministro de Defensa tailandés, Nattaphon Narkphanit, y su contraparte camboyana, Tea Seiha. El pacto incluye 16 medidas de apaciguamiento y alcanza a “todo tipo de armas, ataques a civiles e infraestructuras, objetivos militares, en todos los casos y en todas las áreas”. Contempla la comunicación directa entre ministros de Defensa y altos cargos militares y atiende las principales reclamaciones de ambas partes. Tailandia liberará a los 18 soldados camboyanos retenidos desde julio, tan pronto se cumplan esas 72 horas, y a cambio Phnom Penh ha prometido adherirse a la legislación internacional sobre minas de tierra. Estas han catalizado todas la crisis recientes: sólo este año se han contado nueve explosiones, con varios soldados tailandeses muertos y mutilados. Bangkok acusa a Phnom Penh de haberlas plantado recientemente y esta sostiene que son el legado de tres décadas de guerras civiles y de choques regionales.

Bajas en ambos bandos

Tailandia ha perdido 26 soldados en los últimos enfrentamientos de diciembre, según fuentes oficiales. Camboya, que no ha desvelado bajas entre militares, ha contado 30 civiles muertos y un centenar de heridos. Desde julio ha causado el conflicto más de un centenar de muertos y un millón de desplazados. En la reunión del sábado en Kuala Lumpur de los ministros de Defensa de la ASEAN (la organización del sudeste asiático) se pactaron las posteriores negociaciones de tres días que han desembocado en el alto el fuego. Durante estos días siguieron las hostilidades y las acusaciones cruzadas de violar la ley internacional.

Camboya ha denunciado en las últimas semanas que cazas tailandeses han bombardeado viviendas, colegios, carreteras, pagodas y templos budistas, en ataques que ha calificado como “brutales e indiscriminadas agresiones contra civiles”. Algunas zonas, aclaró, están 30 kilómetros más allá de la frontera. Tailandia responsabilizó a Camboya de utilizar los centros de culto como base de operaciones militares y de deshonrar todos los compromisos firmados.

El conflicto nace, como otros en el sudeste asiático, en la época colonial. Francia delimitó la frontera en 1907 entre Camboya, que entonces ocupaba, y el Reino de Siam, como se llamó Tailandia hasta 1937, siguiendo el curso de una cuenca natural. Phnom Penh sigue aferrada a ese mapa mientras Bangkok discute su exactitud. Varias detonaciones de bombas condujeron en julio a los más mortales enfrentamientos en décadas. La intervención de la ASEAN, y más concretamente del incansable líder malasio, Anwar Ibrahim, propició un primer alto el fuego.

El mérito lo reivindicó Donald Trump tras amenazar a ambos con detener las negociaciones en las que buscaban una rebaja sustancial de los aranceles. Meses después, en Kuala Lumpur, las partes masajearon su ego con la foto de la firma del acuerdo que, en sus palabras, finiquitaba décadas de conflicto de una vez por todas. Apenas una semanas después regresaba el fragor a la frontera. El alto el fuego firmado hoy está lejos de arreglar los enquistados pleitos territoriales ni la solidificada desconfianza pero dará un descanso temporal a los vecinos de la frontera.

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