El petróleo se pasea por precios máximos y siembra la preocupación en una Canarias ultradependiente
Las seguras subidas en el transporte y la energía amenazan con descabalgar las economías familiares

El destructor de misiles guiados ‘USS Rafael Peralta’ (DDG 115) hace cumplir el bloqueo estadounidense de los puertos iraníes. / EFE

El petróleo dio ayer un serio aviso. Donald Trump amenaza con desatar el infierno en Irán y el precio del crudo adquiere movimientos más propios de una palmera joven en medio de un huracán. El precio del barril de Brent para vender en junio llegó a incrementarse un 7% y se situó en los 126,41 dólares, el nivel más alto desde mayo de 2022. Horas después se dio la vuelta y bajaba el 1,39 %, (116,39 dólares) respecto a la sesión anterior.
Al lobo se le ven las orejas desde que el presidente estadounidense y su aliado sionista Benjamin Netanyahu decidieron bombardear el país de los ayatolás. Pero hay días, y el de ayer anunció lo que puede estar por venir. El impacto de las subidas del coste de los hidrocarburos en lugares ultradependientes como las Islas es de temer. En marzo, la inflación se anotó un 3% y el IPC adelantado de abril –para toda España– es del 3,2%.
Los desmanes trumpistas rebusca en los bolsillos de las familias y ayer la presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, ya dejó ver que en junio habrá una subida de los tipos de interés, con lo que las rentas de quienes estén hipotecados se verán aún más capitidisminuidas.
El queroseno, por las nubes
El coste del queroseno ha aumentado un 99,3% en el último año hasta rozar los 1.500 dólares por tonelada, según los datos del principal proveedor de información energética, Platts, recogidos por IATA (Asociación Internacional de Transporte Aéreo). Eso impacta en la operativa de las aerolíneas, pues supone alrededor del 30% de sus costes, tal y como ha señalado el presidente de la Asociación de Líneas Aéreas (ALA), Javier Gándara.
Tal tamaño de importancia lleva a las compañías aéreas a protegerse de incrementos como el que se está produciendo en la actualidad. Lo hacen mediante pólizas de cobertura de este riesgo. La casuística es tan abundante como lo es la existencia de aerolíneas. Por ejemplo, Iberia tiene cubierto el 75% del coste del combustible durante tres años; Ryanair, solo hasta el final de este ejercicio y por el 84% del total abonado a sus proveedores energéticos. Estos mecanismos hacen que hasta el momento no se haya repercutido en el precio de los billetes aéreos el rally alcista de los últimos meses.
Ya hay cambios
No obstante, esa circunstancia acabará por producirse en caso de que la situación se prolongue en el tiempo. De hecho, las menos protegidas por los seguros ya están introduciendo retoques que tienen su máxima expresión en la decisión de la asturiana Volotea de aumentar en 14 euros el precio abonado por quienes hayan reservado un vuelo con ella después del pasado 16 de marzo.
La misma aerolínea decidió hace casi un mes cancelar cerca del 1% de sus vuelos programados par esta temporada de verano, de abril a septiembre. Como contrapartida, permite modificar o cancelar la reserva hasta cuatro horas antes de la salida sin coste. También la alemana Lufthansa reduce su operativa en un 1%, con especial afección para los vuelos de corta distancia hacia aeropuertos de Polonia y Noruega. La neerlandesa KLM se ha unido al grupo y en mayo operará 80 vuelos de ida y vuelta menos «debido al aumento del precio del queroseno».
Altamente alarmante
Para un lugar como Canarias en el que volar es absoluta necesidad –salud, trabajo, estudios, obligaciones familiares...–, estas noticias son altamente alarmantes. Si el estrecho de Ormuz no se desatasca en breve, los canarios terminarán por sentir de manera especial la subida del precio de los hidrocarburos también cuando tengan que coger el avión.
En el transporte terrestre, el Gobierno central puso la tirita antes de que la herida se abra mucho más. El pasado 14 de abril entró en vigor un real decreto ley que obliga a «repercutir automáticamente la subida del gasóleo». Es decir, al precio pactado para el transporte de una mercancía hay que añadir sí o sí el aumento del precio que haya registrado el combustible desde la firma del contrato.
Sin detalles
Una medida que celebra el presidente de la Federación de Empresarios de Transporte (FET) de Canarias, José Agustín Espino. Optimista –«tengo la percepción de que a la guerra le queda poco», afirma–, más por intuición que por certezas, señala, sin embargo, que a la iniciativa de Madrid le falta el detalle de funcionamiento. Por ejemplo, en lo que respecta a la Administración «los presupuestos están confeccionados en base a los precios pactados», explica Espino, con lo que no será sencillo obtener el abono de las nuevas cantidades.
Capítulo aparte merece el recibo de la luz. Hasta la fecha no ha recogido el disparate de la subida porque en la Península no ha sido necesario dar entrada al gas para generar electricidad. Eólica, fotovoltaica e hidroeléctricas –lluvias abundantes– prácticamente se han bastado para atender la totalidad de la demanda. Otra cosa será cuando el viento amaine y se conecte el aire acondicionado.
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