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La crítica de Olga Ayuso

Un Coriolano roto que revive

‘Coriolano’

Drama, de William

Shakespeare

Una imagen del estreno de 'Coriolano', este pasado miércoles, en Mérida.

Una imagen del estreno de 'Coriolano', este pasado miércoles, en Mérida. / Jorge Armestar

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Olga Ayuso

Mérida

Revive por un momento a un Coriolano roto. Lo escribió TS Eliot en La tierra baldía. A Eliot, Coriolano le gustaba mucho. Decía que tenía sentido: no como Hamlet, que se perdía en «escenas superfluas e inconsistentes que incluso una revisión apresurada debería haber notado». Es un thriller, realmente. Coriolano es un thriller con una trama muy ajustada. Hagamos ciertos spoilers, unos spoilers de obras de hace más de quinientos años, que no sé si llamarlos spoilers o no, o sí, porque, a ver, no todo el mundo ha leído a Shakespeare.

No sé qué hacen leyéndome a mí en vez de estar leyendo a Shakespeare. Shakespeare no pertenece a una época, sino a la eternidad, dijo Ben Johnson. Este señor creó sus obras en el 1500-1600 y se le sigue representando: ¿no les parece eso un milagro? Podríamos decir lo mismo de Eurípides y Séneca, pero a ellos se les reescribe más.

Este señor, como recuerda Antonio Simón (el director de este Coriolano) era un hombre de teatro total: era actor, era dramaturgo, era director y, también, era empresario. Harold Bloom le dedicó varios libros y estamos más de acuerdo con Bloom que con Eliot, por mucho que amemos a Eliot, que le amamos: Hamlet es superior a Coriolano. Pero Coriolano sigue siendo una maravilla de obra. Y trepidante. Y, porque soy mujer y me fijo en la construcción de los personajes femeninos, adoro a Volumnia, esa madre que desea la gloria para su hijo, aun muerto, porque lo prefiere muerto a un hijo que no tenga honor.

Carmen Conesa, que tiene apenas ocho años más que Roberto Enríquez, interpreta a su madre en esta obra. De esto también podríamos hablar. Pero en fin: Carmen Conesa interpreta a una Volumnia (y qué Volumnia, que está fantástica) que quiere el poder. Pero no es una ciudadana siquiera, no tiene derechos, es poco más que un esclavo, pero poco, así que la única manera de conseguir poder y gloria es si los consigue su hijo. Durante la época romántica, se la retrataba como una mujer romana majestuosa, tranquila y controlada. Las representaciones posteriores, que continúan hasta nuestros días, la muestran como fogosa y enérgica. Esto hace que su papel en la obra rivalice en importancia con el de Coriolano. Siempre recordamos a Denis Rafter decir que las mujeres de Shakespeare son siempre mejores que los hombres. Y lo son, porque ella salva a Roma y erigirán templos en su nombre. Ella sería, pues, la verdadera heroína de Coriolano.

Shakespeare no pertenece a una época, sino a la eternidad, dijo Ben Johnson

Coriolano, el pobre, es un antipático, a pesar de los esfuerzos de Roberto Enríquez. Mira que comprendemos a Hamlet, a Macbeth, a Antonio, al otro Antonio, a Basanio, a Lisandro, a Demetrio y, cómo no, a Falstaff, que es un personajazo, no me digan. Pues Coriolano se te estomaga. Coriolano desprecia al pueblo y, claro, somos pueblo, somos turba, somos fácilmente manipulables, somos lo que somos porque somos masa. Es un maravilloso general, tiene un buen señor (no como el Cid) y su madre tiene otros planes para él porque niño, tú lo que tienes que hacer es estudiar medicina o derecho o ganar Grand Slams y que nos saques de pobre, pero en romano antiguo: niño, tú tienes que ser cónsul. El cónsul era el magistrado de más alto rango de la República romana. Se elegía a dos cónsules cada año entre ciudadanos mayores de cuarenta y dos años. Proponía y hacía cumplir las leyes, garantizaba la seguridad e integridad territorial como comandante supremo de las legiones y defendía los intereses de Roma como su representante diplomático. Esto lo pone la Wikipedia. Nadie cita nunca a la Wikipedia porque desdeñamos el saber colaborativo, que es lo mismo que decir que Coriolano odia al pueblo: somos Coriolano, en definitiva: sí citamos la Enciclopedia Británica. Esta es la labor de los escritores: señalar nuestras contradicciones.

Yo andaba diciendo que Coriolano es un antipático y un idiota porque es un clasista, pero también es un soldado que daría la vida por defender su país y que ama tanto a Roma que, cuando Roma lo traiciona, quiere arrasarla. Volumnia es más política. Sabe más del pueblo que su hijo. Cuando él da un discurso llamémosle desafortunado, ella le recrimina que no haya esperado a ser cónsul para manifestar su opinión.

En Coriolano no hay una guerra civil, como en Julio César; ni un arrepentimiento, como en Un cuento de invierno. Es la ley la que exilia al tirano. Ojalá, como nos cuentan en esta obra, tengamos leyes fuertes que acaben con todo intento de los tiranos de desestabilizar gobiernos y sistemas de gobierno -a la democracia me refiero, claro está- imperfectos, pero suficientes.

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