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El capitel

Pilar Fernández, la voz que ha marcado el pulso cotidiano de Mérida

Pilar se jubila, pero hay trayectorias que no se apagan cuando se apaga un micrófono. Hay voces que siguen sonando en la memoria incluso cuando ya no están en directo

La periodista Pilar Fernández.

La periodista Pilar Fernández. / EL PERIÓDICO

Mario Hernández

Mérida

Hay voces que no solo informan, sino que acompañan. Voces que entran en nuestras casas a primera hora de la mañana, que se cuelan en los talleres donde el transistor suena de fondo, en los bares donde el café aún humea, en los coches detenidos ante un semáforo. Voces que acaban formando parte del paisaje emocional de una ciudad, que no se oyen, que se reconocen. Durante 39 años, la voz de Pilar Fernández ha sido esa presencia constante que ha ido marcando el pulso cotidiano de Mérida.

Pilar Fernández y el técnico Miguel Ángel Bravo, en la Expo del 92.

Pilar Fernández y el técnico Miguel Ángel Bravo, en la Expo del 92. / EL PERIÓDICO

Desde la emisora municipal, Radio Forum, Pilar ha sido testigo fiel del devenir de la ciudad, narrando sus transformaciones, celebrando sus logros, dando respuesta a sus dudas, espacio a sus inquietudes y sirviendo, muchas veces sin pretenderlo, de compañía silenciosa para quien escuchaba al otro lado.

Pilar se jubila, pero hay trayectorias que no se apagan cuando se apaga un micrófono. Hay voces que siguen sonando en la memoria incluso cuando ya no están en directo. Tras su marcha queda la huella invisible de miles de horas de radio, de amaneceres de trabajo cuando la ciudad se desperezaba, de boletines escritos a última hora, de entrevistas improvisadas, de silencios llenos de oficio y de palabras dichas en el momento justo.

Profesional hasta el último minuto, trabajadora incansable y siempre comprometida con sus ideas, ha ejercido el periodismo con honestidad, cercanía y una vocación de servicio que se notaba incluso cuando no se estaba de acuerdo con ella. Porque Pilar no solo informaba, interpretaba la ciudad con criterio propio, con respeto por quien tenía delante y con una manera de contar Mérida que, durante décadas, ha sido la forma en la que muchos vecinos y vecinas han entendido el lugar que habitaban.

Referente cultural

Pero Pilar es, además, poeta. Y no es un matiz menor. Su manera de mirar el mundo, de nombrarlo y de escucharlo ha estado siempre atravesada por la sensibilidad de quien escribe versos, de quien sabe que las palabras pesan, que importan, que construyen realidad.

Por eso su voz en la radio tenía una cadencia distinta, una forma de decir que no era neutra ni mecánica, sino humana, y emocional. Esa mirada poética la ha convertido también en un referente de la cultura en Mérida, en figura imprescindible para entender, apoyar y defender nuestro tejido cultural, siempre cerca de la creación, de los artistas, de los proyectos que nacen desde abajo y de la cultura entendida como espacio de encuentro.

Pilar Fernández.

Pilar Fernández. / EL PERIÓDICO

Pilar ha sido la fiel defensora del mundo de la cultura cuando parecía cosa de cuatro, cuando apostar por la creación no era ni rentable ni popular. Sostuvo ese espacio desde la convicción y la constancia, dando voz a quienes apenas la tenían. Y, en ese mismo gesto de cuidado hacia lo frágil, fue siempre una gran amante de los gatos, entendiendo que la ternura también es una forma de compromiso con el mundo.

Y es que Pilar es de las que van de frente, sin filtros, diciendo lo que piensan; fiel a sus ideas, a su manera de mirar el mundo y de habitar la radio. Nunca fue de medias tintas. Tan capaz de sostener una entrevista complicada como de, entre programa y programa, echarte las cartas del tarot, “limpiarte el aura” o regalarte una carcajada en mitad del cansancio.

Esa mezcla tan suya de oficio, carácter y ternura, ha sido una de las señas de identidad, de su forma de estar en la radio… y en la vida. Con Pilar, la redacción era un lugar de trabajo, sí, pero también un espacio donde cabían las dudas, las risas, los desahogos y, a veces, hasta un poco de magia doméstica para seguir tirando del día.

Yo, hace ya treinta años, comencé a amar, a sentir y a hacer radio a su lado. A entender que la radio no es solo un micrófono abierto, sino una forma de estar en el mundo, de escuchar antes de hablar, de medir las palabras y respetar los silencios, de sostener la emoción sin impostarla.

Treinta años de compañerismo dan para muchos momentos compartidos, para silencios que se entienden sin necesidad de palabras, para debates apasionantes y apasionados, para nervios antes de entrar en antena y para esa complicidad que solo se construye con el tiempo.

Pilar ha sido puntual hasta la obsesión, comprometida con su trabajo, compañera leal y, por encima de todo, amiga. Siempre dijo lo que pensaba, sin rodeos ni disfraces. Respetó a quien la trató con respeto, defendió sus ideas sin pedir permiso y sostuvo su criterio incluso cuando era incómodo.

En tiempos de titulares fáciles y de opiniones de usar y tirar, ella apostó por la coherencia, por la fidelidad a sí misma y por el respeto al oyente, al que nunca trató como un número, sino como alguien que merecía honestidad.

Hoy Mérida pierde una voz cotidiana en las ondas, una presencia reconocible que acompañó a generaciones enteras en sus mañanas, en sus sobremesas y en sus trayectos diarios. Pero gana algo aún más valioso: la conciencia de haber tenido durante 39 años a una profesional ejemplar, honesta y profundamente comprometida con su ciudad y con su cultura.

Se va una periodista imprescindible pero queda la huella de su trabajo, la educación de su oficio en quienes aprendimos a hacer radio a su lado, el respeto de quienes la escucharon día tras día y el cariño sincero de quienes compartimos con ella la trinchera diaria de la comunicación.

Gracias, Pilar, por tantos años de radio, por tanta ciudad contada, por tanta coherencia defendida y tanta humanidad compartida. Disfruta ahora del tiempo ganado, de mañanas sin reloj, de tardes sin prisas y de conversaciones sin micrófonos encendidos. Mira Mérida desde otro lugar, con la tranquilidad de saber que tu voz ya no suena en directo… pero sigue sonando, nítida y reconocible, en la memoria colectiva de esta ciudad que también es, para siempre, un poco tuya.

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