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Semana Santa 2026

El Vía Crucis del Anfiteatro Romano culmina un Viernes Santo de silencio y fervor en Mérida

La Semana Santa de Mérida, que el Papa Francisco calificó como única, se apoya en la devoción y la historia, destacando el paso de las hermandades por enclaves históricos

El Periódico Extremadura

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Mérida

El sobrecogedor Vía Crucis de Mérida, protagonizado por la talla del Santísimo Cristo de la O, ha sumido esta madrugada al público del graderío del Anfiteatro Romano en una oración colectiva marcada por el silencio, la penumbra y el eco seco de los tambores sordos. La imagen, la más antigua de la ciudad, ha vuelto a convertir el recinto monumental en el escenario más singular de la Semana Santa emeritense, declarada de Interés Turístico Internacional.

Pasada la medianoche, la procesión partió desde la Concatedral de Santa María con el Cristo de la O, una imagen gótica anónima del siglo XIV, portada por diez hombres en una estación penitencial que no admite estridencias. El cortejo discurrió por la Plaza de España, el entorno del Templo de Diana y la plaza de Margarita Xirgu antes de entrar en el Anfiteatro para el rezo del Vía Crucis, con regreso posterior por el mismo eje monumental hasta la concatedral.

Fotogalería | Mérida se estremece con un multitudinario Vía Crucis en el Anfiteatro Romano

Fotogalería | Mérida se estremece con un multitudinario Vía Crucis en el Anfiteatro Romano / Ayuntamiento de Mérida

14 estaciones de penitencia

La ciudad ha asistido así a uno de sus ritos más reconocibles. En la procesión apenas rompe el silencio el redoble de los tambores sordos, mientras que ya en el interior del Anfiteatro los cantos de la liturgia hispano-visigótica, a cargo de la Capilla Gregoriana del Santísimo Cristo del Calvario,acompañan las 14 estaciones de penitencia. En el rezo se han intercalado de nuevo textos bíblicos, reflexiones y oraciones para, desde la misión cristiana, ofrecer esperanza y consuelo en un mundo lleno de injusticias.

El Ayuntamiento y la programación oficial de la Semana Santa sitúan precisamente este acto como el principal punto de referencia de la celebración emeritense por su diálogo entre fe, patrimonio y escenografía monumental. Una manifestación religiosa que enmudece al público hasta su finalización, culminada por un besapié al Cristo de la O en la sede metropolitana.

Este año, además, el Vía Crucis ha incorporado novedades organizativas. La recogida de entradas gratuitas para el graderío se ha trasladado a la medianoche del Viernes Santo en la puerta del Teatro Romano, mientras que los accesos a la arena se han repartido media hora antes en la concatedral. La Junta de Cofradías también ha designado a Juan Antonio Domínguez Muriano como capataz del Cristo de la O dentro de una nueva rotación anual de este cometido.

Un Viernes Santo de contrastes

El Vía Crucis pone el cierre a una jornada de Viernes Santo muy distinta en sus registros pero coherente en su tono. La mañana comenzó con la salida de la Cofradía Ferroviaria del Descendimiento, Santísima Virgen de las Angustias y Nuestra Señora de la Esperanza desde la Basílica de Santa Eulalia.

Su paso por el Arco de Trajano al mediodía y su entrada en la Plaza de España volvieron dejar una de las imágenes más luminosas del Viernes Santo emeritense, en un recorrido que ha enlazado la ciudad cofrade con el corazón monumental de Mérida.

El paso de La Esperanza en su transitar por el Arco de Trajano, uno de los momentos álgidos del recorrido.

El paso de La Esperanza en su transitar por el Arco de Trajano, uno de los momentos álgidos del recorrido. / Ayuntamiento de Mérida

Ya por la tarde, la Hermandad del Calvario sacó a la calle la Procesión Oficial del Santo Entierro de Mérida desde la Ermita del Calvario, con el Santísimo Cristo del Calvario Yacente y la Santísima Virgen de los Dolores. Entre sus momentos más destacados destacan la bajada por la calle Calvario, el paso bajo el Arco de Trajano y la llegada a la Plaza de España, en un cortejo sobrio que ha reforzado la dimensión institucional y ceremonial de la jornada.

El Santísimo Cristo del Calvario Yacente, portado por la Cofradía del Calvario de Mérida.

El Santísimo Cristo del Calvario Yacente, portado por la Cofradía del Calvario de Mérida. / Ayuntamiento de Mérida

La monumentalidad del Santo Entierro y la potencia simbólica del Vía Crucis en el Anfiteatro contrastan en la medianoche con la salida de la Virgen de los Dolores en su Soledad. Una procesión íntima, en silencio y acompañada por velas, también a cargo de la Hermandad del Calvario. Especialmente reconocible por su tránsito por la plaza de Luis Chamizo y por la recogida en la ermita bajo ese tono de barrio, cercanía y oración contenida.

Salida del paso de la Virgen de los Dolores, en la Ermita del Calvario de Mérida.

Salida del paso de la Virgen de los Dolores, en la Ermita del Calvario de Mérida. / Ayuntamiento de Mérida

Fe y patrimonio

La Semana Santa de Mérida se ha apoyado un año más en esa alianza entre devoción y piedra antigua que la hace distinta. El paso de las hermandades por enclaves como el Arco de Trajano, el Templo de Diana, la Alcazaba o el propio Anfiteatro Romano concede a la celebración un carácter singular. En esa suma de silencio, historia y escenografía ha vuelto a asentarse el latido del Viernes Santo emeritense.

Con la procesión del Domingo de Resurrección concluirá este domingo una Semana Santa que el propio Papa Francisco definió como "única en el mundo", porque "muy pocas ciudades pueden revivir estos días que cambiaron la historia de la humanidad en escenarios de más de 2.000 años de antigüedad, contemporáneos a los que Cristo sufrió la pasión".

Durante su participación en el pregón de 2025, en pleno Año Jubilar Eulaliense, el Papa Francisco destacó también "la figura de la niña mártir Santa Eulalia, cuyo culto convirtió a Mérida en cuna del cristianismo hispano y destino de peregrinaciones a lo largo de la historia".

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