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Los problemas de los evacuados del Sáhara Occidental

La evacuación civil forzosa se desarrolló entre el 30 de octubre y el 6 de diciembre de 1975, con el traslado de más de 9.000 personas

Ilustración sobre la Marcha Verde.

Ilustración sobre la Marcha Verde. / Adae Santana

Isabel Durán

Isabel Durán

Las Palmas de Gran Canaria

Los problemas derivados del abandono del Sáhara fueron varios. El Gobierno español se preocupó por el papel que Canarias tendría como región fronteriza en un contexto internacional de tensiones e influencias entre los grandes bloques. También destacó la importancia geoestratégica del Archipiélago, situado en un corredor marítimo por donde pasaban barcos pesqueros y petroleros, además de ser un punto clave en las comunicaciones aéreas. Preocupaba la llegada masiva de canarios, peninsulares y saharauis que debían ser reubicados en Canarias, afectada por alto desempleo, falta de viviendas y escasez de plazas escolares.

Económicamente preocupaba la incertidumbre sobre la explotación del banco pesquero canario-sahariano, de la que dependían más de tres mil familias. La Cámara de Comercio de Las Palmas compartía esta inquietud, ya que el sector pesquero era entonces el más importante de la provincia, por encima del turismo y la agricultura, debido al número de fábricas conserveras, frigoríficos y talleres, y porque puertos como el de La Luz servían de enlace con los del Sáhara.

También preocupaba la incertidumbre sobre las relaciones comerciales, ya que se perdería un mercado que dependía en un 90% de los proveedores canarios. Las islas exportaban y reexportaban numerosos productos y alimentos al Sáhara, y además desde allí se distribuían mercancías hacia Marruecos, Argelia y Mauritania mediante el contrabando. Un ejemplo de los problemas económicos fue el de la industria harinera de Las Palmas, que abastecía al Sáhara. En 1975 enviaba unas 12.200 toneladas anuales de trigo para el consumo civil, un 18% del total provincial, porcentaje que subía al 25% al incluir el consumo militar y la harina para galletas o sopas.

La vivienda fue un grave problema, pues muchas familias no tenían acceso a ningún alojamiento. Se llegó a barajar la posibilidad de acondicionar una parte del pinar de Tamadaba, en Gran Canaria, para la instalación de un campamento que pudiera acoger la afluencia de evacuados. La falta de vivienda y trabajo hicieron que se produjesen diversos encierros y manifestaciones.

Sin viviendas

La falta de alojamiento en Canarias también afectó al personal militar. Para paliar la escasez de viviendas destinadas a jefes, oficiales y suboficiales, se recurrió a una distribución por islas. En Fuerteventura la situación era especialmente urgente: en Puerto del Rosario, una ciudad de unos siete mil habitantes, se había acuartelado un Tercio de la Legión con 2.300 hombres y su personal de mando. Ante esta falta de espacio, algunos informes propusieron instalar barracones Fillod para alojar a los legionarios.

En Las Palmas, Cáritas Diocesana desempeñó un papel clave en la ayuda a los evacuados más necesitados, ofreciendo los apartamentos de la Casa Sacerdotal y las Hospederías de Urgencia, donde se alojaban unas sesenta personas. En Las Palmas de Gran Canaria se decidió instalar casas prefabricadas en las laderas de El Lasso, entre Pedro Hidalgo y el Colegio Ramón Menéndez Pidal. Como los terrenos pertenecían al Cabildo Insular, el Ayuntamiento realizó una permuta por otros solares en Tamaraceite, de mayor superficie. Estas viviendas se consideraron una solución temporal para los evacuados hasta su traslado a viviendas sociales en nuevas urbanizaciones, especialmente en Jinámar.

En febrero de 1977 se entregaron los primeros sesenta albergues prefabricados en Las Palmas de Gran Canaria para las familias más necesitadas, que tendrían prioridad para acceder a viviendas en Schamann, Las Remudas y Jinámar, que se adjudicaron en diciembre de ese mismo año. Se levantaron 62 barracones, pero las condiciones fueron muy malas: humedad, falta de saneamiento y suciedad provocaron problemas higiénicos y un brote de hepatitis infantil en los años ochenta. Con el tiempo el lugar se degradó aún más y fue demolido en 2000.

En Tenerife, unas 350 familias fueron evacuadas a Santa Cruz y solicitaron una casa. Para ellos comenzó la construcción de un grupo de viviendas en el polígono de Los Gladiolos, cuya fecha de finalización de obra estaba prevista para mayo de 1977. No obstante, en julio de ese año solo treinta familias habían tenido acceso a estas viviendas, encontrándose el resto en una situación difícil y de lucha.

Las ayudas

Cuando arrancó la evacuación, se anunció que los trabajadores evacuados recibirían una única ayuda de 20.000 pesetas (120 euros) y 5.000 (30 euros) más por esposa e hijos menores o incapacitados. En caso de desempleo, podían obtener un auxilio del 75% del salario mínimo durante seis meses. Los autónomos y pequeños empresarios podían acceder a créditos oficiales para reanudar su actividad en España. Entre junio y septiembre de 1976, los evacuados expresaron numerosas quejas en la prensa. Los obreros no habían cobrado indemnizaciones ni seguros de desempleo, y los pequeños comerciantes seguían esperando la compensación definitiva. Muchos pescadores no pudieron acceder a créditos por trabas burocráticas, y los transportistas, aunque trajeron sus vehículos, no podían trabajar por falta de licencias. Los obreros del Gobierno del Sáhara realizaron protestas y encierros en Las Palmas, y los problemas de los transportistas se prolongaron hasta 1978.

La descolonización del Sáhara Español marcó el final de casi un siglo de presencia española en África y abrió un conflicto aún sin resolver. El abandono precipitó una crisis humanitaria y económica que afectó tanto a los saharauis como a los evacuados. Las tensiones entre Marruecos y el Frente Polisario derivaron en una guerra prolongada y en la división del territorio. Medio siglo después, el Sáhara Occidental continúa siendo un escenario de disputa pendiente de descolonización y reconocimiento internacional.

[Este texto está basado en la tesis doctoral: La búsqueda del dorado en el Sáhara: Intereses, colonización y proceso migratorio de los canarios en la última colonia española durante el franquismo, de Beatriz Andreu Mediero, doctora en Historia por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) y docente en la ULPGC en el área de Didáctica de las Ciencias Sociales, en la Facultad de Ciencias de la Educación. Defendió la tesis en la ULPGC en 2013. Más información en el libro de la historiadora: El Dorado bajo el sol: Canarios en el antiguo Sáhara español, que se basa en la tesis.]

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