PSOE
Seísmo en el PSOE de Andalucía por el caso Salazar: "Nos hace más daño que la corrupción, es un golpe moral en la línea de flotación"
Dirigentes del PSOE consideran un "error" haber mantenido a Antonio Hernández tras la salida de Paco Salazar y reconocen que en el caso de Torremolinos "se debieron tomar medidas cautelares" porque había "mensajes reveladores por escrito"

Francisco José Salazar, ex secretario general de Coordinación Institucional en Moncloa / UIMP - Archivo
"El caso Salazar nos hace más daño que la corrupción, es un daño moral en la línea de flotación". La frase procede de una fuente de la dirección del PSOE de Andalucía y resume con crudeza el impacto que la crisis ha provocado en la que hace mucho tiempo fue la "federación más poderosa del partido". Las mayorías para llegar a Moncloa, lo saben los más veteranos del PSOE, lo sabe la demoscopia, se construyen desde Andalucía y desde Cataluña. Illa mantiene prietas las filas en Cataluña, en Andalucía se corre de un lado a otro como pollo sin cabeza.
El caso Salazar, que lleva abierto desde el pasado julio, no es solo un escándalo interno: es un golpe directo a Dos Hermanas, el núcleo de poder histórico del socialismo andaluz y el lugar donde se fraguaron muchas de sus victorias electorales y estrategias orgánicas. Que la caída vaya asociada a uno de sus territorios más influyentes amplifica el desconcierto.
La lectura oficial del PSOE-A, escenificada por Mario Jiménez este martes en rueda de prensa, intena proyectar serenidad, control y compromiso. "Toda la legislación feminista es obra del Partido Socialista", ha subrayado Jiménez al tiempo que ha defendido también la figura de la vicepresidenta primera, ministra de Hacienda y secretaria general del PSOE de Andalucía. "Nadie duda del compromiso feminista del PSOE y del PSOE de Andalucía, ni de María Jesús Montero". El pasado jueves, la líder del PSOE-A habló de que los tiempos son "excesivamente largos" en el PSOE ante las denuncias por acoso sexual y ha pedido "acelerar" los procedimientos y dar "más acompañamiento" a las denunciantes. Unos cirncunloquios que no han convencido demasiado ni en sus filas.
El retrato encaja en lo que se percibe como un problema interno que se conocía de forma informal, pero nunca se abordó con contundencia
La interpretación que se hace en los despachos, en los pasillos y a poco que se rasque un poco es mucho más áspera. Pocas sorpresas con Paco Salazar, a decir de múltiples fuentes con las que ha hablado El Correo de Andalucía. Hay quien lo define como alguien que "hacía bromitas de muy mal gusto", a todas, a todos. En el caso de ellas con posible "tono sexual pero seguramente sin intención sexual", rebajan. "No me sorprende; sé de qué palo va", dice otra fuente. El retrato encaja en lo que se percibe como un problema interno que se conocía de forma informal, pero nunca se abordó con contundencia.
Ese subtexto explica por qué la federación andaluza está especialmente tocada. Salazar no era un cuadro secundario; era un producto político de Dos Hermanas, la estructura que durante años ha actuado como centro de gravedad orgánica y laboratorio estratégico del PSOE-A y el territorio donde Pedro Sánchez renació como el ave fénix tras aquellas primarias, donde regresó a la primera línea tras vencer al aparato que representaba hoy una serie de dirigentes y nombres que con el tiempo se han sanchizado. Por contra, en Dos Hermanas no hubo que cambiar de chaqueta: se proclamó sanchista desde el minuto uno. Y por eso aquí al mensaje de condencia contudente ante cualquier episodio similar se le añaden peros en off.
La crisis no llega sola: Ábalos y Torremolinos
La crisis no llega sola. El hartazgo acumulado tras los casos de Ábalos y el reciente episodio de Torremolinos ha prendido en el seno del partido, especialmente entre las mujeres, cuyo rechazo se ha hecho explícito en los últimos días. "El estado de ánimo está muy muy tocado", reconoce la dirección andaluza. Y la reflexión interna es descarnada: "Los temas de igualdad hacen más daño en el PSOE que la corrupción". La frase describe una preocupación estratégica -la pérdida de confianza del electorado femenino- y una moral: la sensación de incoherencia con los principios que el partido dice defender.
El caso de Antonio Navarro en Torremolinos, en el que una denuncia estuvo cinco meses sin tramitarse, actuó como detonante. Cuando María Jesús Montero conoció el retraso, "montó en cólera", según una fuente de su entorno. La aprobación este lunes de una gestora para intervenir la agrupación es la prueba de que el PSOE-A intenta cortar el goteo de descrédito, convertido ya en una cuestión de supervivencia reputacional.
La onda expansiva también ha alcanzado a perfiles vinculados a Salazar, como Antonio Hernández, su mano derecha. Aunque se insiste en que nunca ha tenido comportamientos similares, se reconoce que mantenerlo estos meses fue "un error"
La onda expansiva también ha alcanzado a perfiles vinculados a Salazar, como Antonio Hernández, su mano derecha. Aunque se insiste en que nunca ha tenido comportamientos similares, se reconoce que mantenerlo estos meses fue "un error". Cuando el caso volvió a la palestra recientemente, cuando eldiario.es desveló , Hernández puso su cargo a disposición, según han querido aclarar desde el PSOE-A, aunque no ha sido cesado, pese a que en un primer momento trascendió que su salida del entorno de Moncloa fue un golpe de mano de Sánchez. En este sentido, voces del PSOE comparan la suerte de otros manos derecha: "¿Si Cerdán está en la cárcel, qué hace Juanfran Serrano en Ferraz todavía?".
Tras la salida de Antonio Hernández, voces del PSOE comparan la suerte de otros manos derecha: "¿Si Cerdán está en la cárcel, qué hace Juanfran Serrano en Ferraz todavía?"
El ruido generado ha alimentado especulaciones sobre movimientos internos contra Pedro Sánchez, algo que en Andalucía se descarta de plano: "No hay capacidad en ningún nivel para construir una alternativa". La crisis, insisten, no es un pulso de poder, sino un agujero que afecta a la credibilidad global del partido.
Frente a este escenario, en el PSOE-A asumen que se deberían haber aplicado medidas cautelares desde el primer momento, de forma muy evidente en el caso de Torremolinos, donde los mensajes era reveladores: suspensiones de militancia y protocolos más ágiles habrían evitado parte del desgaste. En los próximos días, según ha podido saber este medio, el PSOE-A detallará "nuevas actuaciones" para reforzar la respuesta ante denuncias internas.
Mientras tanto, el desánimo se cuela en la conversación diaria. “Me levanto pensando en cómo pegarle una corná al PP y me desayuno con situaciones que nos desvían de lo importante”, admite un dirigente. La frase revela un malestar profundo: la federación que siempre presumió de músculo orgánico y capacidad electoral siente ahora que el golpe afecta a su esencia. El PSOE-A sabe que la reconstrucción no puede demorarse, porque la grieta ya no es solo política: es moral.
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