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SUMAR

Yolanda Díaz adopta perfil bajo y va 'por libre' tras su paso atrás en la izquierda

La vicepresidenta segunda se centra en su papel en el Gobierno y reduce sus intervenciones políticas

La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, en un acto como ministra de Trabajo.

La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, en un acto como ministra de Trabajo. / Mariscal / EFE

Madrid

La izquierda más allá del PSOE ha activado la cuenta atrás para su enésima refundación de cara a las próximas generales, en un proceso que ha relegado a Yolanda Díaz a un segundo plano. Quien lanzó Sumar hace cuatro años para ahormar el espacio político, permitiendo revalidar el Gobierno de coalición, mantiene ahora un perfil bajo, tras renunciar en febrero a volver a liderar la candidatura progresista en 2027. Una suerte de 'desaparición' pública por la que la dirigente acota su agenda a su actividad como ministra de Trabajo. Y en las escasas intervenciones como representante de Sumar, la vicepresidenta ha demostrado ir por libre, alejada de las decisiones y estrategias que ahora discurren fuera de su órbita.

En el último mes, la dirigente ha centrado la mayor parte de sus intervenciones en su ámbito ministerial al tiempo en que ha reducido sus intervenciones de corte más político. En el último mes, Yolanda Díaz ha participado en decenas de actos y foros sectoriales en materia laboral y de Gobierno, pero en este tiempo apenas ha protagonizado cinco entrevistas en cadenas de televisión o radio; dos en TVE, además de Cadena Ser, RNE y otra en Onda Cero. La reducción en sus intervenciones ha sido una tendencia desde el pasado 25 de febrero, cuando publicó una carta en redes avanzando su paso atrás.

En estas entrevistas, la vicepresidenta primera del Gobierno evitaba pronunciarse sobre la situación de la izquierda, limitándose a insistir en su aspiración de que los partidos vuelvan a unirse para las próximas generales bajo una única candidatura, tal como ha venido haciendo esta legislatura. Rehuía así de la vertiente más interna, mientras trataba de centrar su mensaje en la última batalla de Sumar en el Gobierno: el decreto de vivienda para la prórroga de alquileres. Ella fue quien animó en primer lugar a los inquilinos a que pidieran la prórroga, y después ha venido insistiendo en este mensaje.

Pero ni siquiera lo hizo con un discurso alineado con la nueva coalición de izquierdas, formada por IU, Más Madrid, Comuns y Movimiento Sumar. En esta coalición, han procurado mantener una estrategia de presión al PP mientras evitaban confrontar con Junts, a los que eludían siquiera mencionar, convencidos de que cualquier salida de tono hacia el partido de Carles Puigdemont podía sublevarles y romper cualquier opción de que aprueben la medida en el Congreso, que votará la última semana de abril. "Si queremos negociar, no podemos insultarles", trasladaban desde la coalición de izquierdas, explicando el silencio sobre Junts.

La política de guante blanco ha sido tal que incluso algunos dirigentes plantearon en el grupo parlamentario la opción de abstenerse a la ley de Junts para prohibir el burka en el Congreso, como guiño al partido de Carles Puigdemont, en unas conversaciones que habían comenzado a producirse. Así, algunos dirigentes de los Comuns, como Gerardo Pisarello o el ministro Ernest Urtasun, se mostraron partidarios de replantear la posición de Sumar para facilitar las negociaciones. Pero este punto generó cierta división en el grupo parlamentario, que al final terminó rechazando en bloque la propuesta.

Y frente a la prudencia de los ministros Pablo Bustinduy o el propio Urtasun en sus referencias a Junts, la vicepresidenta segunda mantiene un discurso propio. Si durante gran parte de la legislatura, la estrategia de la coalición de izquierdas ha pivotado sobre la vicepresidenta segunda, desde hace meses los cuatro partidos de la nueva alianza de izquierdas se reúnen periódicamente para decidir los pasos a seguir. Una serie de encuentros de los que en ocasiones participan los ministros de Sumar, pero ya sin que Díaz marque el rumbo.

Una diferencia política que se hizo más que evidente este mismo jueves, cuando en una entrevista en Onda Cero cargó duramente contra el partido posconvergente, a quien acusó de ser "clasista y racista" desde "siempre". Los insultos evidenciaban la mala relación existente entre la ministra de Trabajo y Junts, que en septiembre tumbó la medida estrella de Yolanda Díaz, la reducción de la jornada laboral. Estas declaraciones abrieron un frente con Junts, que anunció al ruptura de relaciones con Sumar y reiteró su rechazo a aprobar el decreto.

El nuevo rol de Yolanda Díaz presenta cierta complejidad: sigue siendo la líder de Sumar en el Gobierno, después de que los partidos acordasen mantenerla como principal interlocutora de Pedro Sánchez, pero al mismo tiempo es un liderazgo saliente en la coalición de izquierdas, que está en busca de nuevas referencias que encabecen la candidatura.

Hasta ahora, el vacío dejado por la dirigente gallega está siendo ocupado por dos figuras. El ministro Urtasun, que en un primer momento multiplicó sus intervenciones públicas tras la salida de Díaz; pero sobre todo en las últimas semanas Pablo Bustinduy, que está abanderando desde el Ministerio de Derechos Sociales la batalla por la vivienda y el pulso con el ala socialista del Gobierno.

Bustinduy es la figura a la que todos miran dentro de la coalición por su perfil conciliador con el resto de partidos de izquierda -no ha roto puentes con Podemos- y su dureza con el PSOE. Sin embargo, el dirigente ha rechazado la opción de presentarse como candidato pese a las fuertes presiones internas. Una situación que algunos confían en que pueda revertirse en los próximos meses, ante la falta de opciones claras a la izquierda del PSOE y después de que Irene Montero ya se haya postulado para encabezar una eventual candidatura de izquierdas.

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