Opinión | Elecciones en Andalucía
El PSOE aún puede arrinconar a Vox en Andalucía con una abstención condicionada a inversión en sanidad y derechos
El progresismo, a la baja en las urnas, debe afrontar ya el debate sobre cuál es la forma más realista y coherente de frenar la ola ultra en España

María Jesús Montero, tras los resultados del 17-M. / Agencias
Si algo nos ha enseñado Pedro Sánchez en su ya larguísimo mandato es que modificar el criterio propio y dar un “sí” donde antaño hubo un “no” es cuestión de contextos y de necesidades vitales, sociales o políticas. Un oportuno giro (los hay también oportunistas) puede trasformar en virtud de un líder pragmático o con coraje lo que otros consideran un defecto, una incoherencia o un defecto.
Esos “cambios de opinión” defendidos por el propio Sánchez para explicarse a sí mismo y a algunas de sus decisiones son ya legado del ‘sanchismo’. Y algunos de esos volantazos, como el que el PSOE que apoyó el 155 tras el ‘procès’ acabo dando a posteriori en Cataluña en pro del apaciguamiento y la reconciliación, han tenido réditos democráticos. Allí el presidente cambió de posición, nos dijo, porque había cambiado el contexto (y sus necesidades de aritmética parlamentaria, también). Pues ahora, en mayo de 2026, el contexto es la potencial influencia de Vox en las políticas que marcarán nuestras vidas y las de nuestros hijos.
La que firma este artículo está convencida de que el jefe de los socialistas y su veterana política de confianza en Andalucía, María Jesús Montero, tienen ante sí una oportunidad histórica para pasar del “no es no” al PP a un actualizado “sí es sí” que amordace a Vox. ¿Cómo? Con una abstención a la andaluza a cambio de un acuerdo serio y comprometido de investidura, que proteja derechos y obligue a invertir en servicios públicos. Y a partir de ahí, a hacer oposición tan dura como sea menester y a alcanzar pactos puntuales que beneficien a los andaluces, no a Juanma Moreno ni al PP, que han de buscarse sus habichuelas en el día a día o sufrir su escasez.
Ya sé que la primera reacción de los socialistas andaluces que lidera Montero, tras su debacle en urnas, ha sido avisar este lunes que ni de broma se abstendrán para que Moreno sea presidente. Para qué una mínima reflexión... Ellos, como podrían haber hecho los compañeros de otras regiones que también han sufrido recientemente en comicios, debían/podían haber usado sus insuficientes pero poderosos votos para esquinar a Vox, no para entregar el poder o dejar de entregarlo a quien en cualquier caso iba a lograr la presidencia. Hay beneficio democrático en hacerlo y hacerse valer ante esa todavía mayoritaria parte del país que se niega a normalizar lo que no es normal.
Es cierto que hay algún presidenciable popular que ha espetado en su territorio que al PSOE no le aceptaría ni agua: pues que se moje el PP en la charca nacional si realmente tiene la opción de prescindir de la presión ultra y no lo hace. Que se vean en ese brete sus cargos y su jefe, Alberto Núñez-Feijóo, a quien antaño le entraba dolor de estómago en Galicia solo con oír hablar de los de Santiago Abascal y sus ocurrencias. Ese Feijóo jamás habría permitido que un tercero le fijase su prioridad nacional. O su prioridad gallega.
Volviendo a Sánchez: es loable que intente dar luchas épicas fuera de nuestras fronteras ante océanos de barbarie ajena, pero a veces también toca mojarse en los ya mencionados charcos de casa si los derechos básicos peligran. No está el mundo para bollos, pero alguien tiene que atreverse de una vez a encender el horno en su propia cocina para que la democracia, y no sucedáneos, cuaje y siga creciendo.
Este es hoy un debate incómodo para el progresismo y para los ‘demodé’ que no militan en trincheras, porque a quien osa ponerlo sobre la mesa le cae encima una lluvia de improperios que más que amedrentar, deprime por evidenciar que el supuesto muro ‘antifascista’ o ‘antiextremista’ tiene la solidez del cartón piedra. Los socialistas, como otros más a su izquierda, llevan años autoproclamándose dique de contención del fenómeno ultra, pero parece que sólo están dispuestos a construir la presa si son ellos los que, de una forma o de otra, ocupen los sillones de gobierno. Es natural que esa sea su primera opción. Y hasta que se jueguen el tipo con acuerdos parlamentarios antinatura. Pero a veces, como diría Pedro Sánchez, hay que cambiar de opinión por cuestión de contexto.
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