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EN AGOSTO SE CUMPLEN 20 AÑOS DE UNA MASACRE CON 9 MUERTOS Y 6 HERIDOS.

Adiós al último protagonista del crimen de Puerto Hurraco

Antonio Izquierdo fue encontrado ahorcado en su celda el sábado.Ningún familiar se ha hecho cargo del entierro, que está previsto para hoy.

D. BARRASA MERIDAD. BARRASA MERIDA
26/04/2010

 

El último capítulo de la masacre de Puerto Hurraco está a punto de escribirse. Antonio Izquierdo, que junto a su hermano Emilio fue condenado a 345 años de prisión por matar a 9 personas y herir de gravedad a otras 6 en la trágica noche del 26 de agosto de 1990, fue encontrado en la madrugada del sábado ahorcado en su celda del módulo de enfermería del centro penitenciario de Badajoz. Allí vivía desde hace algún tiempo debido a su salud.

Su cuerpo ha permanecido desde entonces en las dependencias del Anatómico Forense del Hospital Infanta Cristina de Badajoz para practicarle la autopsia. Cuando se produzca su entierro, previsto para hoy, se cerrará la última página del suceso que elevó a esta localidad pacense a las primeras páginas de la más negra historia de Extremadura y de toda España. Una historia de odio y venganza entre dos familias por una disputa de lindes que tuvo el detonante en la muerte de la madre de los Izquierdo, según ellos a manos de los Cabanillas, a quienes acusan de prender fuego a su casa.

La muerte de Antonio, a los 73 años, se suma a las de sus hermanas Luciana y Angela, que murieron en 2005 con meses de diferencia, y la de Emilio, un año después, todos ellos por causas naturales. Las primeras en el psiquiátrico de Mérida, donde ingresaron de por vida por orden del juez. Y el segundo, como su hermano, en el penal de Badajoz, donde siempre permanecieron muy unidos y aislados del resto de los presos.

Carmelo Charfolé, director del penal, define como hosco y huraño el carácter de Antonio, quien nunca antes había mostrado indicios de autolesionarse. Unas características que se habían agravado desde la muerte de su hermano. Después de su entierro, nunca más volvió a relacionarse con nadie, salvo lo imprescindible con los funcionarios del centro. Nunca, en sus 20 años de internamiento, participó en alguna de las actividades organizadas ni recibió la visita de algún familiar.

El pasado octubre fue la última vez que le fue rechazada --al considerarse que no puede llevar una vida normal fuera del penal-- la concesión del tercer grado penitenciario a la que tienen opción los presos con más de 70 años. Se desconoce qué le ha llevado a terminar de esta forma con su vida, pero la frase: "Te vas, pero hemos vengado la muerte de nuestra madre", con la que despidió a Emilio el día de su entierro, indicaba que, al menos hasta entonces, no había signos de arrepentimiento.

Al no ser reclamado el cuerpo por ningún familiar será Instituciones Penitenciarias quien se hará cargo del sepelio. La funeraria que tiene encomendado el trámite sostiene que será hoy, aunque aún se desconoce el lugar a falta de cerrar algunos aspectos burocráticos. No obstante, todo parece indicar que sus restos descansarán junto a los de sus tres hermanos, en Mérida.

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