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Arqueólogos (II)

FERNANDO Valdés
27/02/2012

 

TEtn esto de la Arqueología también hay fraude. Prácticas abusivas, inhibición de la administración competente e ignorancia, mucha ignorancia, como en cualquier gremio. Y, además, cualquiera que ha plantado un geranio --práctica de excavación donde las haya-- puede llamarse arqueólogo, cuando sólo es excavador. Luego llegan los trámites para solicitar una dirección.

Cualquier licenciado en Historia --hablo de aquí-- con un currículo de un cierto número de actividades afines documentadas puede hacerlo. A la Administración no le importa si el solicitante tiene nivel científico suficiente. Se puede tener un historial de destripar yacimientos y justificar un largo palmarés. Y eso es una contradicción, porque es ahí donde reside la clave de algunos problemas.

Como en Medicina, no puede mezclase la actividad de los especialistas. No es lógico que un medievalista excave yacimientos prehistóricos, pero, tampoco, que un tratadista de arte rupestre paleolítico dirija investigaciones en una ciudad romana, por poner sólo un ejemplo comprensible. Esa es, al menos, la teoría.

Pero hay más. A la hora de las autorizaciones previas, el excavador ha de incluir una copia del presupuesto aprobado por la empresa contratante. Es decir, dejar que se supervise un documento privado, firmado entre dos entes privados. Eso, se dice, es para evitar las bajas temerarias y para proteger los intereses laborales del arqueólogo. En realidad no suele ser así. No es infrecuente la presentación de presupuestos falsos, luego no concordantes con el precio real del proyecto. Y en eso conviene saber que el director de la excavación suele ser, a su vez, contratado por una empresa de gestión arqueológica, la realmente beneficiada, en dinero o frecuencia de proyectos, con un mismo adjudicatario de obras. Y eso redunda en la disminución del rigor técnico, tampoco muy exigido si el proyecto lo paga otra administración. La conveniencia política y la comodidad de los servicios jurídicos echan siempre su cuarto a espadas. Y suelen ganar.

No crean que en Badajoz somos ajenos a esas prácticas. Esto no es Hawai y, a este paso, cada vez lo será menos.

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