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La vía sigue cortada más de una semana después del suceso

La calle Amparo continúa a la espera de que retiren los ripios

Los vecinos se quejan de la tardanza a la hora de demoler la vivienda en ruinas. En la casa de al lado sufren humedades por el abandono de la que se cayó el 10 de febrero.

 

Yolanda Santiago, a las puertas de su domicilio que se encuentra justo en frente de las ruinas - SANTI GARCÍA

Lydia Sánchez Lydia Sánchez
19/02/2021

Abandonados. Así se sienten los vecinos de las viviendas más próximas a la que se derrumbó el pasado 10 de febrero en la calle Amparo del Casco Antiguo. Ha pasado ya más de una semana y los escombros todavía no han sido retirados. «Si hay una emergencia, cualquier tipo de movimiento con la ambulancia será mucho más complicado», manifiesta Otilia Moralo desde la puerta de su casa unos metros más allá de las ruinas. Apenas lleva tres años en Badajoz, pero ya ha escuchado numerosas quejas, las de su primo entre ellas, que avisaban de la existencia de casas cuyo estado era tan malo, que «con un suspiro» se caerían. En poco tiempo se ha dado cuenta de la realidad del Casco Antiguo pacense: «El centro de Badajoz, con todo el respeto, es un fantasma».

Los residentes de alrededor están deseando que todo vuelva a la normalidad, pero Juan Díaz puede que sea uno de los que más lo anhele. Vive justo al lado de la casa que se cayó, un suceso que él ya se veía venir.

Lleva con humedades en las paredes de su domicilio desde que comenzó a vivir en él hace ya unos diez años. Asegura que, por más que avisó al ayuntamiento de los desperfectos que padecía a causa del abandono del inmueble que finalmente se ha acabado desmoronando, nadie acudió en su ayuda. «Llevamos sufriendo esto un montón de tiempo, pero aquí nadie ha hecho caso hasta que se ha caído», dice bastante molesto.

Sus dos nietos pequeños de 20 meses y 3 años viven en el piso de arriba, por lo que, para evitarles inconvenientes, tuvo que buscar una solución que encontró en el pladur y que en absoluto es definitiva, ya que las humedades vuelven a aparecer. Desde que llegó, ha gastado entre unos cuatro y cinco mil euros en reformas que, según él, de nada sirven, puesto que el agua vuelve a filtrarse.

Carmen González, arquitecta municipal, sostiene que en cuanto demuelan por completo la vivienda desplomada sus problemas se acabarán. También garantiza que no tardarán más de tres o cuatro días en terminar con unos trabajos que deberían haber empezado ayer pero que se demoraron puesto que, antes de ponerse a ello, debían retirarse los cables que se descolgaron con el incidente, una tarea de la que los responsables comenzaron a encargarse el miércoles por la tarde.

Casi igual de enfadada se encuentra Yolanda Santiago, vecina cuyo balcón justo en frente le otorga unas vistas ‘privilegiadas’ del derrumbe. Cuenta que, por si eso no fuera poco, la gente encima aprovecha las ruinas para echar basura o hacer sus necesidades. «Nosotros ya hemos ido muchas veces al ayuntamiento y no nos hacen caso. Nos piden que hagamos escritos, pero aquí nadie hace nada», dice Santiago, que concluye expresando una advertencia poco halagüeña: «Hay muchas casas por ahí que cualquier día se van a caer igual».