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el chinero

Carnavalísimo

 

La mismísima Rosalía se fijó en la comparsa Meraki. - ANDRÉS RODRÍGUEZ

Ascensión Martínez Romasanta Periodista
01/03/2020

El año pasado Badajoz celebró el carnavalazo y este ha sido el carnavalísimo, por utilizar un superlativo distinto. Faltan los calificativos para describir cómo esta fiesta sigue creciendo, algo que cada año parece imposible de superar en la siguiente edición, pero se reinventa y alcanza sin resuello dimensiones que parecían imposibles.

Yo era de las que recordaba con nostalgia los tiempos en los que La Ría llenaba de buen ambiente la plaza de España. Pero tras unos años de indefinición por la música en la calle que iba y venía, este rincón de la ciudad ha recuperado su protagonismo, como lo tiene sin duda el paseo de San Francisco, que de romería urbana hasta rebosar de familias durante todo el sábado de día, pasó al macrobotellón nocturno sin que en ningún momento se vaciase la plaza.

Las murgas han estado insuperables, con nuevos giros e inventos que las han cargado de una originalidad enriquecedora, y las comparsas, artefactos y grupos menores no han escatimado en imaginación, trabajo previo, espectacularidad y buen humor (salvo excepciones, difíciles de digerir, por mucho que defiendan que en el carnaval no debe haber líneas rojas a la libertad de expresión). Sacaron a la calle un desfile que perdurará en la memoria de todos los carnavaleros y que pone el listón demasiado alto para quienes ya están pensando en la próxima edición. Hasta la mismísima Rosalía, de fama internacional, se ha fijado en el Carnaval de Badajoz y ha colgado en sus redes la imagen del estandarte de la comparsa Meraki que imitaba la portada de su disco El mal querer y que basó su traje y su coreografía en el arte de la barcelonesa.

Qué gente tan graciosa pulula por las calles de esta ciudad. Cuánta imaginación casera y cuánta poca vergüenza a la hora de disfrazarse. Imposible que alguien no se lo haya pasado bien cualquiera de los cinco días que ha durado la fiesta. Solo con mirar lo que ocurría alrededor la diversión estaba asegurada.

Pero cuando tanta gente se junta en un mismo lugar y durante tanto tiempo, a la fuerza surgen inconvenientes, que los ha habido, así como quedan algunas situaciones por resolver. El desfile del domingo es excesivamente largo. Lo es y alguna solución hay que buscar, no solo porque para el público es insufrible aguantar ocho horas sentado, de pie o apoyado en una barra. También por respeto a los últimos grupos que desfilan, que se han esforzado como los que más en confeccionar disfraces originales y un pasacalles divertido. Les ocurre a los grupos menores, a los que por cierto se les debería buscar otra denominación, menos genérica y despectiva. Además muchos no caben en este epígrafe (ha llegado a haber grupos menores con más de 90 integrantes). Hay comparseros, hay murgueros y hay artefacteros, pero los grupomenoreros no existen. Grupos menores y sobre todo artefactos son los auténticos sufridores del eterno desfile, pues cuando ellos entran en la carrera oficial, ha anochecido y muchas sillas están vacías. Una solución hay que buscar y podría ser intercalarlos con las comparsas.

También habrá que subsanar la falta de urinarios portátiles, pues aunque se han incrementado, siguen siendo insuficientes, como los contenedores de basura.

Termino con una justa reprimenda a los hosteleros que sacan jugo de la gran afluencia de gentío poniendo precios desorbitados a artículos que pueden considerarse de primera necesidad. No hablo de la cerveza (3 euros en vaso de plástico), sino del agua: 2 euros por una botella de 33 cl, la más pequeña del mercado. Un insignificante detalle de una gran importancia que dice muy poco de la hospitalidad y mucho de afán de lucro que afea al sector. Ojalá fuese la excepción.