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SU YA COMPLICADA SITUACIÓN SE AGRAVA CON LAS ÚLTIMAS RESTRICIONES PARA TRATAR DE FRENAR LOS CONTAGIOS DE COVID-19

El cierre de bares y tiendas deja la actividad de los taxis bajo mínimos en Badajoz

Los taxistas cifran la bajada de sus ingresos en más de un 60% con respecto a antes de la pandemia. El sector se plantea volver a sacar a la calle solo la mitad de la flota, como durante el confinamiento

 

Taxis en la parada de la plaza de España de Badajoz. - SANTI GARCÍA

Belén Castaño Chaparro
18/01/2021

Nunca antes habíamos vivido una situación tan difícil. Es, con creces, mucho peor que sufrimos en la crisis del 2012». Con estas o parecidas palabras describen los taxistas de Badajoz el «crítico» momento que atraviesa el sector, cuya actividad ha quedado reducida a mínimos tras el cierre de la hostelería y el comercio no esencial. Si costaba que las cuentas salieran tras la entrada en la ‘nueva normalidad', ahora «perdemos dinero trabajando», aseguran.

«Nuestros ingresos dependen de la movilidad, si la gente no se mueve, nosotros tampoco», razona el presidente de la Asociación Radio -Taxi, Juan Antonio Joven, quien señala que si el cierre de bares y comercios se prorroga, se tendrán que plantear volver a la fórmula de trabajo que mantuvieron durante el confinamiento: que solo la mitad de la flota salga a la calle cada día.

Sin ocio ni comercio, con el toque de queda a las diez de la noche, con los centros de salud prestando gran parte de la atención de manera telefónica, el teletrabajo y con pocos viajeros en las estaciones de autobuses, trenes y el aeropuerto, las cuentas no les salen. Sus ingresos se han reducido entre un «60 y un 70%» con respecto a antes de la crisis sanitaria.

«Los días laborables son malos, pero las noches y los fines de semana, mucho peor». No solo lo dicen, lo demuestran con el registro de datos de espera de los vehículos en las paradas. Ayer por la mañana, en la de la avenida Augusto Vázquez, uno de los taxistas llevaba 232 minutos (casi 4 horas) esperando que le entrase un servicio. A la misma hora, en Pardaleras, otro compañero tenía el coche parado desde hacía 192 minutos, casi los mismos que otro de Los Ordenando, que en 190 minutos no había movido su vehículo. «En condiciones normales, podíamos estar parados 18 o 20 minutos, ahora son horas y horas...», comparaba un taxista.

Hay noches, según cuentan, que los pocos coches que están en la calle hacen dos o tres servicios, «si hay suerte», y en la mayoría de los casos son trayectos cortos, por lo que se cobra el mínimo, 5,20 euros. «Si te pones a echar cuentas, te sale la hora a menos de 30 céntimos». También queda lejos de ser rentable por el día, con el servicio mínimo a 3,20 euros. «Son muchas horas para unas pocas carreras... Es quemar tiempo», apunta el presidente de Radio-Taxi, quien reconoce que algunos compañeros «lo dejarían hoy mismo» si encontraran otro empleo y pudieran traspasar sus licencias (hay 143).

El sistema habitual de trabajo en Badajoz son las paradas y las llamadas, no como en las grandes ciudades en la que los taxistas dan vueltas en busca de clientes que puedan requerir sus servicios. «Aquí en muchas paradas ahora ni siquiera cabemos, porque los coches no se mueven», cuenta un taxista para ilustrar la complicada situación que vive el sector.

«Estamos porque no te vas a quedar en casa, pero te cuesta dinero trabajar por el tiempo, el combustible por tener puesta la calefacción tantas horas con esta ola de frío», relata otro.

El taxi, un servicio considerado esencial, ha quedado para «lo estrictamente necesario». Las personas mayores son unos de los principales usuarios, pero con la pandemia estos clientes han descendido considerablemente. «Son un colectivo de riesgo, van menos a comprar, tampoco al médico, ni salen prácticamente de casa, salvo si no queda más remedio», explica Joven.

La caída de la actividad por el cierre de bares y tiendas, las restricciones de movilidad y el toque de queda dan «la puntilla» a un sector al que le estaba costando salir a flote y tampoco ha podido ni podrá hacer «colchón» en fechas claves como la feria de San Juan, la Navidad o el Carnaval, que hasta ahora servían para paliar el descenso de los ingresos durante los meses de verano. Ahora, dicen, viven en un mes de agosto continúo y «con pocas ayudas».