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La atalaya

Ciudades (Estrambote)

 

Fernando Valdés Fernando Valdés
27/06/2016

Me ha faltado explicar en la columna anterior algo. Alguien lo ha echado de menos y me lo han recriminado, con muy buenos modos. ¿Por qué digo eso de la explanada? ¿Cómo lo sé? No quiero repetirme, pero no hay más secreto que lo siguiente. Hasta mediados del siglo XII, en al-Andalus se usaban como hórreos unos silos en forma de bolsa, excavados en el suelo, donde se guardaba el grano. Cada familia tenía el suyo. La boca, siempre estrecha, se protegía, para evitar la entrada de agua que dañara el contenido, y se disimulaba, para evitar el robo o el saqueo. Su pérdida suponía la ruina y el hambre. Por eso estas cavidades se bendecían -a lo musulmán- matando, antes de llenarlas, un cordero. Se aspergía su sangre sobre el silo. Se consumía la carne y sobre una de sus paletillas limpias, que también se usaban a veces para enseñar a los niños a escribir, se inscribía una frase del Corán o el nombre del propietario del depósito. No sé si tamaña protección servía para algo, pero el método se ha continuado usando en Anatolia, Iraq y Marruecos. Los viajeros europeos, sobre todo franceses, que recorrieron nuestro país vecino en la segunda mitad del siglo XIX, dejaron cumplido testimonio. Y hasta algún novelista turco de la segunda mitad del siglo XX. Una de las cuestiones más interesantes es que, en beneficio de la seguridad, los silos se excavaban fuera de los cascos urbanos. Y eso fue precisamente lo que ocurrió en Batalyús. Podría hablarse, con todas las cautelas, de una especie de corona de cavidades en torno al caserío. Han aparecido por muchos lugares. Seguramente estos campos de silos los vigilaba, de forma discreta para evitar su localización, alguien a quien pagaban los propietarios.

Esos almacenes se amortizaron entre fines del siglo XI y mediados del XII. Se rellenaron de basura y ahí se quedaron. No sabemos los motivos. Luego, como estaban próximos a las viviendas, al extenderse la ciudad, se fue construyendo encima. Es frecuente encontrar las bocas tapadas por los muros de las nuevas casas, edificadas donde antes no había nada. Por eso supimos que el jardín de las Casas Mudéjares pertenecía a una vivienda de la segunda mitad del XII o primeros años del XIII. Hay un silo con la boca cegada por el cimiento del arriate del jardín. Ya lo saben. Con esto y lo dicho ya pueden entender mis teorías.