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la atalaya

Ciudades (II)

Fernando Valdés Fernando Valdés
09/09/2019

 

Hablando del antiguo relieve de Badajoz. La muralla abaluartada, como todas las murallas, sirvió de referente en el urbanismo de la ciudad. Cuando en 1669 el duque de Toscana, Cosme III de Medici –la Corona española nunca le reconoció el título-, pasó por aquí -huyendo de su mujer, a la que no aguantaba- el nuevo recinto estaba a medio levantar. El espacio que lo separaba del último medieval, aún desconocemos la mayor parte de su trazado, estaba casi vacía y comenzó a sufrir notables variaciones. La primera afectó al punto donde luego se alzó el baluarte de San Pedro. O sea, donde ahora se ve el Palacio de Congresos ‘Manuel Rojas’ y, antes, la Plaza de Toros Vieja. Digamos, en alguna ocasión lo he contado, que ese coso, el primero de 1817, solo tenía construido un segmento de círculo. El resto estaba labrado en el relleno del baluarte que en realidad no era terreno de echadizo, sino un pequeño montículo. Lo explico. Cuando se trazaron los baluartes se encontraron en su camino una elevación o quizás se eligió ese trazado porque estaba allí. Lo cierto es que la revistieron con una camisa de mampostería, allanando su cima, y la tierra sobrante la arrojaron en los espacios vacíos, entre la obra poligonal y el perfil redondeado de la prominencia. Fue un modo fácil, y mucho más barato y cómodo, de rematar ese sector del anillo defensivo. Sin embargo, la decisión de los ingenieros militares no solo provocó la desaparición de ese accidente del relieve. Tuvo otros efectos.

En la ladera, hacia el sudeste, había una cárcava de cierta profundidad. Era el cauce por el que discurrían, en dirección al arroyo Rivillas, las aguas de escorrentía del propio cerro, de la ladera oriental del que sujetaba a la población primitiva, de la zona que ocupa la Puerta del Pilar y de la plataforma, más o menos accidentada, donde después se levantó, mucho más adelante, el desdichado Hospital Provincial. Cuando llovía, ese cauce se convertía en un torrente y nunca debía dejar de correr algo de corriente. Su fondo, de cantos rodados, se ha sacado a la luz en diversos solares de la Ronda del Pilar, desde el Palacio de Congresos a la Puerta de la Trinidad. Sigue transmitiendo humedad a los edificios cercanos.

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