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A la intemperie

¿Delante o adelante?

Aunque es correcto decir hacia adelante, resulta, amén de cacofónico, redundante

Fernando Valbuena Fernando Valbuena
20/05/2019

 

Vaya por delante la propaganda electoral. A la vuelta de la esquina. Colgando de una farola. En un cartelón, sobre fondo rojo, leo: «hacia delante». Ahí queda eso.

Los aficionados a los toros se dividen en dos: los que se han puesto delante y los que no (los que no se han puesto delante). Adelante de un toro no se ha puesto nunca nadie. Pongamos por caso.

Ahora que en palacio tienen en plantilla hasta cómicos para hacerle los chistes al presidente quizá no hubiera sido dinero perdido del todo el empleado en contratar a un filólogo. O, al menos, a un ser humano que medio hable castellano. Por delante del cómico, que no adelante del cómico.

Aunque es correcto decir hacia adelante, resulta, amén de cacofónico, redundante. El adverbio adelante ya lleva dentro de sí la idea de movimiento. Adelante es siempre hacia. Pero delante es adverbio que indica posición relativa. Foto fija (sin movimiento alguno). Hacia delante es expresión más propia de conductores de autobuses atracados en la dársena que de líderes de mareas humanas. Utilizar la expresión hacia delante en el ámbito de las ideas es aberrante. Es expresión maleducada y propia de trincones de baja laya. Se escribe siempre contra alguien, o mejor dicho, se escribe para dar la espalda a alguien. Deja entrever el deseo de colocarse por delante a la hora de trincar. Pero no convoca a tarea alguna.

Extremadura en unas casos está delante y, en otros, detrás. En tasa de paro, por ejemplo está delante; un 22,51 por ciento. Y en tasa de paro juvenil también; un 47,06 por ciento. Y en tasa de paro femenino también; un 30,09 por ciento. Extremadura es la única región española donde más de la mitad de sus niños están en riesgo de pobreza. Más hacia delante no se puede ir. Salir adelante es otro asunto. Al que escogió lema tan desafortunado puede que le parezca lo mismo, pero no lo es.

Extremadura en otros casos está detrás. En renta per cápita, por ejemplo. Solo 18.174 euros por persona. Más a la cola no se puede estar. Salir adelante parece imposible (vistos los mimbres y vistos los últimos treinta años de gobiernos supuestamente autónomos). Esa es la foto fija a día de hoy de una tierra ajena a casi todo. Extremadura ve como los jóvenes huyen y como los viejos se mueren al sol de la despoblación. Aquí todo depende del dinero público, como en Cuba. Veintitrés de cada cien puestos de trabajo son para empleados públicos. El resto, en su mayor parte, son pensiones y otras prestaciones públicas. Y, en lo más bajo de la pirámide, un puñado de autónomos doblándose el lomo al albur de su mala suerte. Más hacia delante no se puede ir. Salir adelante es otro asunto.

Delante, detrás. A la cola, a la cabeza. Extremadura se escribe, desgraciadamente, con resignación. Sin tren al que subirse, ni diligencia de la que bajarse. Por febrero, matanza y por Monfragüe, buitres. Porque aquí, por no haber, no hay ni para fondos buitre. Delante es un adverbio que nos enfrenta a la contemplación de nuestro propio destino. Pero desde la parálisis. Nos reduce a la lágrima y a la nada. Hacia delante, escribió el cómico. Escribió como bien pudiera gritar el capitán de una balsa repleta de náufragos a punto de hundirse y solo cupiera escoger entre ahogarse delante o ahogarse detrás.

Treinta años de autonomía que no han servido para nada. Solo para seguir detrás en lo que convendría estar delante y para seguir delante en lo que convendría estar detrás. Treinta años y, a este ritmo, ni con trescientos años de autonomía dejaríamos de ser la región más atrasada de España. Extremadura se escribe, desgraciadamente, con resignación. Infinita resignación,... eso sí, al calor de la mamandurria de lo público. ¿Hacia delante? Así, no. Estar delante para dar la espalda a los demás,… mejor no. Estar delante para solo mirar nuestra propia ruina,… mejor no. En todo caso, adelante. Adelante, sí. ¡Adelante Extremadura!

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