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Desaparecidos

La búsqueda de alguien que se pierde es una tarea muy complicada, sobre todo si no quiere ser encontrado

 

Voluntarios de Cruz Roja y Protección Civil rastrean el antiguo ferial. - Foto:S. GARCIA

Voluntarios de Cruz Roja y Protección Civil rastrean el antiguo ferial.
28/08/2016

Todos hemos vivido, sufrido o conocemos historias de niños a los que sus padres pierden de vista por instantes que se convierten en siglos y la desesperación que se genera hasta que aparecen. El abatimiento y la angustia son indescriptibles y se paraliza todo alrededor por la incertidumbre de no poder saber qué ha ocurrido, dónde está y si aparecerá pronto y sano y salvo. Sólo si la historia acaba bien, se convierte en una anécdota que se revive en las conversaciones sobre sustos y travesuras.

Una desaparición siempre es terrible y para los seres queridos de los desaparecidos nunca serán suficientes todos los medios puestos a disposición de la búsqueda. Lo estamos viendo con la mujer de Monesterio, cuyos familiares no han cejado en el empeño de que Manuela tiene que ser encontrada y mientras eso no ocurra no perderán la esperanza.

Pronto se cumplen tres años de la desaparición de un hombre de 75 años en San Roque, cuyo cuerpo sin vida fue encontrado ocho días más tarde, después de haber movilizado un operativo de búsqueda por tierra, río y aire. Ocho días que debieron ser eternos para sus familiares, a quienes siempre quedará la duda de si podrían haber sumado más esfuerzos para encontrarlo. Tenía alzheimer y cada segundo era crucial en su búsqueda. Apareció muy lejos de donde se le vio por última vez. Es terrible pensar en todo lo que pudo sufrir esos días, sin ser consciente de dónde se encontraba. En aquel caso, la voz de alarma se dio el mismo día en que se le echó en falta y se inició el rastreo, que llegó incluso hasta su pueblo natal, por si algún recuerdo del pasado lo hubiese llevado hasta allí.

Ha habido otros casos con final feliz, en los que ha sido crucial la búsqueda casi inmediata y la rapidez en dar la voz de alarma. El año pasado, en junio, la Guardia Civil localizó a un hombre de 89 años que apenas llevaba doce horas desaparecido. El anciano se encontraba desfallecido y deshidratado. Su familia dio el aviso porque había salido de casa por la mañana a buscar higos entre Llera y la carretera de Valverde. Lo encontraron cerca de La Banasta. La rápida intervención fue crucial para tan alegre desenlace.

La búsqueda de alguien que se pierde es una tarea muy complicada, sobre todo si el que desaparece no quiere ser encontrado. Una mujer se marchó de su vivienda hace una semana. A las cuatro de la tarde, con la que estaba cayendo. Se fue con lo puesto, con la ropa de estar por casa, y llevaba unas medicinas en una bolsa. No era un ser anónimo, era madre, esposa, abuela, vecina y amiga. Esa noche no volvió y no estaba con ningún familiar. No era extraño pensar que algo le había ocurrido. Su estado de ánimo estaba por los suelos cuando tomó el camino de ida.

Su familia la buscó por donde pudo y supo. Denunció su desaparición a la mañana siguiente en la policía y hasta que no transcurrieron dos días desde que se había marchado no se organizó la primera batida para su búsqueda. Los medios de comunicación no fueron informados en el momento de la denuncia, a pesar de que su labor puede ser de gran ayuda a la hora de dar a conocer datos del desaparecido que conduzcan a alguna pista sobre su paradero, por si alguien lo ha visto. Fueron sus propios familiares los que dieron el aviso a través de las redes sociales. Protección Civil y Cruz Roja estaban pendientes de ser reclamados por la Policía Nacional y cuando este aviso se produjo, dos días después, el rastreo se inició de inmediato. Apenas tardaron media hora en encontrar su cuerpo, no muy lejos de su casa.