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En positivo

Día de Extremadura

 

El Día de Extremadura es fiesta porque no es laborable, pero fiesta, lo que se dice fiesta, no se ve demasiado más allá de Guadalupe. Naturalmente que todos somos extremeños y que cada uno le da un sentido a serlo, y cuando nos vemos fuera de Extremadura hasta nos damos un abrazo. Pero ser una comunidad debe suponer tener algunas señas de identidad que nos permitan sentir algo igual a todos, tener un motivo para caminar juntos sin tener que estar cuestionando al compañero de viaje y tener una visión de conjunto que nos alegra o nos duele lo que ocurre en la otra punta como si fuese a nosotros mismos.

Sin embargo, permanentemente estamos buscando motivos de división; el Norte contra el Sur, los de derechas contra los de izquierda, y los de Juan contra los de Pedro, los de pueblos contra los de ciudad, los de Mérida contra los de Badajoz, los de la Estación contra San Roque y todos contra todos. Aunque nos podemos unir con el contrario si tenemos un enemigo común. Nos unimos más contra algo que a favor de construir un proyecto conjunto.

Podemos identificar muchas causas, algunas de procedencias muy lejanas, causas históricas, sociales, geográficas, culturales,- pero creo que en la actualidad la principal fuente de fragmentación es la resignación en la pobreza y la escasez. Como si se asumiese que la riqueza es una cantidad fija a repartir. Cuantos menos seamos a más tocamos. Como si el objetivo de nuestros esfuerzos debería ser repartir la tarta, no crearla, y en el caso de nuestra región, la tarta está en el presupuesto público fijo. Y cuando el presupuesto no sube, sino que baja, la guerra se hace más dura.

Solo podremos recuperar, o adquirir, el sentido de región, si asumimos que juntos podemos hacer una tarta mayor fuera de lo público, y no solo discutir cómo nos repartimos el pastel. Necesitamos ver que nuestro futuro está en las muchas oportunidades que podemos crear si construimos un entorno mejor. Mientras que todo nuestro futuro lo fiemos a lo público, poco futuro tendremos, y la mejor manera de construir región es creando lo que no existe. El valor (o la riqueza) se genera cooperando y se reparte compitiendo.

Mientras todos nuestros esfuerzos estén concentrados en competir unos contra otros para repartirnos el pastel, el pastel cada vez será menor, y cada vez seremos menos. Nuestra identidad no puede estar en el pasado, sino en la confianza de un futuro por el que merece la pena ir juntos.