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Presidente de la Fundación CB

Emilio Vázquez: «Preocuparte por quien tienes al lado no es ideología, es una actitud ante la vida»

 

En unos días, el 26 de febrero, cumplirá tres años en la presidencia de la Fundación CB, heredera de la Obra Social de la que fue Caja Badajoz y ahora Ibercaja. Emilio Vázquez, undécimo de 12 hermanos, hijo de practicante, hombre de docencia, de pedagogía y humanismo, exdirector de la residencia Hernán Cortés, abonado a la idea romana de familia extensa, de su ciudad y sus vecinos, es un hombre implicado en el ámbito cultural e intelectual de Badajoz, con la que se identifica hasta discernir sus luces y sombras, reales y metafóricas. En esta entrevista repasa su labor y la de la institución que preside desde su sede, la residencia universitaria Rucab.

–Cumple tres años como presidente de la Fundación CB. ¿Qué destaca de este tiempo y con qué perspectivas ve el cuarto?

–Este acontecimiento me llegó cuando pasé a la jubilación. De golpe te llega una responsabilidad que por un lado te resulta extraña, pero por otro, la cultura y el ámbito social han sido una constante en mi vida. Es una aventura que me entusiasma. Poder hacer algo por mi ciudad, donde tengo muchos hermanos y una familia muy extensa, por sus ciudadanos, me llena a de satisfacción. Y sobre el futuro, gracias al patronato que me honro presidir, sus consejos van por la línea de hacer sostenible esta institución para que esa obra tan maravillosa que hicieron nuestros padres y abuelos continúe, por eso ha de ser sostenible.

–¿Estará al frente un segundo mandato? ¿De qué depende?

–Eso no lo puedo decir yo. Con cuatro años de haberme aguantado es suficiente. No soy de las persona que pretenden perpetuarse en los puestos. Hay que tener una vocación de servicio y cuando lo cumples... Mucha gente lo puede hacer mucho mejor que yo.

–¿Habrá sede nueva, o no?

–Hemos tratado de conseguir una sede digna para la importancia de la institución en la que estamos, pero unas veces porque el objetivo era esquivo y otras porque las circunstancias no aconsejan, hay que ser prudentes. No estamos para dispendios cuando tenemos un espacio tan juvenil y agradable como la Rucab. De todas formas, no olvidamos que debemos estar integrados en el tejido social y ciudadano, que las actividades que generamos deben disfrutarlas el mayor número posible de ciudadanos.

–¿Cómo vive la Fundación su independencia de Caja Badajoz, ahora Ibercaja? ¿Cómo cree que la percibe la sociedad?

–La sociedad debe saber que la caja ya no existe. Somos la obra que creó esa institución que tanto ayudó al desarrollo de nuestra tierra dejando un fondo con un fin, mejorar la vida de los ciudadanos, mediante actividades educativa, culturales y sociales. Seguimos los designios de quienes crearon la obra social y ese dinero, que se ha convertido en acciones de Ibercaja.

Caja Badajoz logró tener la red de educación especial más importante del país, o de las más importantes; ahora, por la crisis, no podemos hacer las grandes obras de antes, pero seguimos con la mentalidad de actuar e incidir, con nuestra situación económica adaptada, en ese mundo fundamental que es el de la discapacidad. En la educación seguimos vertidos en la universidad, que para nosotros es un auténtico reto. El futuro está en lo que hagamos con los jóvenes universitarios, de ahí las becas para que los que terminan tengan un primer trabajo. Y en cultura tratamos de hacer las cosas con cariño e ilusión, porque es la vida real de la sociedad. Todas sus manifestaciones son ventanas que se abren a la felicidad de las personas y cuantas más abramos, más personas se sentirán mejor.

–¿Qué se valora al decidir el destino de sus fondos?

–Lo principal, hacer todo lo que podamos en el campo de la discapacidad. También paliar, las tragedias de zonas de la ciudad y la provincia donde el riesgo de exclusión social se ve claramente, de ahí nuestra actuación en ciertas barriadas. Tenemos un acción intensa en la del Progreso, no solo los campamentos urbanos de verano para cuando se termina la escolaridad, que en algunos casos hay niños no pueden alimentarse, sino desde el punto de vista cultural y social. Hemos elegido esa porque era un foco muy llamativo, y aprovechando las sinergias de una iniciativa de desarrollo comunitario admirable.

Y está la cultura en general, ser plataforma para pintores, para escritores, recuperar ediciones fundamentales para la historia de la ciudad que están agotados, como el de Tirso Lozano. Esa es la línea: discapacidad, acción social y cultura.

–¿Caben nuevas iniciativas?

–Claro, la globalización cada vez nos ofrece más posibilidades. Nos atrae muchísimo la idea de eurociudad, y luchar por uno de los problemas más graves, la falta de comunicaciones. A todas las acciones en favor del tren estaremos abiertos. También a certámenes de robótica, de tecnología, generación de nuevos talentos. No somos una de las grandes funciones de nuestro país en cuanto a recursos, pero todo eso nos atrae y nos entusiasma.

–¿Puede mejorar la participación de la fundación en el banco?

–La gran figura de nuestro director general en el consejo de administración quizás sea la mejor aportación. Somos accionistas pequeños, no llegamos al 4%, pero nuestro interés es que cuanto mejor le vaya al banco, mejores beneficios tendremos. Tratamos de colaborar mucho y bien con nuestro banco hermano, que ahora es Ibercaja, una institución distinta, con otros planteamientos, con modelos de negocios muy modernos e interesantes para Badajoz. Es distinto pero viene a ayudar también al desarrollo social. Y nosotros, conocedores del territorio, podemos ayudar a su implantación.

–¿Cómo se relacionan con entidades con las que colabora?

–Por mandato del patronato queremos ir abandonando las instituciones a las que de manera ciega entregamos unas cantidades que se incluyen sus propios presupuestos y que teóricamente son para las actividades que proponemos. Queremos mantener la colaboración pero hacer las actividades conjuntamente. Nuestra ilusión es ayudar a que los ciudadanos estén cada vez mejor.

–La fundación aspira a una posición de vanguardia en el espacio de las fundaciones extremeñas. ¿Cómo lo plantean?

–Tenemos que estar donde haya mermas, injusticias y desigualdades que perjudiquen a los ciudadanos de nuestro entorno. Badajoz tiene un nivel de comunicación con el resto de España, no diría que del tercer mundo, pero está como cuando yo estudiaba en Salamanca. Nuestros productos están gravados con un plus porque no se dan las condiciones mínimas para ponerlos en el mercado. No se puede permitir que la región esté en la actual situación de comunicación, donde más paro y desigualdad hay. Para paliar esos efectos debemos estar ahí. No es ser más o menos progresista, la preocupación por el que tienes al lado no nace del progresismo ideológico, si no de una actitud ante la vida.

–¿Cómo ve el futuro de la fundación? ¿Está usted en él?

–Tengo la edad que me siento. Mientras tenga ganas, fuerzas e ilusión seguiré queriendo a la gente de mi ciudad. Me gusta mi ciudad, ese entorno familiar amplio. ¿Yo en la fundación? Mientras hago estas cosas soy muy feliz, pero hay mucha gente que lo puede hacer mucho mejor. Mi tiempo en la fundación termina en año y pico, pero la fundación tiene que seguir 200 años más, por eso la idea principal es la sostenibilidad; y por eso ninguno de los que estamos aquí cobramos.

–¿Siente el efecto de su labor?

–Tengo que agradecer el cariño que nos tiene la sociedad, creo que ha captado el espíritu de la fundación. Atenderemos a todos los lo que podamos, aunque el presupuesto es el que es. Tanto el director general como yo atendemos todas las peticiones conjuntamente, como los lápices que había antiguamente con una parte azul y otra roja, para contrastar los deseos con la realidad.

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