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LA ATALAYA

Epítetos (y XIV)

 

Fernando Valdés Fernando Valdés
11/01/2021

Es hora de concluir esta serie, que ha pretendido explicar novedades. A eso alude el título. Hace poco más de ocho décadas el arquitecto y gran investigador Leopoldo Torres Balbás, pasó por Badajoz y publicó un trabajo ya clásico, pero que, en comparación con su extensa obra, no figura entre los más floridos. La forma de hacer arqueología en los años treinta y cuarenta del siglo XX no era como la de hoy. Los especialistas se esforzaban por concordar los restos materiales con los textos. La investigación arqueológica, me refiero a la islámica, era un florero para adornar la interpretación textual. Se excavaba para confirmar teorías. Y el bueno de don Leopoldo era muy sabio, pero ni leía árabe, ni era muy diestro en la crítica histórica. Y, por cierto, nunca llegó a excavar en nuestra alcazaba. Así y todo, su estudio consagró el epíteto ‘almohade’ para todo su recinto. Hemos de respetarlo, a fuer de erróneo, por ser el primer paso y los medios y las circunstancias eran las que eran. Hoy sabemos que no toda la acrópolis batalyusí puede atribuirse a la dinastía africana, aunque hay una parte muy importante que sí. Ahora sabemos más y poseemos más elementos de juicio y de comparación. Hemos podido aquilatar el sentido de los textos. Y, lo que es más importante, se han ejecutado trabajos de campo, con métodos actualizados, que han permitido alcanzar conclusiones independientes de las exclusivas historiográficas.
La alcazaba de Badajoz se levantó a lo largo de un dilatado proceso histórico, que no acabó con los árabes, en 1230. Y sufrió, como mínimo, tres grandes campañas de ampliación durante el dominio de los califas Unitarios. En la última se erigió la torre de la Atalaya -la de la campanita-. Ahora ya no se puede hablar del conjunto amurallado invocando solo el testimonio del eminente especialista aludido más arriba. Habrá que mencionar la existencia de tres fases almohades. Y si alguien no cree convincentes los razonamientos, debiera dar una explicación a su negacionismo. Por ahora estamos así. Si estudiamos correctamente el monumento y no nos limitamos a usarlo como negocio. Quizás podamos ampliar nuestros conocimientos, y explicarlos. Pero, por ahora, esto es lo que hay.