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JUICIO CON JURADO POR EL CRIMEN DE CERRO DE REYES EN LA AUDIENCIA PROVINCIAL

Hijo de la víctima: «Me dicen, ven que tu padre está harto de plomo en el suelo»

Una testigo declara que vio a los acusados en un coche «alardeando de que habían matado a uno». «Los vecinos nos contaron que lo mataron a tiros y a palos, como a un perro», manifiesta la nuera

 

Me llaman a casa y me dicen ven para acá que tu padre está harto de plomo en el suelo». Así se enteró de la muerte de su padre el 2 de abril de 2017 Carlos C. hijo de Eugenio G. R., víctima del crimen del Cerro de Reyes, según declaró el juicio con jurado que se sigue en la Audiencia contra los acusados Marcos A. M. S. y Luis F. R. R. T..

Manifestó que su padre le había contado su enfrentamiento con Marcos, a quien disparó desde la calle y éste le respondió con un tiro de escopeta. Carlos C. negó haberle visto armas a su padre ni el bastón con el que efectuó los disparos, «no sé ni cómo es», dijo. Y admitió que «nos dijeron que con los otros dos iba un tal Gabri».

A preguntas de la defensa de Luis. F., contó que había visitado a su padre en la cárcel «desde pequeño, con mi abuela», aunque no llevara su apellido. Y que la gente, «¿quizás porque estuvo en prisión por un homicidio?», según el letrado De Vallejo, «le tenía miedo».

Judith, nuera de Eugenio, manifestó que «unos vecinos nos dijeron que lo habían matado; fuimos al sitio y vimos a mi suegro tirado en el suelo, y a la policía. Nos dijeron que habían sido estos dos -señalando a los acusados-, que lo mataron a tiros y a palos, como a un perro». Y «los vieron montar en un coche. Eran dos varones, que llevaban una pistola y un palo, y dos hembras, una con una escopeta».

Desconocía, dijo, si llevaba un bastón cuando salió ese día. Y el día antes, «mi marido me dijo que a su padre le habían dado un perdigonazo y él también disparó».

Un testigo protegido declaró por videoconferencia, desde la Sección Segunda de la misma Audiencia, que estaba tomando un café en un bar y escuchó «como dos disparos, a 50 o 60 metros». Y que «vi a una persona tendida en el asfalto, a otras dos corriendo hacia el otro lado de la calle, y enseguida llegó la policía».

DOS VARONES EN CHÁNDAL / Seguidamente indicó que «eran dos varones en chándal y una mujer --no pudo precisar si una o dos--, en bata; uno con un palo y otro con una pistola». Poco después añadió que «una mujer tiró un palo a un jardín». Luego dudó si uno de los hombres llevaba una escopeta.

Este testigo se marchó, pues vive en otra zona de la ciudad y fue días después cuando lo llamó la policía «y me interrogaron».

También contó que vio llegar «un vehículo Opel, gris, en el que entraron dos niños y se fue«. Cuando uno de los defensores le preguntó si estaba seguro al cien por cien de que una mujer llevaba un palo, dijo «no». Y cuando el otro letrado de la defensa le preguntó si reconocía con seguridad a Luis F., también dijo que «no».

Otro testigo, Francisco J. M., vecino del barrio y que estuvo en prisión con Eugenio, contó que al salir de su casa se lo encontró en el suelo «y fui a socorrerlo. Le pregunté si lo habían atropellado, pero agonizaba. La policía llegó enseguida pero los sanitarios tardaron». Y añadió que «me fui a casa muy impactado, me tomé dos valium y me acosté, estaba en shock».

«VAMOS CARGADOS» / Antonia D., que vive en Suerte de Saavedra, contó que tras recibir la llamada de un familiar avisándola de la muerte de Eugenio, desde el balcón de su casa vio a los dos acusados» en un coche, alardeando de haber matado a uno, y llevándose las manos a la cabeza».

Reconoció a los acusados, «uno en el asiento del conductor y el otro al lado», pero no pudo ver a una tercera persona «que iba detrás». Cuando se marchaban «les dijeron tened cuidado y ellos respondieron que tengan cuidado ellos, que vamos cargados».

Esta mujer se negó a dar nombres de vecinos con los que hablaron los acusados; dijo que los conocía de vista pero no sabía cómo se llaman. El letrado de Marcos pidió amparo al presidente de la sala para que contestara, y la mujer respondió que «no sé los nombres ni voy a averiguarlo».

José G. hermano de Eugenio, se enteró de su muerte por los vecinos. Declaró que nunca le vio armas ni el tubo metálico con el que disparó. Y admitió que un abogado le propuso una indemnización por la muerte de su hermano.

Lidia R., esposa de Marcos cuando ocurrieron los hechos y hermana de Luis F., declaró, a preguntas del fiscal, sobre el tiroteo del día anterior, que Eugenio disparó a Marcos que estaba en una ventana y éste le respondió con un tiro de escopeta. Sobre el día 2, contó que «vi llegar al Negro y corrí con mis hijos y hermana dentro de la casa. Oí un disparo y mi hermano cayó; mi hermana lo ayudó a entrar en casa y Marcos se quedó en la calle».

MARCOS NO ENTRÓ Y LUIS NO SALIÓ / Luego escucho dos tiros «y pensé que ‘El Negro’ había matado a Marcos, pero no salimos, nos pusimos a llorar y nadie salió de la casa». Y negó saber nada del palo, «no sé de quién era»; ni de la escopeta, «en mi casa no estaba».

Su hermana Pilar R pidió acogerse al derecho a no declarar, por lo que el presidente de la Sala le explicó que ese derecho no es de los testigos, sino de los acusados, y que tenía obligación de decir la verdad, si bien, como hermana de Luis F., podía no responder a preguntas que pudieran perjudicarlo. El letrado Duarte le preguntó si esa advertencia se la hicieron cuando declaró por primera vez y dijo que no.

Fue ella quien ayudó a Luis F. a entrar en la casa y lo curó tras recibir el disparo, y quien llamó a la policía avisando del tiroteo y de que había un herido, «pero a día de hoy nadie ha venido a nuestra a casa», dijo. Contó que Eugenio le puso el día antes un arma en la sien y «me dijo que me iba a quitar de en medio». Y que el día de autos, Marcos no entró en la casa después del tiroteo, ni Luis F. salió,

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