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El chinero

Mendigos de información

Demasiadas veces ocurre esta falta de respeto hacia el informador y hacia el ciudadano, que tiene derecho a estar informado

 

El alcalde, rodeado de medios de comunicación. - Foto:EL PERIODICO

Cuántos de ustedes habrán criticado la forma de proceder de esos periodistas que pasan horas haciendo guardia en estaciones del Ave o aeropuertos para arrancar tres palabras --como mucho-- o un mal gesto al famoso de turno y habrá tildado a estos voluntariosos profesionales de "prensa carroñera", por intentar cumplir con el trabajo que sus jefes les asignan, que es dar cobertura a la información que el oyente o el televidente demanda. Es verdad que esos famosos de ida y vuelta no están obligados a hacer declaraciones, ni a atender a la prensa, ni a contar su vida y milagros y son dueños de su privacidad y de sus idas y venidas, a pesar de lo cual hay espectadores ávidos de conocer todos los detalles, sean cuales sean, y ese trabajo lo tiene que hacer alguien, posiblemente en unas condiciones laborales cuestionables.

Los que sí están obligados a rendir cuentas al ciudadano son los representantes públicos. Los medios de comunicación son la conexión con quienes los han votado y los mantienen en sus puestos, un papel que a veces olvidan y no siempre respetan. En más de una ocasión los periodistas somos convocados a reuniones entre políticos, a encuentros protocolarios o a visitas de ministros que por el mero hecho de celebrarse ya se prevén importantes, pero a las que textualmente citan sólo a los medios gráficos, anunciando así que no habrá declaraciones. Esto es, que no van a informar a la ciudadanía del motivo de su reunión o de su visita, a pesar de que previamente sí han querido hacer público que este encuentro iba a producirse.

Es entonces cuando el informador vocacional y responsable, el que quiere hacer su trabajo lo mejor posible, se aposta en el quicio aguardando con paciencia a los convocantes para abordarles a la salida e intentar sonsacarles con súplicas lo que ellos quieran decir. Son mendigos de la información. Porque esos representantes públicos no se sienten obligados a informar al ciudadano de sus actividades, a pesar de que han sido ellos los que han querido que trascienda la imagen --sólo para salir en la foto-- de que se reúnen y por lo tanto de que están haciendo sus deberes. Un sinsentido. Demasiadas veces ocurre esta falta de respeto hacia el informador y hacia el ciudadano, que tiene derecho a estar informado. Porque si la cita es privada, que no convoquen a la prensa. Y si no lo es, deben explicar si ha servido para algo.

Mañana se reúne en el Ayuntamiento de Badajoz una comisión extraordinaria convocada por el alcalde para determinar el cumplimiento del contrato de limpieza por parte de la concesionaria, FCC, un asunto que está dando mucho que hablar las últimas semanas y sobre el que se han vertido demasiadas dudas. El grupo municipal de Ciudadanos pidió que sea una convocatoria abierta, a la que tengan acceso los medios de comunicación, una opción que no debería ser extraordinaria. El alcalde no tenía muy claro si lo permitiría. El motivo que esgrimió era que los profesionales que van a comparecer (el jefe de servicio del ayuntamiento que tiene que fiscalizar que se cumple el contrato y el gerente de la empresa que lo gestiona) no tenían por qué someterse a "un espectáculo de tercer grado", porque a quienes tienen que dar cuenta es a los concejales. Con este proceder, la información llegaría al ciudadano tamizada por valoraciones políticas. Al tercer grado los tienen que someter sus señorías, que para eso están ahí; el papel de los medios de comunicación es tomar nota de lo que allí se diga para informar a los ciudadanos, que para eso están, sin tener que mendigar a unos y a otros su parecer. Finalmente, en aras a la transparencia, el alcalde ha accedido a que los periodistas puedan seguir en directo la sesión, si bien lo harán en la sala de prensa, para que su presencia no cohíba a los comparecientes. Parece que nos vamos entendiendo. Los políticos y los ciudadanos.