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la atalaya

Muros

Fernando Valdés Fernando Valdés
05/11/2018

 

El amor lleva a exagerar, cuando de referirse a la patria chica se trata. Alguna vez lo he comentado. Hay quien cree que la Alcazaba de Badajoz es importante por su extensión. Y no es así. Eso es lo de menos. También de Ávila se habla como de la ciudad mejor amurallada del mundo. Todo eso da risa, y ternura. Las murallas medievales de Badajoz –y las de la capital castellana- son imponentes, qué duda cabe. Pero, aunque cada uno de esos casos sea digno de mención en su contexto, no tienen punto de comparación ni en tamaño, ni en antigüedad, ni en tipología con las de Estambul, con las de la antigua Constantinopla. Cada vez que las contemplo me impresionan más. No son lo menos asombroso de esa asombrosa ciudad. Y es que esa cerca viene a ser como la madre de todas las murallas. La mayor parte fue finalizada por Teodosio II, en 427 y, luego, hacia la segunda mitad del siglo XII, reformada y ampliada en su ángulo NE. Hace unos años tuve la oportunidad de recorrer con detenimiento sus 6 km largos y describirla torre a torre, puerta a puerta, y lienzo a lienzo. Conociéndola de cerca uno puede percibir por qué nadie consiguió cruzarla violentamente hasta que lo hicieron las tropas del sultán otomano Mehmet II la noche del 29 al 30 de mayo de 1453. Y eso porque alguien se dejó una puerta abierta. Pocas defensas urbanas en el mundo están dotadas de un parapeto, un foso húmedo, un antemuro –tan elevado como el principal de la mayoría de las ciudades medievales europeas- y un muro. Imagínense que todas las torres de aquí tuvieran la altura de la de la Atalaya. Pues así. Y no exagero.

Las defensas de la antigua capital del Imperio Romano de Oriente tienen, aún hoy y a pesar de que algunos lienzos están casi arruinados, torres de todas las formas posibles. Abundan las poligonales como la nuestra, con grandes cámaras a la altura del adarve. Alguna de ellas fue una iglesia, con todas las de la Ley. No un humilladero. Si alguna vez visitan Estambul, repetir es muy aconsejable, apártense de los circuitos habituales y visiten al menos unos cuantos metros. Verán como se les abren los ojos. Nuestra alcazaba no es desdeñable, pero grande, del verbo grande… Y lo de Ávila, pues eso.

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