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Pokémon

"Mi interés por el pokémon solo puede ser delictivo, es decir, acabar con él"

 

Juan Manuel Cardoso Juan Manuel Cardoso
16/08/2016

TNto tengo ni la menor idea del videojuego Pokémon Go. Es más, cuando me he puesto a investigar sobre el tema, me ha entrado una pereza de puente de agosto poniéndoseme el cuerpo como si me hubiera tomado quince gazpachos, un táper de filetes empanados y cuatro kilos de sandías. Debo añadir que odio, pero con un odio enfermizo, cavernícola, sobrenatural e indescriptible a pokémon, y lo odio desde aquel día cuando lleve a mi sobrino pequeño, hace ya tanto tiempo de aquello, a ver una película sobre el susodicho sujeto. Fue en los antiguos cines Puente Real, ¡qué tiempos aquellos!, y aún no he podido olvidar la experiencia de haber sufrido esa tarde la experiencia cinematográfica más terrorífica que mi memoria recuerda. Me sentaron mal hasta la coca cola y las palomitas que me metí para el cuerpo y, lo peor de todo, es que al tío, o sea, a mi sobrino, le encantó la peli, algo que mi sentido común no podía comprender.

Más de veinticinco años más tarde, como comprenderán, mi interés por el pokémon solo puede ser delictivo, es decir, acabar con él. Y cuando el otro día, para probar, para adentrarme en su desconocido mundo, para estar al día de la noticia, me descargué la jodida aplicación en el teléfono móvil, descubrí que en el salón de mi casa había uno. Allí estaba, sonriente, desafiante, como con ganas de comisaría, y una cosa es compartir casa con Bartolín, que ya es suficiente, que ya tiene su trabajo y que es cansino a más no poder, y otra tener sentado a mi lado en el sofá al pokémon demoníaco que pide a gritos la aniquilación.

El problema fue cuando salí a la calle y encontré otro en el Carrefour, otro más en la cola del burguer, uno más en Puerta Palmas, no sé yo si queriendo subir a las torres, uno más feo que un pie junto al extinto cubo, tal vez haciendo algún tipo de ceremonia, otro más desayunando en el Dadá, vi a otro en la estación, igual iba a coger un tren y, pásmense, había uno más en el ayuntamiento. Si alguien no lo remedia, lo tenemos interviniendo en el próximo pleno.