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blog de la calle

A propósito de un conserje

MANUEL GARCÍA TORRADO (director del CEIP Arias Montano)
12/09/2017

 

Los tiempos cambian que es una barbaridad», dice don Hilarión en la famosa zarzuela La verbena de la paloma. Razón no le faltaba. Más de actualidad no puede estar la frase, en esta vorágine de cambios sociales en la que nos hayamos inmersos. Y lo que nos queda por conocer. Lo que hoy se considera de lo más normal en nuestra sociedad, hace unos años -no muchos- habría resultado impensable de imaginar. Hoy hablamos de conciliación de la vida familiar y laboral, de renta básica, de ayudas a la dependencia, de la necesidad de un tren digno que nos lleve a Madrid en poco más de dos horas, de transparencia en las instituciones democráticas y de mil cosas más.

Aterrizando en materia educativa, desde hace un tiempo a esta parte hemos comenzado a hablar de aulas matinales, comedores escolares -pero no para el alumnado que vive en el campo y va y viene todos los días como era antes, sino para el alumnado cuyos dos progenitores trabajan y su horario laboral no coincide con el escolar-, de pizarras digitales, de gratuidad de libros de texto, de actividades formativas complementarias en horario de tarde, de inteligencia emocional, de robótica… Un sinfín de términos nuevos que hace un par de décadas eran impensables.

Los tiempos cambian y los ciudadanos exigen servicios en función de los cambios sociales que se van produciendo. Es algo que, a todas luces, parece lógico. Unos cuesta más conseguirlos, otros menos, pero poco a poco, dichos servicios se van adecuando al ritmo de los nuevos tiempos.

Hay, en cambio, otros usos y costumbres que han ido desapareciendo en el ámbito educativo con el paso del tiempo: la lista de los reyes godos, la memorización pura y dura del temario, las clases por la tarde -al menos, aquí, en Extremadura-, el uso y abuso de la palmeta, las clases de permanencia -que recordarán los que ya hemos pasado de los cincuenta- y un largo etc. Pero también hay cosas que se mantienen en el tiempo: los maestros-as, los libros en papel -aunque no sabemos por cuánto tiempo-, los deberes -a debate en la actualidad- y los conserjes en los centros educativos. Porque sí, hubo y hay conserjes en los centros educativos. Son una realidad: en todos los centros públicos de Secundaria y en muchos centros públicos de Infantil y Primaria de nuestra región existe la figura del conserje. Y realiza una labor esencial de apoyo al buen funcionamiento de los centros, cuyas funciones sería prolijo enumerar aquí, pero que pueden estar en la mente de cualquiera.

Luego, si existen y, sobre todo, si en la etapa Secundaria no se discute su presencia en los institutos -en los que podemos encontrar desde dos hasta cuatro conserjes dependiendo del tamaño y del horario del centro-, será porque son necesarios. No parece razonable que la Administración Educativa esté pagando alegremente unos sueldos que podría evitarse si no hubiese necesidad de ellos, y más en los tiempos de crisis y recortes que corren, que se aprovecha cualquier circunstancia para meter la tijera en cuestión de personal.

Pues si son necesarios en la etapa Secundaria -con sus características particulares en lo tocante a alumnado, profesorado y estructura académica-, a ver quién puede esgrimir argumentos lo suficientemente sólidos y de peso para demostrar que en la etapa de Infantil y Primaria -también con sus características e idiosincrasia particulares- no son necesarios. Es más, a ver quién y cómo se explica que en un centro de Secundaria de gran envergadura en cuanto a alumnado existan cuatro conserjes -y más- y en uno similar de Infantil y Primaria se nos quite al único del que disponíamos.

Esto es exactamente lo que está ocurriendo en el CEIP Arias Montano de Badajoz, que con 700 alumnos-as, se nos pretende imponer que nos «apañemos» sin la única conserje que teníamos -porque de personal de administración tampoco disponemos, por supuesto-. ¿No se limitará todo a una cuestión de competencias en materia de conserjes? ¿No será que quien tiene la competencia de dotar de conserjes a los centros de Secundaria no es la misma institución que a la que le corresponde dotar de dicha figura a los centros de Infantil y Primaria? Va a ser eso: una cuestión de competencias en materia de personal no docente y, concretamente, en materia de conserjes.

Al margen de quien tenga la competencia en este tipo de personal, la realidad, tozuda, nos dice que su figura es necesaria en los centros educativos, y que ni el profesorado, ni el alumnado, ni sus familias debemos entender de competencias de distintas Administraciones Públicas. Las comunidades educativas de los centros públicos de Infantil y Primaria sólo entendemos que necesitamos la presencia de un conserje que realice unas funciones que son indispensables para ofrecer una atención y unos servicios de calidad. Y por eso demandamos y exigimos que así sea. ¿Parece una reivindicación justa, no? Y no parecen válidos los argumentos, por falaces, de que la figura del conserje desaparece porque, como total ya sólo quedaban tres centros en la ciudad de Badajoz con conserje, pues no podían continuar con ese privilegio. ¿Y no sería más lógico y de más altura de miras dar la vuelta al argumento y decir que, como sólo quedaban conserjes en tres colegios públicos, se ha pensado ir dotando paulatinamente al resto de centros de esa figura priorizando su dotación en función de sus necesidades, características y volumen de alumnado? Parecería coherente que así fuera. Se vislumbraría una cierta sensibilidad por la defensa de la enseñanza pública de nuestra ciudad en materia de recursos personales para los colegios. Nunca es tarde para rectificar. No perdamos la esperanza.

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